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Gabriel Sanz

Opinión

El discreto encanto del "centro"

Archivo. Pedro Sánchez, Soraya Sáenz de Santamaría y Albert Rivera, en un debate electoral.
Archivo. Pedro Sánchez, Soraya Sáenz de Santamaría y Albert Rivera, en un debate electoral.

El "centro", así dicho, es un invento de Adolfo Suárez para sacudirse su origen franquista que los españoles le compraron en las primeras elecciones de 1977 porque no querían volver a las andadas y desde entonces determina todo en nuestra política. Que se lo digan a Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy.

Ese algo mágico ha hecho ricos a Pedro Arriola y otros tantos gurús demoscópicos. Hasta no llevar al "centro" a sus apadrinados, estos no llegaron a la Moncloa; y seguro que si les preguntas décadas después, unos y otros siguen sin saber decir ni cuándo ni cómo llegaron, pero sí que le costó una pasta al partido. Saben también que al alcanzar la "centralidad del tablero" esa que tantas crónicas nos ha salvado a los periodistas, los sondeos te ubican cerca del 5. Ni frío ni calor.

Lo sorprendente es que un tipo, Albert Rivera, que empezó hace diez años con una mano delante y otra detrás en Cataluña, sin partido, y se hizo hueco en Madrid en 2015 a codazos, ande ya amenazando 40 años de bipartidismo PP/PSOE solo porque se le ha puesto cara de "centro". Declamaba este lunes Fernando Martínez Maíllo con los brazos extendidos como si estuviera en el Teatro María Guerrero: "¡Qué mal tienen que estar para coger nuestros candidatos!"... No, Fernando, se van ellos del PP porque huelen que "el centro" ya no es tu jefe... Ni el del PSOE.

En Génova pensaban que la corrupción no iba a pasar factura y yo creo que no es exactamente así: no pasaba factura porque no había cobrador del Frac al otro lado. A Alfredo Pérez Rubalcaba siempre le quedó grande la prenda y Pedro Sánchez, a quien le sobra percha para lucirlo como un guante, no lo lleva porque a La Internacional le sienta mejor el jersey rojo. Total, que al tal Rivera que apareció de frac en los Premios Goya, dice la encuesta de Metroscopia para El País que le sienta muy bien... que se lo deje. 

Pero un año y medio de legislatura es mucho tiempo sin quitase el frac. El discreto encanto del líder naranja hoy puede acabar siendo como el de la burguesía que retrató Luis Buñuel. Pura fachada si la gente acaba percibiendo que el personaje es como aquellos seis, entre ellos el gran Fernando Rey, que no decían nada interesante aunque nunca perdían la sonrisa y que solo querían comer correctamente... Como buenos burgueses. 



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