Una criatura de las Nuevas Generaciones del PP, una de esas que apuntan las maneras de lo peor de la política, esa que viene acompañada del desparpajo y ausencia del sentido de la oportunidad, acaba de calificar a Isabel Díaz Ayuso como lo malo conocido. Tal cual. Esta política en ciernes -¡y nos quejamos de quienes nos gobiernan sin reparar en los que nos van a gobernar- es la presidenta nacional de las Nuevas Generaciones. La promesa se llama Beatriz Fanjul, y ya ocupa un escaño en las Cortes Generales por la circunscripción de Vizcaya. Con casi 30 años y sin terminar la carrera de Administración y Dirección de Empresas, que eso asegura la Wikipedia, se declara aficionada al ajedrez. Menos mal. Piensa uno que sería un milagro que se decantara por la lectura. Sea como fuere, el caso es que ya está sentada en un escaño, un lugar privilegiado para saber mucho y bien de lo malo conocido y de lo bueno por conocer. El ridículo es en España un buen salvoconducto para sobresalir en política. Lo peor no es que su metedura de pata se haya hecho viral, o se haya convertido en Camel trofi (gracias Manolo Lama por el hallazgo), lo inaudito es que lo dijera en un mitin, a pocas horas del día de los votos.

Cachorros políticos

La joven hablaba desde un atril en el que estaba colocada la palabra clave de la campaña del PP, libertad. Y enseguida pensé en la forma en que maltratamos las palabras y en la sospechosa manera en que las colocamos cuando las sacamos a pasear. Libertad, criatura, para la estulticia y la sandez. Suele pasar con estos nuevos cachorros de los partidos, seres ágrafos, agramaticales y sin lecturas, pero dispuestos a improvisar cada vez que tienen un micrófono para un público favorable y lanar. Muchas veces me sorprendo a mí mismo ante la falta de consideración por aquellos que se sientan en una silla y aplauden lo que les echen, da igual una mentira a medias que entera, una exageración, un dato torcido y desviado. Literalmente lo que les echen de comer.

Me cuentan que la joven del PP improvisó su discurso. Es una pena que no haya habido nadie hasta ahora que le haya recordado que las mejores improvisaciones son las que están escritas. ¿Alguna perla más de Fanjul? Ahí van: Ayuso es Lady Madrid; es una mujer con mayúsculas; no hace falta experimentar más. O sea, que la criatura no sólo califica a su candidatura de lo malo conocido, sino que además la coloca a la altura de un experimento. ¡Cuántas tardes de gloria nos va dar esta promesa de la derecha española! Si los partidos esconden en sus correspondientes ramas juveniles semejantes mandrias, qué derecho tenemos a imaginar que cuando crezcan sean otra cosa que eso, mandrias, pero aún mayores.

La presidenta de la rama juvenil del PP tiene 29 años, y ahí sigue y seguirá un tiempo, alimentando a las nuevas generaciones de un partido que se debate entre un presidente voluntarioso pero menguante y una lideresa madrileña muy astuta que amenaza con romper de inmediato las costuras que le marcan en la Puerta del Sol. Madrid se le ha quedado pequeño. O eso le dicen al oído.

Lo bueno por conocer

Ángel Gabilondo tiene 72 años, y hasta hace dos semanas era persona respetada incluso por ciudadanos que nunca le iban a votar. Tenía un patrimonio político valiosísimo que ha dilapidado en quince días de balbuceos, meteduras de pata y rectificaciones. Y es una pena, porque España es un país que anda corto de políticos que, se les vote o no, merezcan respeto y sean y tomados en serio. ¿Por qué Gabilondo ha gastado semejante capital? Quizá ni él lo sepa en este momento. En caliente la verdad es siempre evanescente.

Estos días, cuando lo he visto situarse entre la duda y la soflama, entre la consigna ajena y eso de “con este Pablo no” y el posterior “Pablo nos quedan doce días para ganar”, sentía la misma vergüenza ajena que cuando en 1982 vi al muy serio y circunspecto Landelino Lavilla bailar un pasodoble con una simpatizante. El baile, claro está, si sirvió para algo, fue para hundir aún más la pobre UCD de 1982.

Que un partido que lleva 26 años en Madrid sin poder gobernar te diga que son lo bueno por conocer es como para que te ahorres cualquier reflexión en días como hoy

Gabilondo ha querido sacar petróleo de la pifia de la diputada Fanjul y, falto de recursos para el mitin y la improvisación, nos ha dejado dicho que ellos son lo bueno por conocer. Que un partido que lleva 26 años en Madrid sin poder gobernar te diga que son lo bueno por conocer es como para que te ahorres cualquier reflexión en días como hoy. No, no señor Gabilondo, no son lo bueno por conocer. Ni en Madrid ni en España. Quien a estas alturas no les conozca que lea el último libro de Joaquín Leguina, el último y único presidente que el PSOE, “auténtico”, ha tenido en la Comunidad de Madrid: Pedro Sánchez, historia de una ambición. Espasa, 2021 . Y por cierto y ya que estamos, pregunten a Google qué es lo que el único presidente que ha tenido el PSOE va a votar. Ahí lo dejo, que dicen en algunos anuncios de la radio.

El pueblo nunca se equivoca

Y ya puestos, les quiero hablar de otro libro muy distinto al de Leguina. Antes de empezar a leer Tomas Nevinson, la última novela de Javier Marías, he vuelto a Berta Isla, la penúltima. Hay en esta muchas, infinitas reflexiones de la cambiante condición humana, y hay también otras tantas de los hombres tomados en conjunto, incluso cuando ese conjunto merece a duras penas el nombre de pueblo. El comportamiento del pueblo sí que está lleno de matices y sorpresas cambiantes, pocas perdurables, ninguna inocente. En las derrotas siempre busca un chivo expiatorio que no sea él, el mismo pueblo: "El pueblo, que a menudo es vil y cobarde e insensato, nunca se atreven los políticos a criticarlo, nunca lo riñen ni le afean su conducta, sino que invariablemente lo ensalzan, cuando poco suele tener de ensalzable, el de ningún sitio". Marías se pregunta sobre la responsabilidad del pueblo, la que tuvo en el franquismo en España, el fascismo en Italia, el nazismo en Alemania, el estalinismo en Rusia: "Ninguna, nunca: siempre resulta ser víctima y jamás es castigado (naturalmente no va castigarse a sí mismo; de sí mismo se compadece y apiada)".

Fascistas por las calles

Esta tarde, o esta noche más bien, cuando hayan cerrado los colegios electorales y la suerte esté echada, recordaré a Serrat una vez más: "Se acabó/ el sol nos dice que llegó el final/ Por una noche se olvidó / Que cada uno es cada cual/ Vamos bajando la cuesta/ Que arriba en mi calle/ Se acabó la siesta". Y notaremos enseguida que la libertad de mañana miércoles es la misma, ni más ni menos, que la que teníamos el lunes, que los fascistas no llenan las calles de Madrid, y que los comunistas que quedan caben todos juntos en el Gobierno de España.

Cuando el reloj dé las ocho, suceda lo que suceda, nada nos sorprenderá. Sabemos quiénes son. De sobra conocemos lo malo y lo bueno que está por venir, que no por catar. Como pueblo seguiremos siendo una víctima sin responsabilidad que nunca se equivoca, seguro y altanero porque, aunque lo disimula bien, sabe que lo malo conocido es exactamente igual a lo bueno por conocer. Habla pueblo, habla hasta quedarte sin voz. Así hasta que pronto nos vuelvan a convocar. Lo llaman democracia, pero es otra cosa que hoy, precisamente hoy, no debemos nombrar. Y probablemente conocer.