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Opinión

La masonería y los ‘pagliacci’

La Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas han pactado que ningún masón forme parte de su gobierno, una patochada que demuestra que la libertad y los derechos humanos no son definitivos ni irreversibles

El líder del Movimiento 5 Estrellas (M5S), Luigi Di Magio
El líder del Movimiento 5 Estrellas (M5S), Luigi Di Magio

El acuerdo para formar nuevo gobierno en Italia prohíbe expresamente que cualquiera que sea masón forme parte del Ejecutivo. Hay que decir que ese acuerdo lo forman dos partidos: la Liga Norte, que es la extrema derecha separatista antieuropea, racista y xenófoba, y el Movimiento Cinco Estrellas (hay una cerveza que tiene el mismo reclamo publicitario), al que muy a duras penas podríamos llamar izquierda porque es populismo antisistema puro y duro. Es como si para presidir la Real Federación Española de Fútbol se ponen de acuerdo los Ultras Sur y los Boixos Nois. ¿Y quién ha sido el cura y el casamentero en este matrimonio, el muñidor de este gobierno de burla? Pues Silvio Berlusconi, masón renegado.

En Italia no se veía una medida como esta desde Mussolini. Los masones y masonas italianos, que son unos 300.000, han puesto el grito en el cielo y han pedido la protección del presidente de la República, el viejo jurista y profesor Sergio Mattarella, porque consideran que lo que pretenden los nuevos pagliacci del gobierno es anticonstitucional. Lo es. No es probable que dure la patochada. Pero quiere decir muchas cosas. (Por cierto: Pagliacci es una espléndida y breve ópera de Leoncavallo que en español se llama Payasos).

El acuerdo de gobierno entre la Liga y 5 Estrellas es como si para presidir la Real Federación Española de Fútbol se ponen de acuerdo los Ultras Sur y los Boixos Nois"

Miren ustedes, hay algunas instituciones y principios que son algo así como barómetros de la democracia. Son, por ejemplo, la libertad de Prensa, el laicismo, la enseñanza pública, la independencia de los jueces, el trato hacia las personas homosexuales y unas cuantas más. Allí donde todo eso funciona bien, la democracia es saludable. Donde (o cuando) retrocede o está en peligro, es la democracia es la que se ha puesto enferma o está siendo agredida.

Uno de esos barómetros es la Masonería. La vieja fraternidad de seres humanos libres solo puede trabajar si hay democracia. Ha sido perseguida por todas las tiranías de la historia moderna: desde Hitler, Franco y Mussolini hasta todas las dictaduras comunistas, todas las teocracias islamistas, la inmensa mayoría de los reyes absolutos desde el XVIII hasta ahora, y todos los papas desde Clemente XII. Los antiguos albañiles y arquitectos del medievo se transformaron, en la Inglaterra del XVII, en constructores de personas libres que se reunían para ponerse de acuerdo por encima de sus creencias religiosas o de sus ideas políticas. Como es lógico, se reunían en secreto: no hay nada más peligroso para un tirano que la reunión de los librepensadores, porque suelen cuestionar las verdades oficiales y los dogmas.

De ahí vienen todas las persecuciones contra la Masonería a lo largo de la historia: de quienes quieren controlar la vida y el pensamiento de los demás. Y quien controla el pensamiento de los otros prefiere que estos sean, en la medida de lo posible, ignorantes, porque son más fáciles de manejar. Y si es posible fanáticos, porque te hacen el trabajo sucio.

España es el país que ha sufrido, en proporción a su población, la más larga, despiadada y espeluznante persecución contra la Masonería en toda la historia. Los masones estaban entre las obsesiones personales del dictador Franco (quien muy probablemente intentó hacerse masón y no se lo permitieron) y desató contra ellos la campaña de descrédito más feroz de cuantas hizo organizar en su vida, y fueron bastantes. Hizo matar, según el Archivo de Salamanca, a más de 15.000 personas acusadas de ser masones, y represalió a otras 80.000; y eso que en España, al comienzo de la guerra civil, no había más de 6.000 personas afiliadas a las logias. La furia de aquel hombrecillo no tuvo más límites que los de su propia vida.

La Masonería ha sido perseguida por todas las tiranías de la historia moderna: desde Hitler, Franco y Mussolini hasta todas las dictaduras comunistas y todas las teocracias islamistas"

Pero fue lo único que le salió bien. Usted puede ser, hoy y aquí, socialista, comunista, anarquista, gay, nacionalista, protestante, ateo o lo que le dé la gana. No tendrá mayores problemas por nada de eso. Pero si reconoce en público que es masón, todavía hoy encontrará caras de pasmo, y es posible que tenga problemas con su familia, sus amigos o su trabajo. Gracias a Franco… y a los propios masones, que son pocos (no llegan a 5.000) y están, más que divididos, atomizados en numerosas organizaciones que no son todas iguales ni siempre se llevan bien.

Básicamente hay dos grandes tendencias. Una es la Masonería que se autodenomina regular, que depende de Londres y que aún hoy, en pleno siglo XXI, niega el acceso a las mujeres e impone la creencia en Dios y en la inmortalidad del alma. En lo esencial está representada por la Gran Logia de España (GLE), que no reconoce como masones más que a sus propios miembros. La otra corriente es la llamada Masonería liberal, de raíz francesa e integrada por varias organizaciones: la mayor de ellas es la Gran Logia Simbólica Española, que ya se ha solidarizado con los masones italianos después de la que han liado los pagliacci. Por supuesto que permiten el acceso a las mujeres en pie de absoluta igualdad y no se meten en la fe de nadie: abundan los masones y masonas creyentes de todas las confesiones, pero también agnósticos y ateos.

Desde luego, no falta gente que todavía pretende usar la Masonería para medrar o conseguir poder, como pasó en Italia con la tristemente célebre Logia P2, que eran una partida de delincuentes disfrazados de masones. Eso sucede en todas partes. También aquí.

Pero muchísimos más creen sinceramente que el cometido de las Logias consiste en trabajar con otros –que no suelen pensar como tú– para tratar de hacerte mejor persona: más libre, más digno y justo, más tolerante, más igualitario y respetuoso, más solidario. E intentar que la sociedad en que vivimos todos avance por ese mismo camino. ¿Eso es fácil? No, en absoluto. Es una forma de entender la vida para la que no todo el mundo está preparado. Desdichadamente.

Todavía hay organizaciones masónicas en España (y en el mundo) que hoy, en pleno siglo XXI, niegan el acceso a las mujeres e imponen la creencia en Dios"

Esto lo saben perfectamente los italianos, cuyo país no se entendería sin los masones Garibaldi, Cavour, Collodi, Paganini, Mameli, Fermi, Ferrari y por ahí seguido hasta la extenuación. Por eso esta patochada de los pagliacci del nuevo gobierno no durará. Pero de ella puede extraerse una conclusión inquietante: la libertad, la democracia, los derechos humanos, no son definitivos ni irreversibles. La democracia no es algo natural: es un artefacto cultural inventado por los hombres para poder convivir de la mejor manera posible. Pero está siempre en peligro. A la menor oportunidad te sale un Franquito, un Adolfito, un Stalinín o un Berlusconcillo que tratan de destruirla o, como mínimo, de corromperla para enriquecerse. Y para controlar a todos los demás. Así pues, hay que estar vigilantes. Porque hoy son los masones, pero ¿quién asegura que un día u otro no serán los pobres, los inmigrantes, los gais, los zurdos u otra vez los judíos.

En cualquier caso, lo de Italia no es tan grave. No parece fácil que haya demasiados masones dispuestos a formar parte de semejante gobierno. Los masones suelen ser gente que busca buenas compañías.

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