Que Toni Cantó abandonara las filas de Ciudadanos anunciando a los periodistas convocados para la ocasión la vuelta a su oficio de actor; que quince días después reapareciera en el puesto número cinco de la candidatura del PP a las elecciones de la Asamblea de Madrid fijadas para el martes 4 de mayo; que lo hiciera además con el desparpajo de quien daba por descontado que nadie le pediría cuentas, lleva a Almudena Grandes a considerar ese proceder un síntoma inequívoco de desfachatez, entendida como seña de identidad de los desaprensivos y umbral de entrada en la primera fase de la degradación. La pérdida del sentido de provisionalidad, imprescindible acompañamiento para el sano ejercicio de toda función pública; el olvido de sentirse permanentemente emplazado a rendir cuentas del propio quehacer, así como del que corresponde al equipo del propio entorno, es una pendiente deslizante que nos concilia con el abuso enseguida percibido como una compensación merecida por la tarea cumplida con vocación de servicio.

Todas estas adherencias, como las bacterias patógenas, tienen un crecimiento acelerado en las aguas estancadas. Por eso, se procedió a limitar la duración de los mandatos de los cargos públicos electos, porque la idea de perennidad degenera en sentimiento de propiedad al que se sobrepone a continuación el de impunidad. El caso es que desde el episodio de la manzana nos encontramos en estado de naturaleza caída, somos biodegradables, corruptibles, oxidables, una vez expuestos a la corrosión que desencadenan los agentes de la intemperie. Por eso, la división de poderes para que se vigilen. Claro que para Cyril Connolly (Obra selecta. Editorial Lumen. Barcelona, 2005) la caída del hombre, tal como aparece en la Biblia, es en realidad la caída de Dios. Y en cuanto a la Iglesia, añade que, como tantas otras instituciones, cuando ha sido lo bastante fuerte para hacerlo, ha traicionado sus principios”.

La corrupción y los corruptos surgen en todos los países e incluso allí donde no existe país alguno, la diferencia la marca la reacción social e institucional frente al fenómeno y ante quienes lo encarnan"

La corrupción y los corruptos surgen en todos los países e incluso allí donde no existe país alguno, la diferencia la marca la reacción social e institucional frente al fenómeno y ante quienes lo encarnan. A propósito de estos últimos acabamos de saber los progresos registrados en el Programa de Intervención en Delitos Económicos (PIDECO) anunciado a finales de noviembre destinado a una población reclusa de 2.000 personas que se han ganado la residencia en esos centros al lograr del Tribunal competente la adecuada condena por corrupción. En su balance la secretaría general de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior, señala que solo 68 internos se han acogido voluntariamente a ese programa en los cuatro meses que lleva funcionando. Su propósito es la reeducación en 32 sesiones con herramientas para que reenfoquen su vida en libertad "con una actitud y conducta prosocial”. En la próxima columna pondremos ejemplos relevantes. Ahora baste aducir, como prueba del nueve, que Francisco Correa, líder de la trama Gürtel, se ha dirigido al juzgado de Vigilancia Penitenciaria para declarar su arrepentimiento y solicitar la admisión el programa PIDECO. A él nos encomendamos. Veremos.