“Llegó el día del parto y resultó que, después de tanto alboroto, el fruto del parto no fue más que un mísero ratón.” Esopo

Presentó por fin Sánchez su España 2050, un ejercicio interesante a priori que, desgraciadamente, quedó en el parto de los montes. Digo interesante porque es imprescindible que un gobierno sea consciente de los desafíos a los que se enfrenta la sociedad a la que representa. No persigo hacer chanzas acerca de las posibilidades reales de alcanzar los objetivos por parte un gobierno que ha fallado, sistemáticamente, en absolutamente todas sus previsiones macroeconómicas a seis meses vista, pues hablamos en este caso, y como recoge el subtítulo del documento, de los “Fundamentos y propuestas para una Estrategia Nacional de Largo Plazo” (las mayúsculas no son mías). No se trata de establecer cómo estaremos entonces, sino de plantear dónde y cómo queremos estar, algo que aquí se aborda a partir de nueve líneas o desafíos.

La primera crítica es metodológica. ¿Cómo es posible que un ejercicio de prospectiva, como el que se ha presentado, no haya sido al mismo tiempo un ejercicio de transparencia? ¿Cómo es posible que el Gobierno pretenda sentar las bases, los fundamentos, de lo que será España en 30 años sin contar con todo el arco parlamentario? Porque, si de lo que se trata es de un ejercicio teórico, entonces carece de sentido cargar en los presupuestos del estado una oficina como la encargada de hacer un trabajo que hacen decenas de departamentos de estudios. A no ser, claro, que se mezcle ideología y prospectiva, en cuyo caso estaría plenamente justificado. Pero, sinceramente esperaba, pese a todas las señales que este Gobierno viene dando, algo más de seriedad en el planteamiento. Y no me cabe duda de la honestidad de los autores, pero sí, a la vista de los resultados, de la dirección.

La formación de los alumnos

El resto de cuestiones son más de detalle, más del “bajar a tierra” la estrategia elaborada por un gobierno en plena confrontación, en muchos aspectos, con los nueve desafíos que plantea. Lo primero que debería hacer un gobierno alineado con su propia estrategia es no poner trabas para lograrlo. Para “conquistar la vanguardia educativa”, desafío número 2, se pretende que la proporción de alumnos con rendimiento por debajo de 2 en las pruebas de PISA, actualmente en el 20% o superior, caiga por debajo del 15%, y que se duplique la de aquellos que se encuentran en el tramo de rendimiento alto. Este objetivo lo compartimos todos, menos el gobierno, parece, pues la aprobación de la LOMLOE, conocida como ley Celaá, elimina el esfuerzo como eje vertebrador de la evolución del estudiante, al declarar en la práctica fuera de la ley la repetición de curso.

¿Cómo va a mejorar la formación de los alumnos sin incentivos para aprobar? ¿Cómo es posible, por otro lado, que el Gobierno que ha aprobado este mes mismo la ley rider, que laboraliza a los trabajadores del sector de reparto en contra de su voluntad, se muestre a la vez de acuerdo con un documento que establece, en su página 303, con claridad meridiana y conforme a la realidad social y empresarial actual, no futura, que “se irá imponiendo un modelo en el que las empresas contratan cada vez más tareas que personas y en el que se remunera por resultados obtenidos, más que por las horas trabajadas”, que recoge “el avance del empleo vinculado a las plataformas digitales”?

Aprovecha también el documento para establecer las sinergias entre los componentes del Plan de Recuperación y los desafíos y objetivos de la Estrategia Nacional de Largo Plazo; vuelve a llamar la atención que, en lo relacionado con la Inteligencia Artificial, sólo se detecten con el primer desafío, “Crecer mejor”, y no con todos los demás. ¿No impacta directamente en la formación de jóvenes y mayores la IA? ¿No lo hace en el empleo, en el bienestar futuro? Quizá para el profano sea más complicado ver los impactos en el resto de desafíos, pero ocurre que la propia inteligencia artificial es el primer desafío para todos los sectores y todas las personas.

¿Cómo se va a lograr que, de una vez, se dejen de explicar los algoritmos en la pizarra en algunas facultades de matemáticas españolas, donde no hay ordenadores en las aulas?

Me hubiese gustado conocer cuál es el impacto previsto de la inteligencia artificial en España no ya en 2050, momento en el que, de acuerdo con Kurzweil o Son, entre otros, se habrá ya alcanzado la singularidad tecnológica, sino al final de esta década. La capacitación de todos, pero especialmente de los más jóvenes, resulta esencial para no perder el presente. No hay nada que señale que se vayan a introducir lenguajes de programación antes del bachillerato, cuando los estudiantes vietnamitas comienzan a enfrentarse a ellos con 8 años.

Sí, hoy, hablar idiomas es también hablar Python, R, Java o Julia. ¿En cuánto afectarán al crecimiento de España los 16 billones (continentales) de dólares previstos del impacto en la economía mundial hasta 2030, con un crecimiento anual acumulativo cercano al 40%? ¿Cuántos de los casi 100 millones de puestos de trabajo que generen en el mundo en menos de cinco años se crearán en España? ¿Cómo se va a lograr que, de una vez, se dejen de explicar los algoritmos en la pizarra en algunas facultades de matemáticas españolas, donde no hay ordenadores en las aulas ni recursos para que los alumnos se hagan con ellos? ¿Cómo va a lograr este gobierno, que pretende establecer un mínimo en el impuesto de sociedades, que las compañías más importantes inviertan aquí, que las españolas dediquen esfuerzos a este desafío tangible e inmediato? ¿Qué medidas plantea el Gobierno en la defensa de la democracia frente a sistemas de control social, públicos y privados, cada vez más desarrollados, más eficaces, más lesivos?

No hablemos de España 2050 sin haber preparado la España de 2030, porque perderemos el último tren. China lo entendió hace ya diez años, y se espera que la inteligencia artificial genere uno de cada cuatro euros de incremento de su PIB previsto en los próximos 10 años. Todo el proceso de conocimiento, toda la transformación económica y toda la transformación de la sociedad, así como la defensa de la democracia y de la libertad, pasan por cómo enfoquemos el único desafío que importa ahora mismo, que no es otro que el de la inteligencia artificial.