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Roger Senserrich

Opinión

La derecha tras el naufragio

En apenas quince días, la derecha ha perdido el gobierno, la atención de los medios, y a uno de sus capitanes. Todos los planes de futuro de sus dirigentes son papel mojado

Reunión del PP.
Reunión del PP. EFE

Dos semanas en política son una verdadera eternidad.

Hace dos semanas, los dos partidos de la derecha española tenían motivos para estar satisfechos. Mariano Rajoy había sacado adelante los presupuestos, ganándose un año entero de plazo para desactivar la crisis catalana, aunque fuera por aburrimiento, y confiar que el crecimiento económico continuara hasta el final de la legislatura. Albert Rivera había conseguido colocar varias de sus prioridades políticas en los presupuestos, iba como un tiro en las encuestas y estaba siempre en el centro de todos los debates.

Entonces llegaron la sentencia de Gürtel, la moción de censura, la oferta de Podemos a Rivera que hacía casi inevitable el voto afirmativo del PNV, el extraño espectáculo del líder de Ciudadanos votando a favor de mantener al PP en el poder, y la caída y dimisión de Rajoy. En apenas quince días, la derecha había perdido el gobierno, la atención de los medios, y uno de sus capitanes. Todos los planes de futuro de sus dirigentes eran papel mojado.

Cierto político dijo que la política es peor que la guerra, porque al menos en una guerra sólo pueden matarte una vez. Aunque la palpable desmoralización del PP y Ciudadanos es más que comprensible tras haberse llevado una de las tundas políticas más contundentes que recuerdo en apenas quince días, nadie debería darles por muertos, en gran medida porque no lo están. Muchas de las ventajas estructurales que llevaron a Rajoy al poder siguen ahí, y Pedro Sánchez, aunque ahora tenga a periodistas, contertulios y bases del partido deslumbrados con su aura presidencial, sigue siendo el líder de un partido que controla menos de una cuarta parte de los escaños del congreso. Si quiere recuperar el poder, sin embargo, la derecha antes deberá afrontar muchos de los problemas estructurales que le han llevado a este desastre, y deberá hacerlo rápido.

  1. No minusvalorar a Pedro Sánchez

 En política siempre es difícil esclarecer si el que te ha ganado la partida es un genio o un tipo con muchísima potra. En el caso de Pedro Sánchez, el hecho que el tipo parece vivir en esa burbuja de felicidad en la que habitan los hombres inusualmente apuestos ha hecho que muchos comentaristas se decanten por la segunda opción. No seré yo quien vaya a ofrecer el veredicto definitivo sobre el talento del líder del PSOE, pero cuando alguien se escapa de tantas encerronas para acabar en La Moncloa, creo que es señal de que quizás no sólo es cuestión de suerte.

Aunque tiene un grupo parlamentario que cabe en un par de taxis, es muy poco probable que Sánchez sufra una moción de censura; podrá convocar las elecciones cuando él quiera, es decir, más tarde que pronto

PP y Ciudadanos deben entender lo antes posible la enorme desventaja que representa no estar en el gobierno. Sánchez, por el mero hecho de ser presidente, va a tener un micrófono delante y 30 segundos de telediario cada vez que abra la boca. Él y sus ministros (y se ha rodeado de un equipo sólido) pueden marcar la agenda con mucha más facilidad que cualquier partido de la oposición, y si la economía sigue funcionando, llevarse los méritos sin hacer nada en absoluto.

2. No será una legislatura corta

El PP es un partido tóxico, y lo será durante bastantes meses hasta que acabe la pelea sucesoria. Todos los partidos del congreso o temen u odian a Ciudadanos, sea porque temen su auge en las encuestas (PP, PSOE) o porque detestan su agenda política (el resto). En el sistema constitucional español tener una mayoría parlamentaria estable es mucho menos importante de lo que parece. Lo que hace y deshace gobiernos es en el parlamento es la existencia o no de una oposición coherente capaz de formar mayorías alternativas, algo que ni PP ni Ciudadanos son capaces de construir ahora mismo. 

Dicho en otras palabras: aunque Pedro Sánchez tiene un grupo parlamentario que cabe en un par de taxis, es muy poco probable que sufra una moción de censura, y podrá convocar las elecciones cuando él quiera, es decir, más tarde que pronto. Esta legislatura va a alargarse.

3. La soledad de la derecha española es un problema

Los sistemas parlamentarios se basan en la construcción de coaliciones para formar mayorías. En un país tan complicado y culturalmente diverso como España, esto inevitablemente exige negociar y llegar a acuerdos con un grupo considerable de partidos si que quiere llegar al poder.

Durante los últimos meses, sin embargo, la derecha española parece haberse olvidado de este detalle. Lejos de intentar mantener un discurso lo suficiente abierto y flexible como para poder mantener alianzas, Ciudadanos y PP se han lanzado a competir en falta de cintura, inflexibilidad y cierre de miras. En un país donde la definición de lo que es España está bajo un debate constante, han convertido su idea sobre españolidad en una posición innegociable. Esta estrechez de miras les ha costado la Moncloa.

A pesar de haberse llevado una de las tundas políticas más contundentes que recuerdo, en apenas quince días, nadie debería dar por muerto al PP, en gran medida porque no lo está

La crisis catalana exige una respuesta firme. Es una crisis real, cierta y urgente, y la decisión de Rajoy de invocar el artículo 155 estaba plenamente justificada. La derecha española, sin embargo, debe dejar de ver intentar arreglar un desafío nacionalista con más nacionalismo, y debe dejar de caer en la trampa de creer que este es un conflicto entre España y Cataluña cuando es un conflicto entre catalanes. Hasta que no aprendan a tejer alianzas, y dejar de ver la política como una guerra, el PSOE siempre tendrá la ventaja de ser el mal menor para el resto del hemiciclo.

4. Partido Popular: hacer limpieza a fondo

Los nuevos líderes del PP, sean quienes sean, deben entender que la corrupción del partido no es un tema de “casos aislados”. Cuando una formación política pierde presidentes a nivel nacional y autonómico por escándalos de corrupción con la regularidad del PP, el problema es estructural, no cuestión de manzanas podridas. Hay algo en cómo el partido está organizado y en su interacción con las instituciones donde gobierna que produce incentivos perversos de forma sistemática y problemas legales constantes.

Esto quiere decir que cualquier renovación del partido no puede quedarse en cambiar las caras y confiar en la virtud de sus nuevos dirigentes. Sin cambios reales en la formación, y reformas institucionales serias y reales cuando lleguen al poder, la nueva cúpula acabará exactamente como sus predecesores.

5. Ciudadanos: No todo es Cataluña

Durante los últimos meses las declaraciones de los dirigentes de Ciudadanos seguían dos mensajes claros. Por un lado, una frase siguiendo la estructura “sujeto + predicado + España”. Por otro, oraciones con la composición formal “sujeto + predicado + separatistas”. 

Era un mensaje simple, pero ahora ya no basta. Rivera ya no compite con Rajoy, sino con un PSOE que, aunque es visto con recelo en Sant Jaume, es desde luego considerado como una alternativa preferible a Ciudadanos. Dado que La coalición independentista muestra señales de división interna, Sánchez tiene más opciones que Rajoy de poder romper el bloqueo, así que apostar todo o nada al tema catalán puede dejarles sin discurso sin el nuevo presidente tiene suerte. Y suerte, precisamente, es algo de lo que no parece ir escaso.

6. Entender los dos puntos débiles de Sánchez

El PSOE tiene dos puntos débiles claros, pero explotarlos exige paciencia. El primero es Cataluña, el único tema que realmente genera divisiones peligrosas dentro del partido. Tanto PP como Ciudadanos deben entender que una crítica al gobierno es mucho más efectiva cuando viene de dentro del partido que desde la oposición. Si Sánchez está dando demasiadas concesiones a los secesionistas, la derecha española debe aprender a controlar sus impulsos, aparentar lealtad, y dejar que sea Susana Díaz y el resto de los barones del PSOE los que hagan la oposición por ellos. Los socialistas son muy vulnerables a esta clase de divisiones internas (no en vano, fueron la causa de una de las muertes políticas de Sánchez), así que hay que tener paciencia para poder explotarlas.

Sánchez y sus ministros pueden marcar la agenda con mucha más facilidad que cualquier partido de la oposición, y si la economía sigue funcionando, llevarse los méritos sin hacer nada en absoluto

Segundo, la economía va a dejar de crecer tarde o temprano. Aunque parezca mentira, la gran recesión acabó hace más de seis años (casi nueve años en Estados Unidos); ninguna expansión económica dura eternamente, así que la economía mundial va a sufrir un ajuste, tarde o temprano. Es poco probable que sea otra catástrofe como la del 2008-2009, pero una recesión pequeñita bastaría para poner a Sánchez en aprietos importantes, especialmente porque no tendrá capacidad parlamentaria para responder a ella.

El PSOE, por cierto, ha sido un partido especialmente gafe que se las ha arreglado para estar en el poder en dos de las últimas grandes crisis económicas  (93 y 2008), así que no es descartable que repitan.



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