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Miquel Giménez

Opinión

A mí me daría vergüenza

El expresidente catalán Carles Puigdemont (i) llega en coche a un edificio en Berlín (Alemania)
El expresidente catalán Carles Puigdemont (i) llega en coche a un edificio en Berlín (Alemania) EFE

A Carles Puigdemont le han hecho un masaje –otro más– en TV3. En horario de máxima audiencia el propio director de la televisión separatista, Vicent Sanchís, ha rememorado los mejores tiempos de Victoriano Sánchez Asís y sus entrevistas a ministros de Franco. De vergüenza ajena.

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“Ministro, voy a hacerle una pregunta que no se espera”, decía Fernández Asís, gafas negras, gesto serio, incisivo, en un puro ejercicio de interpretación digno de Strasberg. El ministro, con gesto de sorpresa, escucha la pregunta – que podía ser del tipo “¿A que atribuye usted el éxito del Glorioso Movimiento Nacional y de la dilatada época de paz y prosperidad que ha traído Franco a España?” – y, tras fingir meditarla unos instantes responde con sangre fría “Me alegro mucho de que me haga esa pregunta”.

Vale, pues algo parecido le hizo Sanchís, valenciano separatista, pancatalanista, conspicuo defensor de los Pujol, del proceso y de los Países Catalanes al cesado Puigdemont. Le faltaron las antiparras ahumadas, pero el resto era perfectamente asimilable. Yo hice incluso la prueba: quité el color y dejé la pantalla en puro blanco y negro, acompañando aquel intercambio de besos con intercambio de apéndices con la banda sonora del No-Do que, previsoramente, tenía grabada en mi iPhone.

Menos aquella célebre frase que rezaba “En Badajoz- o en donde fuera - se viven horas de intensa alegría ante la llegada de Su Excelencia del Jefe del Estado” o cualquier alusión a los pantanos, el resto fue de manual. Puigdemont exhibió todo su recital de argumentos manidos, sobados y repetidos en TV3 hasta la saciedad. Eso no amedrento en modo alguno al intrépido periodista ni mucho menos al fugadísimo de Bruselas, ahora en Alemania. La tesis era, igualita que la que ya esbozó su padre putativo Artur Mas el día anterior en la misma cadena, era que el Estado está interesadísimo en repetir las elecciones.  “No aceptan los resultados del 21-D”, decía contrito Cocomocho. Vaya por Dios, así que son los constitucionalistas los que no aceptan aquellas elecciones, convocadas en contra del bloque separatista y ganadas por Ciudadanos. Qué cosas tiene el señorito, que diría Gracita morales.

Puigdemont aseguró que habría gobierno antes de que llegue el 22 de mayo, fecha límite para tenerlo, porque a partir de ahí se convocan elecciones como hay Dios. Según el profeta de Bruselas, hay que tener confianza porque están trabajando en ello. Mira, como decía Aznar. No le preguntaron acerca de las puñaladas entre él y el PDeCAT, entre él y Esquerra, entre él y el mundo entero. Sanchís, asintiendo complacido ante el rosario de agravios del cesado, parecía más un cura de pueblo indulgente con el jovenzuelo que le confiesa haber quemado las eras del vecino porque lo miró mal que un periodista serio, y ya no digamos un director de un miedo público con unos mínimos de respetabilidad y decencia. Di que sí, Vicentet, hay que ser agradecido a quien te dio una mamandurria de tal calibre.

El chico desea que ustedes le sufraguen y proporcionen agentes de la autoridad para que cuiden de su integridad. Tiene razón. Yo que usted le enviaba ya mismo a Berlín a dos números de la Benemérita"

Pero a fuerza de circunloquios y de darle vueltas a que si la ONU, la justicia prevaricadora y otras minucias a las que tan acostumbrados nos tienen todos estos, a Puigdemont se le escaparon dos detalles que deben ser muy tenidos en cuenta.

El estado debería pagarle la escolta a Puigdemont

Eso dijo el muchacho, enfadado cual doncella a la que le ha arrebatado el himen su novio gañán en vísperas de sus nupcias con el hijo del rico del lugar. Aludió a que todos los ex presidentes tenían derecho a disponer de escolta. Es decir, que se considera ex presidente. Acabáramos. Así pues, señor ministro Zoido, tome buena nota. El chico desea que ustedes le sufraguen y proporcionen agentes de la autoridad para que cuiden de su integridad. Tiene razón. Yo que usted le enviaba ya mismo a Berlín a dos números de la Benemérita. Y a dos más para los relevos. Y a dos más para los festivos. Qué menos que prestar ese servicio que, además, el fugado demanda. Pero envíelos con el traje de bonito, más que nada para ver que cara se le queda al ínclito al ver llegar una tropa de miembros del Instituto Armado con sus tricornios charolados.



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