Hay que ver para lo que hemos quedado. Hubo un día en el que José Luis Garci -injustamente infravalorado- puso a Alfredo Landa a hablar de la desesperanza del cincuentón de clase media que ha criado a sus hijos, ha pagado la casa y los electrodomésticos a plazos y se asoma al resto de su vida con la certeza de que lo más emocionante ya ha sucedido. Lo hizo en Las verdes praderas y fue en una escena memorable.

Fue poco después cuando Nike recurrió a Spike Lee para anunciar las zapatillas Air Jordan. Lo hizo porque en los barrios negros de Nueva York los muchachos pagaban encantados 200 dólares por el calzado de moda, que se había convertido en parte de la cultura popular de la época. Y, claro, el director de cine retrató ese sentimiento con precisión. Como Martin Scorsese con Armani: “Que esa amante no me recuerde por mi lealtad, sino por mi estilo. Y que sea esclava de su memoria cada vez que huela mi perfume”.

Los verdaderos genios saben trasladar con frescura el pensamiento de los hombres corrientes. El sectarismo y la cutrez son propios de los peores propagandistas y eso es lo que emana el vídeo que ha 'manufacturado' Daniel Guzmán para la campaña electoral de Podemos, que contiene los peores defectos de cualquier obra artística: los tópicos, los lugares comunes y el maniqueísmo más nocivo.

El documento dura algo más de un minuto y muestra a dos chavales en un patio de vecinos de clase media-baja. Es decir, allí donde domina la desesperanza y donde Podemos se ha aferrado para intentar evitar la muerte política de Pablo Iglesias. Uno de los protagonistas representa al simpatizante más descerebrado de la derecha cañí, mientras que el otro, al heroico chaval de barrio que quiere lo mejor para la comunidad y, por tanto, apoyará a la izquierda. En tiempos de burricie y simplicidad, Guzmán ofrece 'dos tazas'. Personajes planos y argumentos de barra de bar. Es muy lamentable que un cineasta, en tiempos de dificultad, se ponga de esa forma al servicio de la causa de un líder. Mediocridad pura.

Daniel Guzmán y la izquierda irreal

El vídeo demuestra lo alejada que está la izquierda radical española de los barrios, donde no sopla el viento desde 2008 y donde -es fácil deducir- se observa la deriva identitaria de los partidos progresistas con estupor. Porque no se puede ofrecer como solución un manual sobre la dieta vegana -o un curso de micromachismos- a quien no llega a mileurista. O a quien forma parte de ese 39% de menores de 25 años que no tiene empleo. Y no se puede pretender la movilización del electorado, por los siglos de los siglos, desenterrando a Franco y su memoria cada poco tiempo. Máxime en un momento histórico, de pandemia, en el que la población reza por no tener que enterrar a sus abuelos o a sus padres.

Es curioso porque el vídeo de Guzmán se ha estrenado pocos días después de la llegada al cine del documental producido por Johnny Depp sobre Shane Macgowan, uno de los pocos grandes genios musicales vivos. Hay un momento de la cinta, antes de fundar su grupo, The Pogues, en el que detecta que los irlandeses que residen en Londres están huérfanos de influencias de su país en la capital británica. Ahí decidió dejar de lado el punk para abundar en la música folclórica. Sus letras son memorables: habla de bebida, de mujeres y de peleas. De la vida y los problemas del ciudadano medio que, por estadística, es un perdedor.

Podemos trata ahora de aproximarse a esos perdedores a base de tópicos que ya no funcionan, pues el discurso de la izquierda se ha desgastado después de muchos años de incapacidad ejemplar a la hora de resolver los problemas del hombre corriente

Podemos trata ahora de aproximarse a esos perdedores a base de tópicos que ya no funcionan, pues el discurso de la izquierda se ha desgastado después de muchos años de incapacidad ejemplar a la hora de resolver los problemas del hombre corriente. El populismo es un globo que se deshincha con rapidez y que suele ser tremendamente efectivo para mejorar las condiciones de vida de quienes lo fomentan, pero no las del resto. De eso se han podido dar cuenta quienes apoyaron a Iglesias a partir de 2014; y eso mismo descubrirán quienes voten a las opciones de populismo que se acercan por la derecha.

Son tiempos de gran simpleza y a los artistas y a los intelectuales se les debería exigir cierto nivel en la argumentación. Daniel Guzmán ha demostrado que lo suyo es el 'caca, culo, pedo, pis' político y a buen seguro que el resto de los artistas que han realizado cortometrajes para la campaña de Podemos abundarán en lo mismo. En los tópicos fáciles y en la paranoia personalista de su líder.

La estupidez se ha adueñado del presente.