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Opinión

La culpa de todo la tiene Mourinho

La extrema derecha está hoy conformada por gente a la que ya no le da ninguna vergüenza decir barbaridades. O sea, como Mourinho

Jose Mourinho declara como investigado
Jose Mourinho declara como investigado ZIPI

Le cuento a Carretero, mi padre, que he estado cenando con Iván (vamos a llamarlo así), joven encantador, inteligente, de buena familia, de extraordinaria formación académica y que acaba de abandonar ese partido que se hace llamar Vox. Mi padre alza una ceja:

–¿Otra vez con eso? Pensé que no le dabas mucha importancia.

No es verdad, pero lo que me interesa es que este zagal ha pertenecido hasta hace muy poco tiempo a lo que podríamos llamar el “cogollo” de la estrategia de comunicación del grupo. Y me la ha contado. Mi padre alza la otra ceja:

–¿Y por qué les ha dejado?

–Porque este tío piensa por su cuenta. Y porque se ha dado cuenta de que jugando, jugando (que es lo que él venía haciendo hasta ahora, o eso dice), estaba ayudando a despertar un monstruo muy peligroso. Iván formaba parte del reducidísimo conjunto de chavales (media docena, una como mucho) que se pasan el día entero delante del ordenador detectando en Facebook, en Twitter, en los foros de los periódicos digitales o donde sea, comentarios que pudiesen interesar a la extrema derecha. Comentarios generalmente adversos y de gente no demasiado influyente, a poder ser. Cuando encuentran dónde morder, cada uno de esos estajanovistas moviliza a los suyos: entre cincuenta y cien contactos previamente adiestrados a los que se informa por WhatsApp o por correo electrónico de dónde está el comentario o la persona a la que hay que fulminar. Estos avisan, a su vez, a otros; y en cuestión de media hora, a quien sea le cae, como suele decirse “la del pulpo”: lo machacan entre todos.

–Hombre, me imagino que todos los partidos tendrán algo parecido.

–Es verdad. Pero dice Iván que estos de Vox son, ahora mismo, los que mejor organizados están. Y de lejos. Les dan cien vueltas a los de Podemos, que fueron los primeros en armar un mecanismo semejante, pero que desde que tocaron pelo institucional andan como más arrecidos para estas cosas. Ya sabes que las redes sociales funcionan como los estorninos: se mueven todos a la vez y a gran velocidad, cambian de dirección en un instante y basta que uno diga lo que hay que hacer para que toda la bandada lo imite sin rechistar y con un furor cada vez mayor.

–¿Y por qué hacen eso?

–Para evitar que, si te quedas atrás, los demás te acusen de tibio o de sospechoso o de traidor, y tú pases a ser el masacrado. El caso es que estos de Vox, mediante el método que te acabo de explicar, y que es muy sencillo, muy eficaz y muy barato, están inundando las redes. Hay medios que siempre fueron de izquierdas cuyos foros y espacios de comentarios han sido literalmente tomados al asalto por estas centurias que con paso firme van. Con los medios más conservadores o más tibios, ya ni te cuento. Son muy buenos, los mejores, haciendo de trolls. Y lo más curioso: están apareciendo lo que Iván llama “minimedios”, remedos de periódicos digitales que elaboran entre uno, o dos, o tres, y que se dedican no ya a hacer propaganda de lo suyo, sino directamente a mentir, a inventar noticias falsas que denigran a sus supuestos enemigos o que, sin más, tratan de escandalizar al lector incauto para atraerlo a las posiciones que ellos defienden. Algo parecido a lo que hacen los rusos o los trumperos. Ya hay varios de estos minimedios engañabobos.

En eso de linchar al discrepante en las redes sociales, los de Vox son, ahora mismo, los mejor organizados. Les dan cien vueltas a los de Podemos

–¿Y cuáles son las posiciones que defienden, si se puede saber?

–Eso es lo mejor de todo. Los comunicadores no distribuyen jamás ideas o conceptos complejos, sino píldoras, actitudes, iconos, ideas-fuerza que podría asimilar sin dificultad un niño de tres años. Su nivel de complejidad intelectual es más o menos el mismo que el de Belén Esteban cuando dijo, sobre Zapatero y Rajoy, aquello de que “lo cabría cacer es que se juntasen estos dos pa sacar esto palante”.

–Pero eso es tomar a la gente por idiota.

–Sí, pero para eso es indispensable no ser idiota uno mismo. No es tan fácil hacer el bobo ni distinguir a qué bobos se pretende llegar. Escogen a su público cuidadosamente gracias a los mecanismos que facilitan las redes sociales, sobre todo Facebook. Los eligen por edad, lugar de residencia, profesión, intereses, esas cosas.

¿Las ideas o mensajes que transmiten? Pues están pensadas para definir un público-tipo, unas señas de identidad, unas características comunes. Son, por ejemplo, católicos a machamartillo. Eso siempre. Son antiabortistas furibundos, identifican el aborto con un asesinato; pero suelen estar a favor de la pena de muerte. Son taurinos, identifican a los toros con la idea de España. Son de los que repiten que “todos los políticos son iguales”, es decir, antisistema. Son más o menos antieuropeos pero, si les preguntas por qué, empiezan a tartamudear. Son desvergonzadamente xenófobos y mienten como canallas con las cifras de inmigrantes. Son antimasones, aunque tampoco les preguntes por qué: no tienen ni idea de qué es eso. Son nacionalistas a ultranza, lo cual quiere decir que la culpa de todo lo malo siempre la tienen otros, un “enemigo” real o imaginario. Son, en un porcentaje muy alto, madridistas; y, para ser más exactos, partidarios de Mourinho.

–¿Perdón?

–De Mourinho. Un entrenador de fútbol portugués que…

–Sé quién es Mourinho. Pero ¿qué tiene que ver ese señor con…?

–Nada, no tiene que ver nada. Lo que imitan es su actitud. Mourinho es, para entendernos, un chulo indecente que está muy contento de serlo y que va por la vida provocando a los demás. Pues estos, igual. La extrema derecha está conformada por gente a la que ya no le da ninguna vergüenza decir que es un bestia, un ignorante o un neanderthal incapaz de razonar. Sigo. Son furiosamente antifeministas y generalmente homófobos, aunque esto no siempre. Les importa un rábano el cambio climático. Atribuyen a la Virgen María la…

–¿Y el mus?

–¿Cómo dices?

–Que si están a favor del mus.

–Pues eso no lo sé, ¿por qué lo preguntas?

–Hombre, porque me extrañaría. El mus es un deporte, si quieres llamarlo así, que suele asociarse con la España tradicional. Pero para jugarlo hay que ser muy inteligente, como bien sabes. Y, por lo que me estás contando, no me parece a mí que estos chicos…

Les dejo. Voy a llamar a Iván para preguntarle por lo del mus. De paso, a ver si me cuenta qué piensa la extrema derecha sobre el ajedrez, el argumento ontológico de San Anselmo y la hipótesis de Riemann. Me voy poniendo en lo peor.

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