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Miquel Giménez

Opinión

El culo, con perdón, de Puigdemont

El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont
El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont

¿Saben ustedes para lo que va a servir que se forme gobierno de una vez en Cataluña? ¿En que beneficia a la gente que Puigdemont designe candidato? ¿Cambiarán las cosas y volveremos a la normalidad? Digo más, ¿es sagrado el culo de Puigdemont?

De vacas y borricos

Sabido es que en la India se venera a las vacas de manera sobrenatural. Curioso país, donde violar a menores es casi un deporte, mientras que, como oses tocarle el claxon a un bovino, se te cae el pelo. En Cataluña suceden cosas similares a las del país del Brahmaputra, sin ánimo de ofender. Las buenas gentes separatistas del lugar, siempre temerosas de reencarnarse en un votante de Ciudadanos, han admitido como dogma de fe cosas que nos parecen increíbles a nosotros, perros occidentales infieles, colonizadores de salacot y sahariana blanca e impermeables a los prodigios de los santones nacionalistas.

Los devotos de la fe bramahputista, los hijos de buda, vamos, consideran sagrado, sagradísimo, el trasero, el bullarengue, el buyati, el culo, dicho en claro y meridiano español, de su líder religioso. Lo conocerán ustedes, un gran santón capaz de clavarse alfileres y decretos del gobierno central sin sangrar ni levantar una ceja. Hablamos del Mahatma Puigdemont, el elegido, el oculto, el único que puede decir quién le va a suceder en ese ciclo de reencarnaciones pujolistas que vive mi tierra como si de un maravilloso y mágico nirvana se tratase.

Pues bien, servidor, escéptico de origen e incrédulo por obra de políticos y santurrones, no cree ni en la santidad del culete del tal Mahatma ni en su capacidad taumatúrgica respecto a designar a nadie. Digo más, haga lo que haga, no servirá para nada ni nada han de notar los catalanes. Formar gobierno o no formarlo es totalmente irrelevante cuando la misma intención torticera subyace en sus componentes. No se trata de cambiar a fulanito por menganito (o menganita, no se me vayan a ofender las personas susceptibles con eso del heteropatriarcado) cuando el propósito se mantiene inalterable, a saber, a la que se descuiden éstos, les vuelvo a montar otro golpe de estado.

¿A qué, entonces, toda esta comedia? ¿Para que ir dándole tantas vueltas a la noria? Muy sencillo, en ese corral de comedias en el que han convertido al parlamento catalán se precisan varias representaciones a cuál más surrealista con tal de no debatir acerca de nada que afecte realmente a las personas. Que eso conviene a los seguidores del Mahatma es más que evidente; que tampoco les viene mal a otros partidos que tienen poco o nulo interés en mostrar ante el personal su escasez de ideas y propuestas, también.

Nos hallamos, pues, sumidos en la adoración al ídolo, al tótem, al oráculo, y ahí poco o nada tenemos que hacer los que creemos que la política es el intercambio de ideas divergentes, de propuestas basadas en la realidad, de servicio al pueblo y de honestidad intelectual, que la otra ya debería traerla de sus casas los implicados.

Ahora bien, lo que resulta evidente es que el culo de Puigdemont es sagrado, que nadie osa profanarlo tocándolo y, por extensión, también lo son los de sus seguidores, pompis estelados siempre prestos a apretarse cuando intuyen que el estado se mueve siquiera un milímetro. Resumiendo, aquí no va a pasar nada que no esté pasando ya. Diga lo que diga el gurú de Bruselas, provisionalmente en Berlín, sabe a la perfección que la mamandurria está asegurada porque mi tierra, más que pródiga en vacas, lo es en borricos. Recuerden al guará catalán, de justa y celebrada fama.

Repartir antes el santoral que la Trinidad

Y como sea que de culos va la cosa, justo es saber en que dulce poltrona tendrán que acomodarse. Se ha dado así otro milagro totalmente inédito en el mundo mundial: sin tener presidente, ya hay Consellers. Ahí es nada y que vengan todos los parapsicólogos a investigar tamaño suceso. Los nombres de no pocos candidatos a ocupar el sagrado trono vacante del faquir del flequillo han sido muchos, tantos, que no hay catalán separatista que, por poco que se lo haya propuesto, no haya sonado en un momento u otro.

Pero, por lo que respecta a las diferentes consellerías, está todo el pan vendido. Se conoce que el areópago convergente se reunió con el sanedrín de Esquerra hace días para acordar como se repartía el pastelito autonómico, y, miren qué cosas, se pusieron de acuerdo casi a la primera. Ustedes se preguntarán, bueno, pero ¿para hacer qué? Pues para hacer lo mismo, almas cándidas, para cobrar sueldazos que son incapaces de obtener con sus cortísimas luces en el mercado de trabajo, y así poder seguir viviendo del momio y perseverar en eso que llaman el derecho a decidir, el proceso, la independencia o el sumsum corda, que uno ya se pierde entre tanto eufemismo de la nada más absoluta.

Tal cosa es increíble que pueda suceder en otro lugar de occidente, pero, recuerden, Cataluña es tierra de misterio y de milagros, un lugar en el que los muertos políticos se levantan, hablan y mandan – vean el caso de Jordi Pujol, que tiene boquiabierto de Iker Jiménez a la Pitonisa Lola -, un lugar idílico donde la gente que nos gobierna reniega de la realidad porque todo es Maya, ilusión, engaño, entregándose piadosamente a tocarnos los chakras a todos los que no somos de su rollo, los parias, los intocables, la casta que no adora sus culos, porque ellos no piensan con la cabeza, tan engañosa siempre, haciéndolo con sus insignes posaderas.

Ah, sí, da igual quién nos gobierne si va a continuar la procesión de elefantes – también sagrados en estos parajes -, o al menos a mí me importa un higo de Shiva, porque sé muy bien que todo seguirá más o menos igual: los mismos culos con distintos collares. El problema de estar gobernado por tal parte de la anatomía humana es que, más pronto o más tarde, el olor que emana de la misma es perfectamente descriptible, siendo preludio del producto esperable, a saber, lo que ustedes imaginan. En esto nuestros santones unen su diarrea mental a la corpórea, en franco y admirable ejercicio de sincronización entre el séptimo chakra, Soma, y el primero, Muladhara. Como muchos especialistas en independentismo y meditación trascendental saben, el Soma, ubicado en la coronilla (mira, hasta ahí nos tienen a muchos) nos conecta con la conciencia cósmica, es decir, con la república efímera catalana, mientras que el otro, situado entre el ano y los genitales, nos enseña a regular nuestras necesidades físicas. En román paladino, que hay que asegurarse la pasta para luego poder elevarse hacia ensoñaciones totalmente alocadas.

A tenor de lo anteriormente expuesto, señorías, he de declarar que, personalmente, me da igual quién acabe siendo President y quién no, porque ya está todo pasteleado. Lo visto hasta ahora no son más que trucos baratos de faquir, imaginería de ilusionista aficionado y birlibirloque destinado a los incautos. Diría que con su pan se lo coman, pero lo triste es que se comen el nuestro.

Dicho lo cual, si alguien se ha sentido ofendido por mis referencias al culo, le ruego que me disculpe, aunque debo añadir que más me ofende a mi ver como un puñado de vividores han engañado a media Cataluña con el solo fin de su lucro personal. Que, en materia de culos, no somos pocos los que sentimos un escozor en salva sea la parte cuando vemos lo que debemos pagar de impuestos mientras que otros tienen millones en paraísos fiscales y andan paseando tan ricamente por la calle, sacando pecho.

Y es que Cataluña será escatológica o no será, parafraseando al obispo Torras y Bages.



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