Hasta ahora no he visto a nadie indignarse porque no abran aún las bibliotecas, o al menos no del todo. Si no funcionaran más, ¿lo notarían? ¿Se enfadaría alguien? Me hago la pregunta mientras veo en el telediario cómo un grupo de personas asisten, con la distancia de seguridad, a algo que parece un concierto. Ni eso es un recital al uso ni parece divertido, pero es la única opción para recuperar la costumbre.

Hoy más que nunca muchos dependen de la salud de las salas de lectura y préstamo de libros. Algunos gobiernos autonómicos han destinado ayudas para la compra de nuevos fondos, siempre y cuando sean adquiridos a las librerías, como una forma de incentivar un sector que desde hace ya mucho vive estragos, los que dejó la crisis de 2008, y ahora la hecatombe sanitaria.

Pero hay más alrededor de una biblioteca. Una vida silenciosa Es el lugar donde leen la prensa los jubilados y estudian los adolescentes. Es el lugar de silencio en un momento en que éste se ha vuelto un bien escaso. Es la forma y el lugar donde podemos volver a viajar como alguna vez lo hicimos.

A partir del inicio de la Fase 1, el día 11 de mayo, las bibliotecas reanudarían su servicio para préstamo y devolución de libros y lectura en sala. Se puede acceder a las bibliotecas para solicitar o consultar información, coger o entregar material que se haya adquirido en el centro e, incluso, para leer alguna de las obras de sus estanterías allí mismo.

Los libros vivirán su propia cuarentena. Una vez devuelto un ejemplar, los empleados de la biblioteca lo colocarán en un lugar apartado y lo dejarán aislado durante 14 días. Los libros, aseguraba el BOE, no pueden desinfectarse, ni otras publicaciones en papel. Es curioso: el más infeccioso de los objetos se libra de la profilaxis contemporánea.

La crisis económica de 2008 despedazó casi todo, pero se cebó especialmente con las bibliotecas. ¡Y de qué forma! Las cifras lo demuestran: el gasto en adquisiciones de libros bajó de 1,50 euros a 0,56 céntimos por habitante de 2009 a 2014, según el informe La lectura en España. La falta de nuevos libros lesionó el funcionamiento y debilitó el uso. ¿Qué ocurrirá esta vez?

Los años de recortes presupuestarios fueron los más duros para el sistema de bibliotecas públicas en España: sus catálogos envejecían y sus horarios se reducían; los planes de lectura morían de mengua; el fondo de préstamo era escaso y había poco dinero para nuevas adquisiciones. Con el paso del tiempo País Vasco, Navarra y Cataluña consiguieron levantar sus fondos y sus préstamos. Si alguna institución necesita cuanto antes la reinvención son ellas.