Cristina Pedroche
Cristina Pedroche

EL RINCÓN DE UTBH

Cristina Pedroche y los enemigos de la belleza

El rechazo a la belleza -sobre todo la femenina- por desgracia se ha convertido en una constante tremendamente transversal en nuestras sociedades

Ha vuelto a pasar. Se ha convertido en algo recurrente todos los años. No se sabe por qué, el ritual pop que rodea el destape del vestido de Cristina Pedroche viene acompañado de polémica: muestra demasiada carne, cosifica a las mujeres, es demasiado sexy, es demasiado feo, mi abuelo se ha atragantado al verlo… Señal inequívoca de que culturalmente todavía tenemos atragantados lo que algunos llaman “estándares de belleza inalcanzables”, y no se trata de que algunos no lo valoren, sino que parece que les joda que otros sí lo hagan. El rechazo a la belleza -sobre todo la femenina- por desgracia se ha convertido en una constante tremendamente transversal en nuestras sociedades. Y aunque creo que es una forma de envidia atávica de la que nunca vamos a querer despegarnos, también pienso que en ningún otro momento nuestra cultura nos dio tantas razones para aferrarnos al odio a lo bello y al mismo tiempo poder justificar ese pensamiento mezquino con alguna causa moral y virtuosa.

Hay un montón de gente quejándose ahora mismo de que las personas extremadamente bellas sean tratadas de forma diferente, de que salgan en anuncios o sean portadas de revistas de moda. El colmo lo encontramos entre los que abogan por introducir cuotas de físicos no normativos en nuestra televisión pública y señalan a las Chicas del Cable por ser «representadas por actrices de una belleza extraordinaria». Los enemigos de la belleza nunca se mostraron con tanto descaro. Alguien debería explicarles que los genes que definen nuestro físico son algo caótico y aleatorio, y es de mal perdedor intentar arrebatar las ventajas caducas de aquellos pocos afortunados que fueron bendecidos por esta lotería genética. Al resto de mortales todavía nos quedan gimnasios y dietas para intentar competir, o no desentonar demasiado, cuando aparezcamos en una foto con estos milagros de la naturaleza, aunque entiendo que para los enemigos de la belleza sea más fácil directamente intentar destruirla, o como ellos dirían, democratizarla. Y lo peor de todo es que han conseguido convencer a muchas personas bellas de que lo hacen por su bien, y muchas -todas mujeres- han llegado a entender como maldición ese don exclusivo con el que fueron bendecidas al nacer y que las perseguiría al convertirlas en objeto de la mirada masculina.

Ignoro si la Pedroche habría llegado a participar de este circo y debo reconocer que siempre me ha caído simpática. A lo mejor es porque somos del mismo barrio o quizás sea porque no la he seguido demasiado. El caso es que tiene un desparpajo reconocible en aquellas personas que van a lo suyo y eso en pleno 2021 es siempre de admirar. Leo a mucha gente señalar una supuesta hipocresía ya que según cuentan en su momento se habría posicionado públicamente a favor de eliminar las azafatas de la Fórmula 1. Esto es algo que ya busqué en su día y nunca encontré. Sé que existe una misiva hacia ella que se hizo viral en su momento y que comparaba su semi-desnudo para un anuncio de perfumes con el caso de las azafatas, pero nunca con la referencia a esos supuestos comentarios que habría emitido Cristina y que la dejarían en evidencia. Si alguien, de los muchos que señalan la contradicción de la presentadora de Atresmedia, pudiese enlazarme la referencia a tales afirmaciones en los comentarios de este artículo le estaría agradecido. Si nadie es capaz de hacerlo simplemente daré por hecho que es el típico bulo que se ha ido transmitiendo por redes sociales y que ya muchos reproducen de forma automatizada.

El caso es que este año ha salido a la luz la diferencia de sueldos entre Pedroche y su compañero Chicote. Y algunos se han llevado una sorpresa al descubrir que Cristina gana el doble que el chef de “Pesadilla en la cocina”, no me lo esperaba… Ironías aparte, la diferencia de sueldos es notable por hacer presuntamente el mismo trabajo, pero un escueto análisis nos alumbrará el por qué de esa diferencia y cómo Cristina Pedroche, y su popular y morbosa intriga del vestido, habrían conducido a Antena 3 a récords históricos de audiencia en las campanadas entre las cadenas privadas. Sin embargo, el relato de la guerra de géneros está tan instalado dentro de nuestra cultura, así como la sensibilidad hacia la capitalización de la sexualidad femenina, que todo el mundo está a la que salta y le bailamos el agua al juego de las identidades cada vez que una de estas polémicas salta a la palestra.

Si los ministerios de igualdad, las feministas y hasta la ONU no perdieran el culo literalmente hablando de una injustísima brecha salarial, a la vez que ignoran deliberadamente todas las razones objetivas que llevan a esta justa diferencia de salarios, probablemente ahora no tendríamos una sociedad mezquina pendiente de cuánto cobra el género contrario para lanzarlo al colectivo de turno y aferrándose a unas reglas de juego totalmente acríticas y marcadas por un relato ideológico absurdo.

Que es a donde nos llevan las políticas identitarias: a gente dividida, refugiada en su grupo, con el hacha preparada para arrear a los grupos contrarios y con un umbral de tolerancia asquerosamente bajo.

Los ingredientes necesarios para la guerra. Que es como nos quiere esta gente, enfrentados.

Que no cuenten conmigo.

Larga vida a Cristina Pedroche, a sus tetas, a su culo, y a sus vestidos para las campanadas de fin de año.

Puedes ver los vídeos de Un Tío Blanco Hetero (Sergio Candanedo) en: https://www.youtube.com/channel/UCW3iqZr2cQFYKdO9Kpa97Yw

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