Ya sabemos que cuando, en víspera de unas elecciones, los políticos guerrean por los votos -en definitiva, por el poder- cometen excesos y exageraciones, de ahí la consuetudinaria frase: en campaña electoral vale todo. Pero en la batalla del 4-M que culmina mañana se ha llegado a sublimar lo esperpéntico y, orillando a la razón, se sobrepasó el listón.

Son varios los ejemplos de la bazofia enlatada que, previamente diseñada por los diversos ivanesredondos, ha sido enviada a los electores remitidos por algunos candidatos. Pero sin duda la palma se la lleva la cantinela del llamado cordón sanitario. Bueno es recordar que ha surgido a mitad de la campaña, una vez que la izquierda constata que las encuestas pronostican que seguirá en la oposición. Y así, pronosticada su derrota, están intentando al menos amargar la preconizada victoria de Ayuso pretendiendo afear sus posibles apoyos parlamentarios posteriores.

Para hacerlo, han retrocedido 85 años en la historia recuperando el discurso del 36 aún a sabiendas de la actual y absoluta inexistencia de las condiciones, circunstancias y actores que hubiera entonces. No puede sorprender demasiado que esa sea la táctica de Podemos y de su escisión, pues al fin y al cabo unos y otros viven de mantener vivo el guerracivilismo. Pero resulta increíble que Gabilondo se empeñe en demostrar que él, en política, no es sino agua con sifón, y se haya sumado al discurso de la ultraizquierda. Ha destruido su imagen de seriedad y formalidad que se nos ha pretendido vender y, en un lamentable seguidismo de los radicales, se ha sumado al grito de ¡No pasarán! enarbolando el falaz discurso del condón. Discurso que se basa en una mentira, un engaño y una dosis inimaginable de cinismo.

En efecto, el discurso del condón se fundamenta en una gran mentira, pues en la España actual no existe la amenaza del fascismo. Vox, el supuesto amenazante, no es más que un partido conservador -si se quiere, muy conservador- que está dirigido y es votado por desencantados del rajoyismo. Ni cuestiona el sistema democrático ni ejercita la praxis violenta del fascio. Muy al contrario, suele ser víctima de la violencia parapodemita.

Ofrecer el voto a la derecha

Pero, además, el discurso del condón se estructura con un manifiesto engaño al esgrimir la experiencia francesa como ejemplo. Los condonitas saben bien que la causa de lo que sucede en Francia es un sistema electoral radicalmente distinto al español. Y también saben, aunque lo omitan, que cuando la izquierda francesa se asusta por el fenómeno lepenista, ofrece sus votos a la derecha. Verbigracia, segunda vuelta presidencial entre Jaques Chirac y Jean Marie Le Pen en 2.002. Si de verdad los condonitas vieran una amenaza fascista en Vox, ofrecerían sus votos para investir presidenta a Isabel Díaz Ayuso.

Pero con todo, lo más indecente es el cinismo con el que Gabilondo defiende el discurso del condón. Preconizar el aislamiento de Vox cuando tu partido ha metido en el Gobierno de la nación a la ultraizquierda comunista es amoral. Preconizarlo cuando tu partido debe su investidura a un partido independentista que ha protagonizado un golpe de estado es repugnante. Preconizarlo cuando tu partido ha llegado a acuerdos parlamentarios con el grupo político heredero de ETA es execrable. Por ello, resulta vomitivo escuchar el discurso del condón a Gabilondo, el nuevo sansirolé de la política española. Recuerdo que su hermano, maestro de periodistas, me comentó que cuando el hoy candidato le pidió consejo ante la oferta de Zapatero de hacerle ministro, el gran Iñaqui le contestó: Di que no y sal corriendo. Si hubiera seguido el consejo, mejor le iría a él, a su partido y a España.