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Rubén Arranz

El dardo de Arranz

La comparecencia más temeraria de Pedro Sánchez, el imprudente

No hay que ser doctor en Historia para tener claro que, durante las grandes crisis, es tan importante tomar decisiones acertadas como demostrar liderazgo

El Gobierno cierra la Comunidad de Madrid por la crisis del coronavirus
El Gobierno cierra la Comunidad de Madrid por la crisis del coronavirus EFE

El enésimo desatino del Gobierno de Pedro Sánchez se ha producido hace unos minutos, cuando ha anunciado el establecimiento de un estado de alarma sin aclarar las medidas que contemplará. Avanzar una medida de tal calado sin concretar la forma en la que condicionará la vida de los españoles durante los próximos 15 días resulta arriesgado, entre otras cosas, porque implica aumentar la incertidumbre en un momento en el que los ciudadanos observan con preocupación la evolución de una pandemia que amenaza con colapsar el sistema hospitalario.

No hay que ser doctor en Historia para tener claro que, durante las grandes crisis, es tan importante tomar decisiones acertadas como demostrar liderazgo. Mientras Italia trataba de frenar la expansión del virus con medidas drásticas de orden público; y Francia y Alemania aprobaban inversiones para tratar de amortiguar el golpe que esta infección ha asestado a la economía, España ha actuado con una incomprensible tibieza que ha evidenciado la debilidad del Ejecutivo. Es decir, el defecto que con más pericia se debe maquillar en estas situaciones.

La comparecencia que acaba de pronunciar Pedro Sánchez revela que, o bien el Gobierno no dispone de los medios necesarios para decretar el estado de alarma este viernes; o bien no lo tenía preparado. Dos situaciones hipotéticas que son imperdonables si se tiene en cuenta que el guión que se ha reproducido en España es similar al de Italia y era fácil de prever cómo se iban a desarrollar los siguientes capítulos de esta crisis.

Una demora innecesaria

En cualquier caso, este difuso anuncio del estado de alarma permitirá la libre circulación de personas durante al menos 24 horas más, lo que no resultará especialmente beneficioso para la contención de esta enfermedad. Especialmente, si hay ciudadanos que deciden -en contra de toda lógica- abandonar Madrid para evitar estar expuestos al principal foco de contagio de España. Por esta razón, los llamamientos a la “responsabilidad” y a la “disciplina social” que ha hecho Sánchez en su discurso se los podría aplicar a sí mismo y a su Gobierno, dado que la tibieza que ha exhibido en los últimos días -y especialmente hoy- han añadido más leña al fuego, en lugar de contribuir a sofocarlo.

Las consecuencias de esta actitud no han tardado en producirse. El Ibex 35 había logrado remontar esta mañana tras el batacazo del jueves y su mejora se cifraba en 10 puntos porcentuales. A las 17.00 horas, a pocos minutos de su cierre y tras el penoso discurso de Sánchez, sólo ganaba el 2,23%. En este factor, evidentemente, también ha influido la falta de arrojo de la UE a la hora de consensuar medidas para paliar los efectos del coronavirus.

Los países necesitan dirigentes con la capacidad de anticiparse a los problemas y calmar las aguas en momentos de dificultad. Es lo contrario que ha demostrado este Ejecutivo, que, pese al precedente de Italia, ha actuado tarde y mal para frenar esta crisis. Advertía este viernes por la mañana un tertuliano conocido por haber vivido durante muchos años a la sombra del PSOE que no es momento para la refriega política, sino que todos debemos remar en la misma dirección.

Ciertamente, resulta difícil evitar el pensamiento de que, de un tiempo a esta parte, el Gobierno y sus aliados mediáticos nos toman por idiotas. ¿Cómo se puede pedir una actitud acrítica ante la gestión de esta crisis?

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