Opinión

Coitus interruptus

La fiesta de la política nos sale demasiado cara como para que, encima, no se logren alcanzar los objetivos. De frustración en frustración

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante la sesión de control en el Congreso.
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, durante la sesión de control en el Congreso. EFE

El gran fracaso de la política en mayúsculas que estamos viviendo estos meses y las nuevas elecciones convocadas para el 10-N me recuerdan a un coitus interruptus de los malos. Nuestros actores políticos nos van calentando, nos llevan a elecciones, y cuando toca llegar al clímax, es decir a formar un gobierno, van y dan marcha atrás. Si tras el 10-N alcanzamos el clímax será un exitazo, pero así el panorama político no se puede descartar nada.

Estamos ante cuatro elecciones en cuatro años, y en estos cuatro años la política en España ha dejado de ser bipartidista. Tras los cuatro grandes partidos avalados por los ciudadanos en 2015 y en 2016, ha llegado un quinto en 2019, Vox, y ahora la manera de hacer política ya no es la de uno gana y el otro está en la oposición, dejamos atrás aquella política PP-PSOE para pasar a otra manera de hacer las cosas y de llevar el país: la política de pactos entre unos y otros. La vida política ha cambiado como los tiempos y los actores políticos han dejado de ser dos, olvidémonos de Aznar y González, de un líder de gobierno y un líder de la oposición, eso ya no se lleva.

El mapa político nos dice que están condenados a entenderse hoy y tras el 10-N. Pero en España, tras el gran fracaso de la política en mayúsculas, eso de asumir responsabilidades por parte de nuestros políticos no se lleva y por lo tanto tampoco entonan el mea culpa. Algunos van de víctimas y otros quieren hacer ver que han hecho lo que está en sus manos para no seguir bloqueando el país. Cierto es que unos tienen más parte de culpa que otros, léase Sánchez e Iglesias, pero los demás no están exentos.

Se apunta desde el PSOE que cómo le van a interesar a Sánchez unas nuevas elecciones si él es el ganador. No, hombre no. Por eso no se ha reunido jamás desde la investidura fallida, a finales de julio, con su principal socio de gobierno, por eso va y disuelven las Cortes días antes de que expire el plazo de negociación que finaliza el lunes 23.

La izquierda ha tenido una oportunidad increíble y no la ha sabido aprovechar, ni ha demostrado capacidad de negociación

Ahora ya no tenemos presidenta del Parlamento, una institución que, sin aprobar ni una ley porque no hay Gobierno, ha gastado en sueldos y, entre otros, en viajes de nuestros representantes públicos 23 millones de euros. Parece ser que algunos por la mañana se lavan con aceite, se embadurnan, y lo que dicen los ciudadanos en las urnas les importa un bledo hasta que el resultado no sea más ajustado decantando la balanza hacia uno u otro lado, todo les resbala.

Ellos viven permanentemente pensando en campañas cuando lo que deberían pensar es en la gestión del país. Nos toman el pelo y encima nos dicen que para la próxima votemos mejor. Pues bien, me parece a mí periodísticamente hablando, que la izquierda ha tenido una oportunidad increíble y no la ha sabido aprovechar, ni ha demostrado capacidad de negociación ni de gestionar un país. Las buenas ideas, que las tienen, los buenos proyectos que también los tienen, necesitan de una capacidad de gestión para llevarse a cabo que ha resultado nula.

Nadie dijo que fuera fácil, no lo es. Es complicado llegar a acuerdos, pero si existiera la máxima de hacerlo por el bien común, llegarían. Esa máxima es sólo un sueño, una ilusión inocente. La política es otra cosa a juzgar por los actos de todos ellos en los últimos cuatro años. Los votantes de izquierdas no han llegado al orgasmo, se han quedado en un coitus interruptus de los malos y recordemos que los de la derecha son mucho más disciplinados para todo. La fiesta de la política nos sale cara y si encima no llegamos al clímax apaga y vámonos.

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