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Juan Laborda

Opinión

2021: ¿el comienzo de la hegemonía china?

Solo un conflicto de orden militar puede frenar aquello que ya es inevitable. El peligro es que desde los Estados Unidos se haga esta interpretación, como ya está ocurriendo

Xi Jinping, presidente de China.
Xi Jinping, presidente de China.

Este 2021 puede marcar el inicio de una nueva hegemonía, la china. Tal hecho es posible que converja con una crisis financiera en Occidente, tal como ya avisamos desde estas líneas. Se trata de una nueva realidad que ha tomado cuerpo en los últimos años, y se ha acelerado durante la pandemia de la covid-19. El imperio dominante, el estadounidense, se encuentra bajo la certeza de que otro país, China, le está disputando la hegemonía en todos los frentes, y que solo es cuestión de cifrar cuando la pierde. La covid-19 simplemente ha puesto de manifiesto esta realidad: China ha erradicado la ha erradicado de manera eficaz, con un número mínimo de muertes, especialmente si lo comparamos con el desastre tanto de los Estados Unidos como de Europa, cuyos sistemas de salud pública han mostrado una enorme debilidad, tras años de desinversiones, mientras que se daba alas a una industria farmacéutica socialmente ineficiente, pero tremendamente lucrativa. El sociólogo e historiador estadounidense, Mike Davis, en su visionario libro, Llega el Monstruo, en el que previó la covid-19 y otros virus aún por llegar, dentro de las contradicciones estructurales, señalaba el papel del oligopolio farmacéutico, guiado exclusivamente por meros intereses económicos, sin control alguno por parte de unos Estados que deberían haber velado, y no lo han hecho, por la salud pública.

Otro hito chino del que apenas se ha hablado en los medios occidentales es que China en 2020 ha erradicado la pobreza extrema. La noticia se dio a conocer en noviembre de este año. Lo logrado por China equivale a más del 70% de reducción de la pobreza global y lo ha alcanzado 10 años antes del plazo establecido por la Agenda 2030 de las Naciones Unidas.

China, en definitiva, aprovechó el hueco y la oportunidad que le dio Occidente, y solo es cuestión de tiempo que recupere el trono mundial que ejerció durante milenios. Los últimos 150 años son, en la interpretación china, un paréntesis del que han aprendido los errores. Estados Unidos lo sabe y trata de ganar tiempo e influencia para, llegado el momento, no quedarse descolocados. Lo que estamos viendo se puede resumir en una frase: "China is not emerging. It is re-emerging." Nadie, salvo Estados Unidos, puede competir con un país con un desarrollo tecnológico que, además, tiene un control estatal de la tierra, de la banca y una planificación estratégica de largo plazo. Solo un conflicto de orden militar puede frenar aquello que es inevitable. El peligro es que desde los Estados Unidos se haga esta interpretación, como ya está ocurriendo. Pero tal como advierten los propios militares estadounidenses, ya es tarde para ello. El poder militar chino se aceleró más de lo previsto y un conflicto directo o indirecto sería letal para los propios intereses estadounidenses.

La política económica

Pero donde sin duda la visión de largo plazo del país del lejano Oriente ha quedado perfectamente plasmada es en la política económica. Para entender las expectativas de futuro en los distintos ejes de la política del país asiático es fundamental aproximarse a Xulio Ríos y su Observatorio de la Política China. Ríos nos recuerda como a mediados de diciembre tuvo lugar la Conferencia Central sobre Trabajo Económico que se vio complementada con la celebración de la primera Conferencia Central sobre el Trabajo relacionado con la Gobernanza Integral, que se celebró entre el 16 y el 17 de noviembre pasado. Ambas piezas forman parte de una misma agenda que marcará el rumbo de China en los próximos años tanto en lo político como en lo económico.

Según Ríos, lo más llamativo es la brutal crítica que desde el gobierno se ha hecho a los gigantes nacionales de Internet “por estar demasiado concentrados en el éxito rápido y obsesionados con monetizar su gran base de usuarios cuando lo que deberían hacer es invertir en innovación tecnológica y obtener mayores beneficios dentro de ese sector”. Se les conmina además a que “hagan más por asumir la responsabilidad en la promoción de la innovación en ciencia y tecnología, fundamental responsabilidad social de ese tipo de empresas”. Y reiteraba la importancia de los nuevos reglamentos en curso para “erradicar el monopolio de la industria, con 27 empresas, entre ellas Alibaba, Tencent y JD.com en la lista”. Todo ello coincide con la reunión del Buró Político del 11 de diciembre en la que se subrayó el “papel estratégico de la ciencia y la tecnología”, al tiempo que se pidió el “fortalecimiento de los esfuerzos antimonopolios y la prevención de la insalubre expansión del capital”.

Las iniciativas del Partido Comunista chino apuntan claramente a limitar el poder de las grandes empresas privadas del sector a través del impulso de regulaciones restrictivas

En paralelo, cabe destacar igualmente el incremento de la vigilancia sobre los casos “demasiado grandes para fracasar”, multiplicando los controles para evitar riesgos sistémicos asociados a las empresas tecnológicas y el mercado de micropagos. Se trata de una estrategia diseñada para fortalecer los esfuerzos antimonopolio y la prevención de una “insalubre expansión de capital”. En la Conferencia Central de Trabajo Económico se enunció el objetivo de fortalecer las tecnologías estratégicas nacionales con esfuerzos que incluyen aprovechar al máximo el papel del Estado en la organización de las principales innovaciones científicas y tecnológicas. Es decir, el sector público va a desempeñar en el futuro un papel de mayor significación en este ámbito. Las iniciativas del PCCh apuntan claramente a limitar el poder de las grandes empresas privadas del sector a través del impulso de regulaciones restrictivas que afectarán tanto a su tamaño como a sus actividades a fin de que no pongan en riesgo ni la seguridad financiera, ni económica, ni política del país.

Desde el país del lejano Oriente meten mano decididamente en dos temas que constituyen ya un cáncer en Occidente: la financiarización de la economía, y las empresas demasiado grandes para quebrar. No se va a permitir monetizar beneficios a costa de inversiones futuras en ciencias y tecnología, y tampoco se va a permitir que las empresas alcancen un tamaño que ponga en riesgo la seguridad financiera, económica y política de China. Sin duda han estudiado juiciosamente las debilidades de Occidente y han aprendido la lección. ¿Nosotros? ¡Me temo que aún no!

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