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Gabriel Sanz

OPINIÓN

El 'chalé' de Rivera

El 'pucherazo' en las primarias de Ciudadanos en Castilla y León puede acabar convirtiéndose en algo así como el 'chalé en las afueras' emocional de los 'naranjas'

Silvia Clemente en su comparecencia ante los medios de comunicación.
Silvia Clemente en su comparecencia ante los medios de comunicación. EFE

Cuando Pablo Iglesias e Irene Montero decidieron hacer con su dinero lo que les dio la gana, es decir, comprarse un casoplón de 700.000 euros en Galapagar, no calibraron suficientemente el impacto emocional que el 'chalé a las afueras' -icono burgués por excelencia- iba a causar en Podemos.

Años de estomagante lucha mediática de los de 'abajo' contra los de 'arriba', de camisas a cuadros compradas en Alcampo (sic), de vuelos low cost a Bruselas y Estrasburgo a horas intempestivas, no como los otros eurodiputados de la 'casta', en bussines de Iberia a mediodía, le habían convertido casi en un monje franciscano. Y todo, absolutamente todo, lo tiró a la basura la frágil condición humana. Fue el principio del fin, y en Podemos lo saben, por más que desde la formación morada se convocase un abracadabrante referéndum entre las bases para salvar la cara a la pareja dirigente.

Pues bien, sospecho que el 'pucherazo' de Ciudadanos en las primarias por la candidatura a la Presidencia de Castilla y León, que ha terminado con la anulación de la victoria de Silvia Clemente en beneficio de Francisco Igea, empieza a ser el 'chalé a las afueras' emocional de los naranjas

Porque no se puede basar una carrera política en clamar mañana, tarde y noche contra "la vieja política" de PSOE y PP, invocar la "regeneración" hasta para ir al baño, y a continuación protagonizar un episodio digno de Romero Robledo, alias 'El pollo de Antequera', aquel político de la Restauración que pasó a la historia como epítome de ese caciquismo, digital o no, de voto con sobre 'marcado' o desde una dirección IP de ordenador multiplicada ad infinitum.

El grosero fraude al que hemos asistido en Castilla y León ha hecho saltar por los aires la confianza en todo el sistema de primarias de Ciudadanos

Ahora vienen las excusas, pocas, y ese tan español “la mejor defensa es un buen ataque”. De hecho, ya pudimos ver el lunes por la noche a un nervioso Albert Rivera repetir en la televisión pública y en horario de máxima audiencia la mentira de que en el PSOE no se puede votar a los candidatos porque está "prohibido", como en el PP... Hombre, no, Albert.

Cierto que Pedro Sánchez está desautorizando a algunos candidatos elegidos por la militancia para encabezar las listas al Congreso, y que eso cuestiona que el PSOE sea ahora más "el partido de la militancia" que en tiempos de Felipe González o de José Luis Rodríguez Zapatero.

A Sánchez, como a Pablo Casado, se le eligió en procedimientos de primarias a una o dos vueltas, todo lo opinables que nos parezcan, mejorables, pero reglados por los estatutos de ambos partidos. Y que no fueron fruto de ningún fraude grosero como el que ha hecho saltar por los aires la confianza en todo el sistema de votación de Ciudadanos, hasta el punto de multiplicar las sospechas sobre anteriores elecciones internas, aparentemente inapelables, en Cantabria y Murcia. Atentos.   



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