Miquel Giménezvozpopuli autores
Miquel Giménez

Opinión

De la cena con Rubalcaba a votar que sí a Sánchez

El presidente de la Generalitat, Quim Torra.
El presidente de la Generalitat, Quim Torra. EFE

Mucha gente se pregunta qué va a hacer a partir de ahora Quim Torra. Será oportuno recordar algunas cosas sucedidas no hace tanto tiempo.

El político y la novata

Cuando Alfredo Pérez Rubalcaba se reunió con la coordinadora del PDECAT Marta Pascal y su compañero de partido Jordi Xuclà, diputado en el Congreso, a finales de enero de este año, se sucedieron todo tipo de especulaciones. Hablamos del mismo Rubalcaba al que Albert Rivera hacía alusión como posible presidente interino, ex ministro del Interior, de Defensa, político zorruno y listo al que algunos han definido como el Fouché del socialismo.

Por aquellos días se trataba de ver cómo neutralizar a un Puigdemont enloquecido y desatascar la política catalana. Pascal tenía también otro encargo de la vieja guardia convergente, a la que Rubalcaba conoce muy bien. Era imperativo encontrar una salida airosa para el nacionalismo sin pasar por la casilla de la independencia. Entonces todo esto parecía muy complicado y, de hecho, lo era y lo es. Llegados a un punto de la conversación que fue, según comentan fuentes dignas de todo crédito, franca y cordial, la dirigente del PDECAT le soltó al socialista un requiebro castizo: “A tu lado me siento como la alumna novata que acaba de entrar en la facultad”. Alfredo, que posee un sentido del humor no exento de su malignidad afrancesada, le respondió “Tranquila. Pronto verás que en política la cosa se reduce a saber donde está la llave de paso del agua, saber dar la luz y conocerte la casa”.

No se podía dejar a la masa social independentista con sensación de derrota si no se quería provocar un gravísimo enfrentamiento entre separatistas y constitucionalistas

Los frutos de aquel encuentro han sido bastantes, lo que impide relatarlos en un solo artículo. Por lo que atañe al momento presente, he aquí algunos apuntes. Se concluyó que no se podía dejar a la masa social independentista con sensación de derrota si no se quería provocar un gravísimo enfrentamiento entre separatistas y constitucionalistas. Se trataba, pues, de encontrar una fórmula placebo – según Rubalcaba – y apartar a Puigdemont y el resto de encarcelados o fugados del terreno de juego. Esto se resumía en dos puntos: primero, era imprescindible encontrar un nuevo candidato a la presidencia de la Generalitat que fuese, por un lado, un separatista capaz de convencer a los radicales a la vez que suficientemente inteligente como para pactar con el Estado; segundo, todo dependía de conseguir echar a Rajoy y al PP del gobierno. Ante el escepticismo de los ex convergentes, parece ser que Rubalcaba dijo que, si se contaba con la garantía de que en Cataluña podía conseguirse el primer punto, el segundo era bastante más plausible de lo que parecía en principio.

Pascal volvió a casa con la lista de los deberes hechos y los resultados están a la vista. Torra, con todos los discursos incendiarios y proto racistas que ustedes quieran, ha aceptado el trágala que esconde la propuesta del Círculo de Economía acerca de elaborar un nuevo Estatut dentro de la Constitución. Ya ha recibido sendos palos de la ANC y las CUP, que ven como de implementar la república, nada de nada. Ha conseguido que tanto Esquerra como el PDECAT apoyen a Sánchez en la moción de censura, en contra de la opinión de Puigdemont. Ha formado, finalmente, un Govern integrado por personas sin cuestiones judiciales pendientes. Entiéndanme, esto no resta un ápice ni al discurso ni el fondo ideológico del personaje o sus compañeros. Estoy apuntando lo que se desprende del análisis de aquella cena. Dicho lo cual, ahora veamos qué hizo la otra parte.

Nación de naciones o café para todos menos el señor, que tomará té

Cuando Tardá le dijo a Sánchez el viernes por la tarde “Por favor, no nos tome el pelo”, estaba hablando todo lo claro que le permitían las circunstancias. El plan separatista pasa por la anuencia de Sánchez. Se trata de conseguir más poder sin mencionar para nada la palabra independencia. Observen como en el separatismo ahora todo es hablar de república: “haremos república”, “somos republicanos”, “una república que garantice una mejor vida para sus gentes”. ¿Qué socialista no ve esa forma de gobierno como algo idiosincrático con su forma de pensar? Ese es el gran acierto del mensaje actual.

La parte final del plan es conseguir mediante un nuevo Estatuto, que tendría la condición de Constitución catalana, dejar a Cataluña con un régimen similar al de Euskadi: ordinalidad, bilateralidad, hacienda propia, aumento de competencias, blindaje de las actuales y una reforma constitucional en la que se incluyan todas esas mejoras estatuarias añadiendo un párrafo en el preámbulo, por ejemplo, en el que quede reflejada la singularidad específica de Cataluña, su idioma y su régimen político dentro de España.

Para llegar hasta ahí, y todo esto lo iremos viendo en los próximos meses, se ha tenido que urdir una trampa saducea en la que Rajoy no tenía más remedio que caer. La zanahoria que se encontraba en el foso eran los presupuestos generales del Estado y los encargados de hacer que, tanto gobierno como PP, se precipitasen en ella han sido los chicos del PNV, que no conocen otros amigos ni intereses más que los suyos. Urkullu, que estaba y está francamente cabreado con los separatistas catalanes, especialmente con Puigdemont, por considerarlo poco menos que tonto e ingrato – recuérdese el papel de Urkullu como mediador entre Rajoy y el ahora cesado President, como le convenció para que convocase elecciones y como el de Bruselas, presionado por Esquerra, al final se desdijo – ha sido uno de los principales cerebros de la, permítanme la licencia, trama. Hay que decir que la situación judicial del PP lo facilitaba todo. Bastó con la sentencia de la Gürtel que, como supondrán, no pilló desprevenido a nadie.

Ahora Torra está más que respaldado para ir a ver a Sánchez, que lo invitará a Moncloa en los próximos días

Todo estaba más o menos cronometrado. Rajoy sale, se va el PP de Moncloa – ojo, que no del Senado donde tiene mayoría o del Congreso donde, se quiera ver o no, conforma el grupo parlamentario más numeroso – y llega Sánchez. Sin tener nada escrito, sin acordar nada, sin exigir contrapartidas, los separatistas le brindan su apoyo como un solo hombre. Incluso Bildu. Ahora Torra está más que respaldado para ir a ver a Sánchez, que lo invitará a Moncloa en los próximos días, dialogar o tomar café o ver una película de indios para luego salir y decir “Ahora sí. Ahora hay diálogo. Ahora podemos construir república”. Y así continuar con el modus vivendi separatista, dejándonos a los constitucionalistas catalanes a los pies de los caballos o peor, porque ahora el PSC será tratado con un cariño tremendo por parte del Govern y a Miquel Iceta le pondrán un piso. Al tiempo.

Todo esto no es más que el relato de cosas que suceden detrás de las bambalinas, claro. Diría, además, que es incompleto, porque se omiten nombres propios, poderes fácticos, incluso alguna que otra embajada de país amigo. Da lo mismo. Lo sustancial es que a España le han dado la vuelta como a un calcetín en cuarenta y ocho horas. Unos salen y otros entran. ¿Para qué? Para seguir las enseñanzas de Lampedusa y, seguramente, para que en Ciudadanos se queden un largo tiempo desconcertados y recibiendo ataques por ambos lados.

Bueno, y para que la Bolsa suba, el IBEX funcione y la inversión extranjera acuda. Como en Italia, donde han pasado de no tener gobierno por no aceptar el diktat presidencial a tragarse al nuevo ministro de economía. El espectáculo debe continuar.

Recibe cada mañana nuestra selección informativa

Acepto la política de privacidad


Comentar | Comentarios 0

Tienes que estar registrado para poder escribir comentarios.

Puedes registrarte gratis aquí.

  • Comentarios…

Más comentarios

  • Mejores comentarios…
Volver arriba