Vía muerta esa es la vía en la que está Cataluña a pocos días de la llamada fiesta de la democracia, de las elecciones de este domingo. Estamos en carnaval, en ese carnaval político en el que cada vez más se convierte una campaña electoral y hasta la política en sí misma. En la noche del miércoles, los nueve candidatos y candidatas se disfrazaron de una cosa, hoy de otra y pasadas las elecciones, sorpresa asegurada. Muy en especial en lo que se refiere a futuras alianzas, porque sus respectivos programas lo deja claro. Otra cosa es lo que digan en un debate televisivo o en una entrevista, que parece no tener importancia porque cambian la versión en función de los resultados y tiran la honestidad por el sumidero, al menos a juzgar por sus últimas apariciones públicas o el debate en TV3.

Jugaban en casa y no hubo sorpresas pese a que hay que decir que comunicar en televisión, en un debate a 9, no es fácil: comunican los gestos, la vestimenta, el tono, el discurso, la oratoria, el contenido, la capacidad de reacción frente al ataque... Comunica todo, también el silencio. Tras casi tres horas de preparado debate uno llega a la conclusión de que vamos a seguir en vía muerta si los resultados no son claros para tener unos pactos estables. La vía de la negociación y del pacto queda en punto muerto si nos basamos en los ataques constantes entre unos y otros.

Entre el cambio y el reencuentro

Pasó en televisión lo previsto, los independentistas se tiraron los platos por la cabeza entre la vía amplia del líder de ERC, Pere Aragonés,  y la vía muerta que dice la líder de Junts, Laura Borràs, que es la vía de Junqueras. Los socios del hasta ahora Gobierno catalán siguen demostrando lo muy distanciados que están y esa es la vía más muerta que pueda existir para los que ofrecen a los ciudadanos una Cataluña independiente. ¿Qué tipo de independencia van a conseguir si no se ponen de acuerdo entre ellos? ¿Qué tipo de cambio o reencuentro puede haber, como propone Illa entre la mayoría constitucionalista, si tampoco hay unidad entre las diferentes formaciones? Y en esta guisa, mientras unos y otros se pelean, otros aprovechan la débil situación en la que estamos para filtrar un mensaje que cala hondo entre todos aquellos que lo están pasando mal y que sienten que ni Cs, ni PP, ni PSC van a dar un golpe en la mesa para cambiar las cosas, que sienten que la realidad puede ser otra.

Eso que dice Vox de que “se ha acabado el tiempo de robar a los catalanes” cala hondo no solo entre los que no quieren independencia, sino también entre los que durante esta pandemia lo han perdido todo. Quizás viviríamos mejor con una mayoría aplastante de ERC o de Junts -por separado, no juntos que ya hemos visto que no ha funcionado- que nos condujera a la independencia sin titubeos, o con una mayoría aplastante del PSC, de Cs o del PP -también por separado- que nos mantuviera en el status legal en el que estamos pero mejorando la vida de todos los ciudadanos convirtiendo en excelentes pilares básicos de la sociedad como la educación, la sanidad o la economía. Esto no es que sea posible, es una vía más que muerta. Ni unos ni otros ofrecen más alternativa que conseguir una mayoría absoluta y eso no es alcanzable, ni real.  La democracia política ha cambiado mucho en este país como para esas mayorías que en su día obtuvieron Jordi Pujol, Felipe González o José María Aznar. Tiempo pasado, vía muerta. Ahora estamos en la vía de los pactos para gobernar.

Aún quedan horas de campaña y debates decisivos en los que van a tener que ser capaces de ganar la batalla de la comunicación, de demostrar capacidad de gobierno y de gestión, de presentar equipo como ha hecho Illa o Laura Borrás, de convencernos que nos van a sacar de esta vía muerta en la que estamos en Cataluña. Sin pandemia ya lo estábamos y con pandemia aún peor. Con mascarilla siempre.