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Verónica Fumanal

Opinión

Táctica de supervivencia

Ciudadanos se ha adelantado por el centro y ha conseguido visibilidad y discurso, en detrimento del inmovilismo de PP

El presidente del PP, Pablo Casado, en un acto en el País Vasco.
El presidente del PP, Pablo Casado, en un acto en el País Vasco. EFE

Y por fin, la crispación y el insulto dejaron paso al acuerdo. El decreto de la 'nueva normalidad' y las conclusiones de la comisión de reconstrucción no responden a lalógica de bloques, sino a la transversalidad propia de las cuestiones de estado, del bien público. Cómo es posible que en apenas unos días haya sido posible un entendimiento entre Gobierno y oposición cuando parecía que los puentes estaban rotos. Es cierto que una cosa es la escenificación de la politica que se ve representada en las sesiones de control y otra bien distinta las bambalinas, donde todos son más colegas de lo que nos dejan ver. Sin embargo, es cierto también que la relación de los lideres del PSOE y PP estaba muy deteriorada. Veamos cómo y porqué el PP ha pasado de acusar a Sánchez de mentir, esconder muertos y de promover una dictadura constitucional a apoyar el ingreso mínimo vital, el decreto de nueva normalidad y las conclusiones de la comisión de reconstrucción.

Cuando en España empezó la pandemia, el PP tuvo que valorar de forma repentina cuál iba a ser su nueva estrategia de oposición. No es lo mismo el normal devenir del inicio de una legislatura, que el tener que afrontar el mayor reto sanitario de nuestra democracia reciente. En aquel momento, Casado decidió posicionarse al lado del Gobierno mediante un apoyo critico. La aprobación del estado de alarma y las tres prorrogas sucesivas contaron con el PP y con un Casado que afirmó el 18 de marzo en sede parlamentaria “señor Sánchez le digo que no esté solo en la batalla contra esta pandemia. Para combatirla puede contar con el principal grupo de la oposición”.

Tierra de nadie

Este apoyo crítico duró mes y medio, concretamente hasta el 6 de mayo cuando el PP votó abstención y situó a los conservadores en una especie de limbo incómodo. La falta de rentabilidad de la nueva estrategia fue evidente. Ciudadanosse situó como el nuevo partido de la gobernabilidad copando titulares que los calificaban de responsables y salvadores de la situación y Vox rentabilizaba la oposición radical de los haters del Gobierno de coalición. Esta posición de tierra de nadie forzó a los populares a transitar hacia el voto negativo, y el 20 de mayo, Casado afirmó con rotundidad indignada que “hasta aqui hemos llegado” y votó en contra del estado de alarma, abandonando al gobierno a merced de los grupos minoritarios, cuando el pico de la pandemia todavía andaba desbocado.

Desde entonces, Pablo Casado, Cayetana Álvarez de Toledo e Isabel Díaz Ayuso conformaron el escuadrón de la crispación y el insulto para intentar liderar la extrema oposición en detrimento de Vox, y, por consiguiente, situando las siglas del PP lejos del espacio de la oposición de Estado. Sin embargo, no todos los lideres conservadores siguieron la estrategia marcada por Génova. Nuñez Feijoo, Moreno Bonilla o Fernández Mañueco decidieron mantener un posicionamiento más moderado, que les permitiera interlocutar con la oposición y cooperar con el Gobierno central en el ámbito de la gestión de la pandemia. Todos ellos, evitaron replicar el argumentario de Génova y con una presencia nacional discreta, se dedicaron más a gestionar sus competencias que a arremeter contra el gobierno.

Su fuerte presencia mediática y las medidas de protección social han dejado poco margen para la oposición, que sin apenas iniciativa ha tenido que conformase con criticar lo que hacia el Gobierno

Y esta semana hemos llegado al nuevo viraje táctico de los populares, un nuevo tono y posicionamiento que responde a varias casuísticas. En primer lugar, existe cierto consenso entre la opinión publicada en que el Gobierno ha salido vivo de la gestión de la pandemia. Su fuerte presencia mediática y las medidas de protección social han dejado poco margen para la oposición, que sin iniciativa ha tenido que conformase con criticar lo que hacia el Gobierno. El PP no ha sido relevante, en su lugar, Ciudadanos le ha adelantado por el centro y ha conseguido visibilidad y discurso, en detrimento del PP. Casado necesita recuperar espacio, presencia y relevancia.

El discurso del PP fue recrudeciéndose hasta tal punto que en la mayoría de las ocasiones resultaba tan crispado como inverosímil, y le colocaba en un espacio ideológico mucho más radical que la media de sus votantes. Conocedores de su orografía electoral, los perfiles moderados del PP, como Ana Pastor en la comisión de reconstrucción, los presidentes autonómicos mentados o el propio alcalde de Madrid fueron adquiriendo mejores cuotas de valoración contrastando con la dirección nacional. Lo que nos lleva a la segunda cuestión: Casado corre el riesgo de dividir al partido en dos mitades, él la parte radical, mientras que los moderados, como Feijóo aumentan su popularidad y resultados electorales; algo que dejaría al líder del PP en una posición de solitud y debilidad.

Esta cumbre de la CEOE ha sido decisiva tanto para el Gobierno como para la oposición, en especial tras las previsiones catastróficas para nuestra economía del FMI o del Presidente del Banco de España

En tercer lugar, no es una casualidad que la súbita voluntad de acuerdo del PP llegue tras la cumbre de la CEOE en la que Garamendi reunió a los empresarios más importantes del país. Los discursos, en ocasiones con intereses divergentes, coincidían en la petición de entendimiento de los partidos políticos para abordar reformas estructurales, es decir, que permanezcan en el tiempo aunque haya cambio de gobierno. Esta cumbre de la patronal ha sido decisiva tanto para el Gobierno como para la oposición, en especial tras las previsiones catastróficas para nuestra economía del FMI o del Presidente del Banco de España.

Cabe una última reflexión sobre los cambios repentinos de posicionamiento en los partidos políticos, que algunos reprochan al subrayar la ausencia de proyectos de país. En ocasiones, cuando se habla coloquialmente de estrategia politica, se confunde con la táctica. Estrategia es una decisión a largo plazo, con objetivos a largo plazo. Esto en politica ya no existe, ha sido sustituida por la táctica, el regate corto, el partido a partido que popularizó el Cholo Simeone y que en politica asumió sin complejos, de manera exitosa, Pedro Sánchez.

Táctica y supervivencia

Eso quiere decir que en ningún lado está escrito que el Gobierno acabe la Legislatura con los mismos socios parlamentarios con los que empezó; que la voluntad de diálogo del PP dure hasta otoño y la negociacion de los Presupuestos; que el Gobierno de Sánchez se siente en la mesa con la Generalitat de Cataluña en julio; o que ERC rompa con el Gobierno de coalición hasta que pasen las elecciones en cataluña. Nadie puede asegurar que pase lo uno o lo contrario, y quien diga saberlo, tiene tantas posibilidades de acertar como de equivocarse, porque la nueva politica era eso, pura táctica de supervivencia. De eso, dependerán futuros acuerdos.

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