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Miquel Giménez

Opinión

A Puigdemont no hay quien lo eche

El expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont
El expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont EFE

El fugado no piensa ceder ni un milímetro. Esa es la conclusión a la que han llegado los miembros del PDeCAT, así como también sus ex socios de Esquerra. Enrocado en su personalismo, Carles Puigdemont sigue obcecado con que todo lo que pase en Cataluña gire alrededor suyo.

La candidatura de Jordi Sánchez, un brindis al sol

Si alguien esperaba que de la reunión del pasado miércoles entre el cesado president y las gentes de Junts per Catalunya y el PDeCAT saliera alguna fórmula que desbloquease el impasse catalán, se equivocaba. El cesado president mantiene la candidatura, imposible, por otra parte, de Jordi Sánchez contra viento y marea. Su estrategia consiste en alargar el máximo posible los tiempos políticos, porque cree que así refuerza su posición política de cara a unas elecciones catalanas que todos dan ya por más que seguras.

Elecciones a las que el de Bruselas acudiría sin el PDeCAT y con partido propio, integrado por sus fieles de la candidatura de Junts per Catalunya, e incluyendo en la lista a diversas personalidades de diferentes ámbitos con tirón popular. En círculos íntimos del expresident se habla de Pep Guardiola, Pilar Rahola o Toni Albà, todosdefensores a ultranza de la figura del fugado, además de ser personas que gozan de su total confianza política. A estos se unirían, lógicamente, sus fieles ElsaArtadi,Eduard Pujol y Quim Torra, junto con otras posibles incorporaciones de la llamada “sociedad civil” independentista, como el actual dirigente de la ANC Agustí Alcoberro.

Puigdemont, que viaja este próximo domingo a Suiza para participar en un debate sobre autodeterminación organizado por el Festival de Cine y Fórum Internacional de los Derechos Humanos, podría aprovechar el desplazamiento para sondear a Anna Gabriel, de las CUP, y conocer de primera mano su disposición a formar parte de la “lista del President”. Gabriel sería el puente que uniría al entorno de Puigdemont con las CUP, cada vez más críticas con la forma en la que se está llevando el proceso desde Cataluña.

Todo esto choca con la realidad política, incluso con la que se vive dentro del espacio separatista. Oriol Junqueras, actualmente en prisión preventiva junto a los dos Jordis y al ex conseller de Interior Joaquim Forn, ha dejado claro que “no somos república”, en abierta discrepancia con las tesis que defienden los de Bruselas. Los del antiguo partido de Puigdemont, la neoconvergencia del PDeCAT, reconocen no tener ningún control sobre el expresident, no ocultando su malestar acerca de la estrategia de pura supervivencia personal de este, así como del callejón sin salida al que tiene sometida a la política catalana.

La estrategia 'puigdemoniana' tiene, sin embargo, un fallo: incluso entre los suyos comienza a extenderse la idea de que conviene formar gobierno lo antes posible"

De hecho, la queja más frecuente entre los antiguos compañeros del cesado es la que le afea carecer de la generosidad que tuvo Artur Mas al “dar un paso al lado”. La misma coordinadora general del partido, Marta Pascal, asegura que nadie puede pensar que van a renunciar al bagaje y el activo político que supone el PDeCAT, en referencia a las continuas amenazas del ex president, que insiste en hacer de Junts per Catalunya un partido propio.

La estrategia puigdemoniana tiene, sin embargo, un fallo: incluso entre los suyos comienza a extenderse la idea de que conviene formar gobierno lo antes posible. Eso solo puede llevarse a cabo con un presidente sin temas pendientes con la justicia, con libertad para desempeñar el cargo, dentro del marco legal constitucional y con los consensos necesarios para ser investido. Ninguno de los presos, fugados o imputados en libertad bajo fianza cumplen estos requisitos. Pero a Puigdemont le da igual.

Hablar de elecciones es tabú

El mismo Artur Mas que dijo en una entrevista que el proceso había sido, en el fondo, un engaño, también aseguraba que muchas cosas se decían para no quedar como un botifler, un traidor, delante de la gente independentista. El engaño a los demás se ha convertido en autoengaño. Por eso a ningún político separatista se le ocurre decir en público que estamos abocados a la celebración de otros comicios. Pero, en privado, no hay ni uno que no admita que es la única posibilidad.

No todas las formaciones lo encajan de la misma manera. Los de Puigdemont ven en ellas la ocasión de arrebatarle todavía más espacio electoral a Esquerra, que, según indican varios sondeos, quedaría todavía más por debajo de JxC. A eso se aferran los partidarios del bruselense. Revalidado con más votos que en las pasadas elecciones de diciembre y presentándose como aliado de las CUP, podría maniobrar políticamente con mayor holgura, sin depender de la gente de Esquerra, que parece haber tascado el freno en sus pretensiones separatistas. Al entorno del cesado le irrita sobremanera el diletantismo de Roger Torrent, presidente de la cámara catalana, así como el tono conciliador de Junqueras.

Existe también una razón económica. Puigdemont busca que un eventual Govern de la Generalitat controlado por él y por su gente aporte el dinero que precisa para mantener el gobierno desde Waterloo y toda la infraestructura que conlleva. Necesita, pues, a alguien que sea de su entera y completa confianza al frente del ejecutivo catalán y a un parlament en el que pueda desenvolverse sin tener que rendir cuentas a nadie. Da por sentado que los de Esquerra tendrían que pasar por el aro, al no atreverse a pasar a la oposición junto con Ciudadanos, el PP y el PSC, de la misma forma que presume poder llegar a acuerdos con los podemitas de los Comuns. Ya ha habido contactos discretos entre el partido de Xavier Doménech y la gente del expresident en ese sentido.

Así las cosas, de lo que en realidad se está hablando entre las formaciones independentistas no es de forjar ningún pacto de legislatura, sino de las posibles alianzas que puedan surgir en un nuevo escenario político. Lo único que les hace falta es convocarlas, que Puigdemont revalide su victoria como primera fuerza separatista, que no del Parlament, porque esa es Ciudadanos, y encontrar a un candidato inmaculado en temas judiciales que pueda obedecer los dictados que emanen desde Bélgica, gozar de las simpatías de las CUP, tener capacidad de entendimiento con Esquerra y Comuns y, en suma, ser un president que prosiga con la vía unilateral bajo la tutela de Puigdemont.

El análisis personal es mucho más largo y complejo, porque disponer encima de la mesa las diferentes piezas de un rompecabezas resulta algo relativamente sencillo"

Se habla de que esa persona podría ser el actual diputado de JxC Quim Torra. Bien visto por los cupaires, ex dirigente de Ómnium Cultural, militante de Reagrupament, fiel seguidor del cesado y hombre, incluso, de confianza de no pocos convergentes, reúne todos los elementos precisos para acabar ocupando el despacho de la Casa dels Canonges. Torra tiene un discurso independentista radical que agrada a los oídos del mundo separatista, y ese no sería el menor de sus méritos. Ex empleado de la multinacional Winterthur, editor, ex comisario de El Born, el centro sacrosanto del independentismo, responsable de la Revista de Catalunya, en suma, con el perfil que precisan los separatistas más radicales no marxistas, no desagradando a los que sí lo son. La cuadratura del círculo.

Todo lo dicho no es más que información elaborada a partir de lo visto, lo leído y lo escuchado de primera mano. El análisis personal es mucho más largo y complejo, porque disponer encima de la mesa las diferentes piezas de un rompecabezas resulta algo relativamente sencillo. Lo realmente complicado es saber colocarlas de forma que todas ellas encajen perfectamente y nos den la visión precisa y global de lo que representan juntas.

Tendremos tiempo para hacerlo. Ese tiempo que, al parecer, les sobra a los políticos. Un tiempo del que parecían abominar cuando citaban a Heribert Barrera y su famosa frase “Tenim pressa, ¡tenim pressa!”, tenemos prisa, tenemos prisa. Los relojes en política, como todas las cosas, son muy relativos.



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