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José María Albert de Paco

Opinión

Cabeza de afgano

La sospecha de que las tres hermanas estadounidenses se habían inventado la violación para cobrar el seguro ha dejado a Vox colgando de la brocha

El líder de Vox, Santiago Abascal.
El líder de Vox, Santiago Abascal. Efe
El día 7 de enero Santiago Abascal llevó a la tribuna del Congreso a tres jóvenes afganos a los que la policía había detenido en Murcia por la presunta violación, la madrugada de fin de año, de tres hermanas estadounidenses. La presunción es mía, no de Abascal, quien tampoco la aplicó al resto de los individuos, en su mayoría extranjeros, a los que ese día sacó a la palestra. Como es costumbre en los dirigentes de Vox, el redondeo, ya fuera en forma de imprecisión, exageración o ausencia de cautela, fue el rasgo predominante del discurso. Siempre al alza. Porque si bien la enumeración de incriminados se atuvo en lo sustancial a la verdad, el dato con que la abrochó (el 70% de los condenados en manadas son extranjeros) procedía del subtítulo (falaz) de un reportaje de El Mundo en el que se mezclaban de manera un tanto confusa informes correspondientes a periodos distintos.
De acuerdo con el Registro Central de Penados, dependiente del Ministerio de Justicia, el total de condenados en España por delitos contra la libertad e indemnidad sexual fue en 2018 de 2.754, de los que 2.035 eran españoles (73,9%) y 719 extranjeros (26,1%). El número de extranjeros sobre la población inscrita en el padrón a 1 de enero de 2019 era de poco más de 5 millones de individuos, lo que arroja un porcentaje sobre la población residente en España del 10,6%. Cruzando el número de condenados por delitos sexuales con el número de extranjeros (inscritos en el padrón, insisto) la tasa de delincuentes sexuales condenados entre la población extranjera en España es, en efecto, mayor que la de condenados entre la española (0,014% frente a 0,005%, respectivamente).

Mentiras y populismo

Dicho de otro modo: tal vez haya una razón atendible por la que acometer una tarea de prevención específica, pero de ahí a proyectar un simulacro electoralista hay un trecho. Y Vox, como el partido populista que es, lo recorre sin rebozo ninguno, consciente de que su prédica sólo es eficaz cuando contiene la dosis justa de mentiras.
Ocurre, sin embargo, que la realidad rara vez se acomoda al trazo grueso. Así, la sospecha de que las tres hermanas estadounidenses se habían inventado la violación para cobrar el seguro ha dejado a Vox colgando de la brocha, y nunca mejor dicho. Las denuncias falsas figuran en su repertorio, sí, pero abrazar esa causa convertía a los tres afganos en sujetos de derecho, de ahí que en lugar de rectificar (máxime habiendo llevado el caso a las Cortes) hayan echado tierra sobre el asunto. Y así, incapacitados por su demagogia, no han se han atrevido a aventurar la posibilidad, ciertamente escandalosa, de que tres mujeres hayan visto en los afganos a los candidatos idóneos para endilgarles un crimen, aprovechándose así de su pertenencia a un colectivo 'criminalizable'. ¡De lo que son capaces las mujeres! Pero hasta ahí, ya digo, no les ha llegado la manta.

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