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Juan Manuel López Zafra

Big data

El último refugio del ciudadano libre

Conscientes del creciente uso del Bitcoin, los bancos centrales no dejan de estudiar de qué manera pueden seguir controlando a la población

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“Tienes que elegir (como votante) entre confiar en la estabilidad natural del oro y la estabilidad natural de la honestidad e inteligencia de los miembros del Gobierno. Y, con el debido respeto a estos señores, les aconsejo, mientras dure el sistema capitalista, votar por el oro”. George Bernard Shaw

Inmersos en una segunda ola de la covid-19 que se prevé extremadamente delicada, la agenda de los luchadores contra la libertad sigue su curso, inexorable. Estamos en el marco social perfecto para aumentar las restricciones: miedo a un agente desconocido que colapsa el sistema sanitario y con una no despreciable capacidad letal. Antes los enemigos eran Al-Qaeda y el ISIS (quién se acuerda de ellos hoy, pese a aquellos pornográficos videoclips de ejecuciones masivas), ahora es el SARS-CoV-2. Contra los primeros blindamos las cabinas de los aviones y modificamos todas las medidas de seguridad en los aeropuertos; en muchos, como en los de Marruecos, por ejemplo, la facturación de equipajes y el primer control de pasajeros se realiza fuera de la terminal, a la que sólo pueden acceder quienes estén provistos de una tarjeta de embarque. Hoy no es tanto el miedo a una bomba (que sigue siendo una amenaza importante) como a un contagio el que ha vaciado tiendas, restaurantes, hoteles, y todo tipo de locales comerciales. Tenemos miedo, y las autoridades legislan para protegernos, incrementando los niveles de seguridad por nuestro bien.

Siempre por nuestro bien, el PSOE presentó una proposición no de ley el pasado mes de junio para, inicialmente, limitar los pagos en efectivo (tal y como propuso Hacienda en 2019, tan preocupada por la recaudación como por la limitación de la libertad del individuo, reduciéndolos a 1.000 euros desde los 2.500 actuales) hasta su completa eliminación. La constatación de un sustancial incremento de la proporción de pagos con tarjeta en detrimento del efectivo, incluso para cantidades pequeñas, junto con la famosa lucha contra el fraude fiscal, llevaron al partido del Gobierno, tan preocupado por nosotros como cualquier otro, a solicitar esa medida. Cierto es que aún queda alguna cabeza pensante en las cercanías del PSOE que debió advertirles de la barbaridad, por lo que al cabo de quince días corrigieron la propuesta y sólo mantuvieron la parte de limitación de los pagos en efectivo.

Sí, claro que yo también uso más la tarjeta que el efectivo. Es cómoda, limpia, sin contacto, perfecta para los tiempos de la covid. Y más aún lo es PayPal, claro. Pero una cosa es tener opciones de pago, y otra muy distinta es no tener ninguna. Conscientes del creciente uso del Bitcoin, los bancos centrales no dejan de estudiar de qué manera pueden seguir controlando a la población. Qué es eso de la competencia entre monedas, qué es eso del sound money. Aquí se trata de imponer por decreto la ley de Gresham, esa que, inexorable, constata cómo la moneda débil siempre acaba expulsando a la buena. Qué es eso de la libertad de escoger, y de equivocarnos.

La ola de las criptomonedas

Así, durante este mes de septiembre, los cinco mayores bancos del país (que ya son cuatro) empezarán la prueba de la Central Bank Digital Currency, el euro digital del Banco Central Europeo; nace para subirse a la ola de las criptomonedas y no perder cuota frente a los proyectos, muy avanzados, de Rusia y de, cómo no, China, que aprovecha la experiencia de Alipay (el PayPal de Aliexpress) y de Tencent, la propietaria de WeChat (el WhatsApp chino). ¿Y qué problema hay, si no tengo nada que esconder? ¿Y qué problema hay, si reducimos el fraude? El problema no es sólo filosófico, no es sólo teórico, no tiene que ver sólo con la limitación de la libertad que supone la reducción de opciones. El problema es multifacético, y presenta al menos dos frentes esenciales.

Trate a continuación de sacar ese dinero en efectivo. Le llevará una semana al menos, y será inmediatamente tratado como un delincuente

Seguro que muchos de ustedes han recibido la magnífica noticia de tener un préstamo preconcedido de su entidad bancaria de 20.000, 40.000, incluso de 50.000 euros. Haga click aquí y tendrá el dinero en su cuenta inmediatamente. La magia de transformar el aire, la nada, en dinero tiene esas ventajas. Eso sí, trate a continuación de sacar ese dinero en efectivo. Le llevará una semana al menos, y será inmediatamente tratado como un delincuente, con alertas internas al servicio de control del fraude de la entidad y avisos al servicio estatal de prevención de blanqueo de dinero. Nadie duda de la importancia del control de los movimientos de capitales empleados en actividades ilícitas, pero de ahí a considerar sospechoso a todo ciudadano por el mero hecho de manejar altas cantidades de efectivo va un gran paso. Pero, claro, si no tiene nada que ocultar, que extienda un cheque… que será inmediatamente trazado, como lo son todos los movimientos de las tarjetas de crédito o débito. Controlar lo que hacemos, dónde vamos, dónde compramos, cuánto compramos, cuánto gastamos y cómo lo hacemos es, en definitiva, el último eslabón en la construcción de la China europea a la que estamos abocados.

Mover la economía

Una de las mayores limitaciones a la política de tipos negativos que aplican hoy todos los bancos centrales es, precisamente, la capacidad de elegir de los ciudadanos. Varias entidades comerciales ya cobran a sus clientes por mantener posiciones de ahorro, en la línea de la represión financiera impuesta por el BCE. Es imprescindible que la gente gaste, que no se le ocurra pensar en el futuro, no invierta en proyectos productivos, que gaste más, aún más. Hay que mover la economía, y evitar que la gente cancele deudas, o, mejor aún, que contraiga más. Hay que mantener el negocio bancario, obsoleto hoy en su versión actual, y el precio somos los impositores, los ahorradores. Hoy, si los bancos empezasen a cobrarnos aún más por los depósitos, por mantener nuestra cuenta, siempre podríamos exigir nuestro dinero y buscar alternativas para no perder nuestro ahorro, si es que nos queda algo. Surgirían empresas mucho más baratas que los bancos y tan seguras como ellos para guardar ese efectivo, prestando a los particulares el mismo servicio que hoy prestan a comercios y, claro, a bancos. Pero si nos quitan la posibilidad de transportar físicamente el papel, entonces no habrá escapatoria.

Es curioso cómo aquella reliquia bárbara que decía Keynes que era el oro ha mutado a papel, en un proceso más propio de un banquero central o un político (figuras, hoy, intercambiables) que de un alquimista. Y como quienes defendemos el dinero, que no el crédito, como elemento esencial de la libertad, tenemos que bragarnos para defender eso que tanto denostamos. Como también lo es que los mayores impulsores de la desaparición del efectivo en busca del control absoluto de la sociedad civil sean, al tiempo, quienes darán el empujón definitivo al Bitcoin, al Ethereum y al resto de criptomonedas que, hoy, y hasta el desarrollo de la computación cuántica, se convierten en el último refugio de la libertad.

Hemos renunciado a nuestra libertad de escoger por pereza y por miedo. Cuando nos demos cuenta, ya será tarde, y ya no valdrán las lágrimas.

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