El pasado miércoles 3 de febrero, por esas extrañas casualidades de la vida judicial española, conocimos la existencia de dos documentos clave sobre posible corrupción en dos de los principales partidos políticos de nuestro país: Partido Popular y Podemos.

De un lado, Luis Bárcenas, extesorero del PP y actualmente en prisión, remitió un escrito de siete folios a la Fiscalía Anticorrupción anunciando su voluntad de “colaborar con la Justicia” y señalando diversas prácticas ilegales por parte de la formación ahora presidida por Pablo Casado. Por otro lado, Mónica Carmona, exabogada de Podemos, envió un escrito de 33 páginas al juzgado de instrucción número 42 de Madrid como respuesta a un requerimiento para que aportase pruebas de irregularidades en el partido morado.

Si nos atenemos a los dos documentos, resulta sorprendente el grado de coincidencia en las prácticas relatadas. En el de Bárcenas se hace una acusación genérica (la existencia en el partido de una caja b desde 1982), pero luego se detallan hechos relacionados con los ejercicios 2007 y 2008. Según cuenta el extesorero, el primer año ingresaron donativos de empresas por valor de 500.000 euros y el segundo 900.000, todo fuera de la ley y supuestamente a cambio de adjudicaciones de obras por parte del Gobierno. El dinero se usó para pagar sobresueldos a la cúpula, incluido Mariano Rajoy, y para reformar la sede del partido.

En realidad, los hechos relatados por Bárcenas ya los conocíamos, porque constituyeron el grueso de su declaración ante el juez en el año 2013. Lo único novedoso en esta ocasión, si se puede calificar así, es su anuncio de que está dispuesto a tirar de la manta con tal de conseguir beneficios penitenciarios, especialmente para su mujer. Y ni eso es del todo nuevo, pues ya hizo alguna promesa similar en el pasado y nos quedamos con las ganas.

Robo, sobresueldos...

Por su parte, el texto presentado por Carmona relata nueve irregularidades que ella observó durante el tiempo que estuvo en el partido como responsable de “Cumplimiento normativo”. Los puntos que más detalla son dos. Primero, las obras de la sede de Podemos, que se adjudicaron a dedo, sin licitación como exige la ley, y cuyo coste fue de 1,4 millones de euros cuando lo calculado era 600.000. Es decir, un sobrecoste sin justificación de 800.000 euros. Y, en segundo lugar, el supuesto desvío de 500.000 euros de la caja de solidaridad del partido. Aparte de ello, en el escrito se habla de sobresueldos en b, gastos inflados, pagos por servicios no prestados… y dos cuestiones que directamente apuntan al beneficio ilícito de la pareja Pablo Iglesias-Irene Montero:  la apropiación de 7.730 euros por parte de Iglesias de costas procesales de juicios pagados por el partido y la utilización como niñera de una persona a sueldo de la organización (y luego contratada en el Ministerio de Igualdad, supuestamente para la misma tarea).

Al igual que con Bárcenas, buena parte de los hechos contenidos en el escrito de Carmona ya los conocíamos, entre otras cosas por el buen hacer de Luca Costantini en Vozpópuli. Sin embargo, la cuantificación del posible robo, tanto mediante el desvío de fondos como a través de la aprobación de las costas procesales, sí ha representado una importante novedad.

Por tanto, nos encontramos ante dos personas que están denunciando en instancias judiciales presuntas corruptelas en sendos partidos políticos. Ambos conocen bien de lo que hablan, puesto que uno fue el tesorero y la otra la abogada encargada de velar porque se cumpliera la ley dentro de su organización. En ambos casos hay sobresueldos y obras irregulares en la sede del partido. Y hasta casi coinciden milimétricamente los importes del posible fraude. Igualmente, en los dos casos se apunta a los líderes, no solo como conocedores de los hechos relatados, sino como beneficiarios directos de la corrupción.

Sin embargo, resultó muy llamativo echar un vistazo a las portadas de los principales periódicos tras conocerse los hechos. Casi todos abrieron sus ediciones con el PP y dejaron en un lugar secundario a Podemos. De hecho, hay televisiones que han dedicado monográficos sobre el escándalo Bárcenas, pero que han pasado de puntillas sobre el ‘affaire’ Iglesias-Montero. Durante el fin de semana hemos vuelto a ver un amplio despliegue sobre los líos del PP, pero casi nada sobre el partido morado. Y desde este lunes se espera la traca mayor, con el inicio del juicio sobre la caja b: todo el mundo pendiente de que Bárcenas tire de la manta.

Tres diferencias

Indudablemente, el arranque de ese juicio es una buena excusa para hablar más del PP, pero resulta curiosa la vara de medir de algunos porque, si nos ponemos pulcros, ambas denuncias son gravísimas, pero hay tres importantes diferencias entre ellas:

1.- La denuncia de Bárcenas afecta a los años 2007 y 2008 y apunta directamente a Rajoy. Obviamente, todo lo relatado por el extesorero debe ser investigado, y de hecho se está juzgando ya. Pero, como todo el mundo sabe, la primera sentencia del ‘caso Gürtel’ sirvió para que Rajoy pagase sus responsabilidades políticas en forma de moción de censura, de tal manera que tuvo que abandonar el poder y ahora ya no es más que un jarrón chino. El caso está, políticamente, más que amortizado.

2.- Por el contrario, la denuncia de Carmona se refiere fundamentalmente al año 2019 y apunta, entre otros, a dos ministros del actual Gobierno: Iglesias y Montero. Los escándalos relatados no se han judicializado todavía, salvo la parte de la famosa consultora Neurona, y, por supuesto, ninguno de los dos ha pagado ninguna responsabilidad política todavía. De hecho, no han dado ninguna explicación pública al respecto.

3.- Muchos medios dan total credibilidad a Bárcenas y casi nula a Carmona. Pero, en realidad, el primero lleva más de cuatro años en prisión y, por tanto, puede ser tildado de delincuente, mientras que la segunda no está inmersa en ninguna causa judicial por haber delinquido. Además, el primero reconoce en su escrito que busca lograr beneficios penitenciarios, mientras que la segunda no consta que tenga un interés especial, aunque sí se puede presumir que albergue cierto ánimo de venganza contra un partido que la despidió por, supuestamente, investigar sus trapos sucios. ¿Merecen los dos la misma credibilidad? Teniendo en cuenta que no es la primera vez que el primero dice que va a tirar de la manta y luego no lo hace, parece que la respuesta debería ser más bien favorable a Carmona.

¿En qué tipo de régimen nos estamos convirtiendo para que dos ministros lleven cinco días sin dar una puñetera explicación ante acusaciones tan graves?

Pero poco se puede hacer frente a la corriente dominante. Da igual que los dos casos sean tan parecidos en su formas corruptas o que haya esas tres razones para darle quizás más relevancia al escándalo de Podemos en este momento concreto. Da igual que un caso sea de hace 13 años y que sus protagonistas ya no sean nadie. Da igual que el otro asunto afecte a dos ministros y se haya producido antes de ayer. No hay nada que hacer. España ha decidido volver a poner el foco en la corrupción del PP, justo coincidiendo con otra campaña electoral, la de las elecciones catalanas del 14-F, y, sin embargo, pasar página respecto al asunto de Iglesias, aún tratándose del vicepresidente del Gobierno.

¿Nos hemos vuelto locos? ¿Cómo es posible que una exabogada de Podemos acuse a Iglesias de robar 7.730 euros y que aquí nadie pida cuentas al viceseries? ¿Qué extraña enfermedad estamos padeciendo para que hayamos conocido que una ministra de España tiene a su niñera contratada en el Ministerio y que nadie haya abierto siquiera una investigación oficial para saber si es verdad? ¿En qué tipo de régimen nos estamos convirtiendo para que dos ministros lleven cinco días sin dar una puñetera explicación ante acusaciones tan graves?

Evidentemente, todo eso es posible gracias a una sociedad que ha decidido mirar para otro lado, acobardada entre la pandemia y la crisis económica, y a unos medios de comunicación que, ante la expectativa de recibir dádivas del Gobierno para atenuar sus problemas económicos, han preferido poner el acento en el socorrido PP. Si España no es capaz de ver que el chiringuito de Podemos se ha convertido en la peor imitación de la corrupción que en otras épocas asoló a PP y PSOE, es que nos merecemos que nos roben mucho más. Y lo descubriremos, lamentablemente, cuando ya sea demasiado tarde.