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Karina Sainz Borgo

LA POLAROID

El Barbero de Moncloa

En modo cuarteto buffo, al mejor estilo del mejor Rossini, los cuatro aspirantes a gobernar España ofrecieron 130 minutos del espectáculo al que nos condenarán las urnas durante los próximos cuatro años 

Debate de candidatos de Atresmedia
Debate de candidatos de Atresmedia EFE

Cuatro candidatos, seiscientos metros de plató, nueve millones y medio de espectadores y un único desenlace: cuál de todos conseguirá, así sea a garrotazos, imponerse en la carrera por conquistar La Moncloa. Hablamos, ¡claro!, del debate. No el de la televisión pública, si no del otro: el lamentable, el bufo. Esa cosa que Ana Pastor y Vicente Vallés tuvieron el infortunio de moderar.

En esta campaña han ocurrido tantas cosas: una candidata del PACMA que alimentó a un buey haciéndolo pasar por Miura, Garridofugándose a las listas de Ciudadanos desde el purgatorio del PP de Cifuentes y Rossell, que salió sin cargos tras una prisión preventiva de dos años. A esta velocidad, se nos pudre el pescado. Menos mal que para eso está la prensa: para envolver el panga del día. Aunque este asunto va más de botulismo que otra cosa. Nos atragantan a cucharadas con comida caducada.

Garrido fugándose a la listas de Ciudadanos; Rossell absuelto tras dos años en el trullo. A esta velocidad, se nos pudre el pescado

El debate entre Albert Rivera, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Pablo Casado en Antena Tres se ha llevado, y de qué manera, La Polaroidde la semana. Como todo buen espectáculo, comenzó con una baja de última hora en el reparto: el descabalgamiento de Santiago Abascal a manos de la Junta Electoral le añadió sal, y bien gruesa, a esa cosa que ya venía con regusto atorreznado y que le concedió a Vox el ayuno en el banquete de la Choped politique: el viejo oficio de cocinar casquería.

Los españoles que quisieron y pudieron ver el debate se sometieron a 130 minutos de los muchos que les tocará tragar durante los cuatro próximos años. Una ópera buffa que ni Rossini habría conseguido componer con mayor concertato: “Su técnica de interrumpir todo el rato es propia de maleducados”, “he traído un libro que usted no ha leído: su tesis”, “Sánchez es el candidato del terrorista etarra”, ”¡qué vergüenza!”, “qué decepción”, “eso lo hizo Franco”, “trilero”, “le quedan cinco días”... se gritaban unos a otros.

El debate: un broche que debía ser de oro y acabó en baño de rodio. Un Barbero de Moncloa con quién sabe cuál matrimonio

Como en La italiana en Argel o el Barbero de Sevilla, el debate alcanzó ese punto que caracteriza los actos intermedios de las óperas italianas del XIX, un tiempo de perpetuo -en ocasiones de ataque- en el que cada intérprete canta a la vez que el resto. Ese efecto contrapunto, a la par que caótico, hace imposible que los personajes se escuchen entre sí hasta provocar un episodio de ruido y confusión que termina por inquietar a quien escucha. El debate, pues: un broche que debió ser de oro y acabó en baño de rodio. Un Barbero de Moncloa que dará paso, veremos el domingo, a quién sabe cuál matrimonio. Va servido el elector, en especial con la cara de seminarista que le quedó a Pablo Iglesias después de aquel martes... durante los próximos cuatro años. 

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