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Jesús Cacho

Opinión

¿Está la banca condenada a muerte?

Una sensación de pesimismo recorre la espina dorsal de nuestra economía. La de que “esto” de las nuevas fusiones a galope tendido es pan para hoy y hambre para mañana

Sede de BBVA
Sede de BBVA

Eso dicen las entrañas de un negocio tan viejo como el mundo, cuando los arúspices abren el bicho en canal dispuestos a analizar el horizonte de una actividad con todo el futuro a la espalda. Aparición descontrolada de nuevos intermediarios financieros no sometidos a la exhaustiva regulación del BCE (por no hablar de las criptomonedas, que esa es otra) y tipos de interés cero o negativos cuya permanencia se augura viva durante los próximos cinco años. El negocio, más que difícil, se ha puesto imposible. Un proceso que ha cogido a sus protagonistas con cientos, miles de oficinas con sus correspondientes empleados, distribuidas por las cuatro esquinas de este bancarizado país, y que ahora han de comerse con patatas.

En principio fue el Santander quien se zampó el Popular, una digestión difícil de la que Ana Botín aún no se ha repuesto del todo. Más recientemente ha sido Isidro Fainé quien a sus años se ha echado encima la tarea de rescatar Bankia del naufragio, una singladura que el señor cardenal de la Diagonal augura durará “por lo menos cinco años” en digerir correctamente. Y ahora el BBVA acaba de llamar a la puerta de un atribulado Sabadell, porque “algo habrá que hacer con el Sabadell”, que tal era la música de fondo que se oía desde hace tiempo por los pasillos del Banco de España en la glorieta de Cibeles. Jaime Guardiola, consejero delegado, lleva un año despidiéndose, y Josep Oliu, un presidente curado de espantos, ya ha pasado la barrera de los setenta sin sustituto claro. “Para los dos es una solución magnífica”.

Para este barco no ha habido más que tormentas en los últimos tiempos. Lo de invertir en Reino Unido fue un error estratégico al que se sumó una pésima ejecución. Un torpedo en la línea de flotación de una entidad mediana que, como el Popular, era una joya en origen, con una clara especialización en la financiación de la pequeña y mediana empresa. El problema de un crecimiento mal concebido. Porque lo del Reino Unido se vino a sumar a la pesada digestión de la CAM y otras cajas de menor tamaño (de la crisis que se llevó por delante el sistema de cajas, las peores fueron las catalanas, con Caixa Catalunya como mascarón de proa). Los accionistas de referencia (Lara, Folch, Antic) de los que se rodeó perdieron, como el propio Oliu, la camisa con la crisis de 2008, y los inversores Latam que después tomaron el relevo se han ido quedando por el camino. La joya ha perdido tanto brillo que no ha habido más remedio que empeñarla en el monte de piedad de otro banco diez veces más grande, un banco zombi que había quedado en tierra de nadie después de que el Santander absorbiera Popular y Caixabank hiciera lo propio con Bankia.

Un banco al que un tal Villarejo ha causado un destrozo reputacional de grandes dimensiones (aún en espera de decisiones judiciales) y que también ha cometido errores de gestión no menos llamativos que el Sabadell. La inversión en Estados Unidos ha resultado un fiasco. Pequeños bancos en diferentes Estados para unificarlos después en una sola marca y con una fuerte inversión en tecnología. “En USA hemos pasado un calvario; cuando la acción estaba arriba y queríamos comprar algo grande, el regulador no nos dejaba; al final quedamos en una situación complicada, porque no éramos lo suficientemente grandes para competir”. Resultó que no era tan fácil enseñar a los yanquis a hacer banca comercial. Hablamos de una retirada forzada, la asunción de una derrota sin paliativos edulcorada por una cifra de venta que ha convertido un viaje desastroso en un crucero de lujo. Unos 11.600 millones de dólares (9.700 en euros), por algo que Carlos Torres estaba “dispuesto a soltar por six billion dollars”. Alabanzas de los analistas: “La venta tiene sentido estratégico y financiero”. 

¿Qué hacer con ese dinero? Devolverlo a sus dueños hubiera supuesto reconocer la incapacidad para generar valor para el accionista

¿Qué hacer con ese dinero? Devolverlo a sus dueños hubiera supuesto reconocer la incapacidad para generar valor para el accionista. Invertirlo, sí, pero ¿dónde? No para consolidar posiciones en Turquía (prohibido por el regulador), ni salir de compras por la UE (no hay qué ahora mismo), y menos aún arriesgarse con una nueva inversión en mercados emergentes (lo que hubiera incrementado el perfil de riesgo de la entidad, como ayer explicaba aquí Carmelo Tajadura). Hernández de Cos lo tenía claro desde el principio y de hecho ha empujado lo suyo para acelerar la salida de USA y el empleo de parte de ese dinero en la compra/rescate del Sabadell. En la pesadilla en que se ha convertido este país, al frente del Banco de España tenemos la fortuna de contar con un alto funcionario dispuesto a honrar el cargo, un gobernador que reniega del tancredismo del que hizo gala el patético MAFO en la crisis de las cajas y que no quiere que, en las peores circunstancias, con la ola de cierres empresariales que se avecina (“el empobrecimiento de este país va a ser brutal”, Luis de Guindos, subgobernador del BCE) con su correlato de morosidad, a España le vuelva a coger una nueva crisis bancaria en bragas, obligándole a un nuevo rescate, esta vez sí, bancario.

Darle hilo a la cometa

Una sensación de pesimismo (desesperanzada) recorre la espina dorsal de nuestra economía. La de que “esto” de las nuevas fusiones a galope tendido es pan para hoy y hambre para mañana. “Darle hilo a la cometa”, que decía el ínclito Villalonga en Telefónica. Que sirven para ganar apenas tiempo sobre la base del brutal ahorro de costes (las famosas sinergias) que supondrá el cierre de un buen montón de oficinas y el despido de miles de empleados. Un déjà vu tras el caso Santander/Popular y el Caixa/Bankia. ¿Vas a aumentar el negocio reduciendo personal? ¿Vas a conseguir más ingresos? Es un problema de modelo de negocio, no hay tío páseme el río, reducido a la nada con la aparición de los nuevos intermediarios y la situación de tipos de interés. El dilema es que cuando los nuevos “superbancos” de que tanto presume alguna prensa se hayan comido el jabugo de la reducción de costes vía personal, los Caixabank, BBVA y Santander volverán a enfrentarse ateridos al hueso pelado de una hirsuta pata de jamón, obligados entonces a nuevas súper fusiones endogámicas, a menos que para entonces la UE haya resuelto el sudoku de las fusiones transfronterizas.

Tras los 4.000 despidos que supuso la absorción del Popular por Santander, la fusión Caixabank-Bankia promete llevarse por delante no menos de 8.000 empleos, y serán miles también los que se pierdan tras la anunciada BBVA-Sabadell. Pero hay más, doña Ana Botín, tan amiga del Gobierno socialista, acaba de anunciar un recorte adicional de otros 4.000 (despidiendo gente y, al mismo tiempo, apartando dinero para un reparto de dividendo). La aterradora crisis de las entidades financieras ha puesto sordina en la vie en rose de nuestros suntuarios banqueros, gente de mucho postín acostumbrada a niveles salariales millonarios, cifras escandalosas que un día de estos van a empezar a reducir drásticamente motu proprio para acompasar su fortuna con la de los pobres bancarios sin curro. No me extrañaría nada que Botín rompiera el fuego predicando con el ejemplo.

“Algo positivo sí veo en estas fusiones”, asegura alguien que antaño tuvo en sus manos dos grandes entidades. “En el deterioro general que está sufriendo el país, nuestra banca está siendo capaz de reestructurarse en plena crisis, reducir costes y ponerse en forma, cosa que no están haciendo las entidades alemanas, francesas o británicas”. ¿Está nuestra banca condenada a muerte? “Primero hay que creer en este país”, asegura un alto ejecutivo de banca multinacional, “porque si creyeras que España se va a la mierda con Sánchez, lo que el BBVA y el resto tendrían que hacer es irse fuera. Dicho lo cual, mientras llega la consolidación bancaria europea, inevitable por otro lado, lo mejor que puedes hacer es seguir consolidando para generar valor, hacerte más fuerte allí donde ya lo eres, ser lo suficientemente grande para negociar un día en mejor posición dentro de la UE. ¡El tamaño es la única alternativa al panorama actual! No, no creo que la banca vaya a morir. Este es un sector cada vez más regulado en el que los Amazon no entrarán jamás precisamente por eso. En este marco, el proceso de consolidación es una cuestión de importancia vital”.

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