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Guillermo Gortázar

Opinión

Azaña es lo contrario de la Constitución del 78

Azaña desarrolló, de modo concienzudo, un proyecto excluyente de España y de los españoles, justo lo contrario de la Constitución de 1978

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a familiares de Azaña en Montauban.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a familiares de Azaña en Montauban. EFE

Ante la tumba de Azaña en Montauban, en el sur de Francia, en el tono solemne de la nada, estilo Zapatero, (la nada de Rajoy, al menos, no tenía solemnidad) Sánchez ha dicho:

“La Constitución restauró los valores de la República de Azaña”.

Ya puestos a precisar, hay que señalar que Azaña, desde 1931, tenía y desarrolló, de modo concienzudo, un proyecto excluyente de España y de los españoles, justo lo contrario de la Constitución de 1978.

En 1933, una parte de España atónita con los excesos republicanos, ganó las elecciones generales y la derecha, la CEDA, propuso la reforma, por vías legales, de algunos artículos de la Constitución de 1931.

No fue posible. La izquierda dio un golpe de Estado para impedirlo con la revolución de  Octubre de 1934 y Alcalá Zamora y Azaña se encargaron de adelantar unas elecciones en un clima de tensión insoportable, para después hacer trampas con el resultado de febrero de 1936.

A diferencia de Alfonso XIII, que se exilió antes de derramar una sola gota de sangre, Azaña prefirió mantenerse en un poder teórico mientras la fuerza real estaba en la calle

Entre febrero y julio de 1936 se produjeron, en seis meses, más de seiscientos asesinatos de uno y otro bando por motivos políticos, entre otros, el del líder de la oposición Don José Calvo Sotelo. Un amplio alzamiento militar que, en el siglo XIX y en 1923 motivaba una retirada del gobierno, Azaña y la izquierda lo convirtieron en una guerra civil.

A diferencia de Alfonso XIII, que se exilió, en 1931, antes de derramar una sola gota de sangre, Azaña prefirió mantenerse, en 1936, en un poder teórico tres años mientras la fuerza real, que no controlaba, estaba en la calle. 

Desde 1993, el PSOE, carente de proyecto político, busca en la memoria histórica (Franco), en los impuestos a los ricos (¿?) y en excitar la “nueva lucha de clases” entre el género masculino y femenino (¡!) una supuesta mina de votos. Es de esperar que pronto surjan socialistas responsables que elaboren y ofrezcan un proyecto político moderno, del siglo XXI, alejado de tumbas, feministas radicales y ruinoso igualitarismo.



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