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Fernando Díaz Villanueva

Opinión

Un atentado, muchas incógnitas

La estampida militar no pudo eliminarse de la versión oficial porque la había visto todo el país. A partir de ese punto los servicios de propaganda bolivarianos quedaban francos para reconstruir el crimen a su antojo

El presidente venezolano, Nicolás Maduro (c), en el acto televisado con militares en el centro de Caracas (Venezuela)
El presidente venezolano, Nicolás Maduro (c), en el acto televisado con militares en el centro de Caracas (Venezuela) EFE

38 segundos duró el ataque, 38 segundos televisados por la cadena nacional que interrumpió abruptamente la retransmisión tras escucharse las detonaciones. Segundos antes los soldados que desfilaban en formación cerrada salían despavoridos en todas direcciones para ponerse a salvo. Todo se pudo ver en directo. Si este es el ejército con el que Nicolás Maduro piensa defender su revolución ya puede ir buscándose otro.

La estampida militar no pudo eliminarse de la versión oficial porque la había visto todo el país. A partir de ese punto los servicios de propaganda bolivarianos quedaban francos para reconstruir el crimen a su antojo. No tardaron mucho en hacerlo, en apenas unas horas todo estaba claro. Dos drones cargados con explosivos (luego pasaron a ser tres) colocados estratégicamente junto a la tribuna de oradores habían intentado acabar con la vida de Nicolás Maduro y de todo el Estado Mayor de la revolución, presente en el acto porque se conmemoraba el 81 aniversario de la Guardia Nacional, un cuerpo policial militarizado al estilo de la Guardia Civil española (se creó en 1936 a imagen y semejanza suya), que Chávez rebautizó como Guardia Nacional Bolivariana (GNB) poco después de llegar al poder.

Tras dar los detalles forenses del atentado, el Gobierno venezolano levantó el dedo y empezó a señalar. Los culpables eran los colombianos, más concretamente Juan Manuel Santos, presidente saliente que ayer abandonó la Casa de Nariño, sede de la presidencia colombiana, tras la toma de posesión de Iván Duque.

Nada de lo que extrañarse, la clásica rabieta chavista. Cualquier desgracia que acontezca en el país es cosa de la burguesía o de los Gobiernos extranjeros, siendo los de Colombia, Estados Unidos y España los que más papeletas siempre tienen para cargar con el muerto. El guión es tan previsible que es fatigoso hasta relatarlo.

No hay, por descontado, ninguna prueba que apoye la tesis apuntada por Maduro, pero eso es lo de menos. La estampa de la GNB corriendo a la desesperada es tan humillante que hacía falta ser rápido y echar sobre el asunto una paletada extra de tierra. Para que no apestase, mayormente.

Esta es la primera de las incógnitas que envuelven a este incidente. ¿Por qué la GNB salió corriendo?, ¿acaso no es un cuerpo entrenado para oír detonaciones? Ese pavor sería comprensible entre la población civil, no así entre profesionales habituados a las deflagraciones. Las que se produjeron, además, no fueron especialmente estruendosas tal y como pudimos ver por televisión. Más parecían explosivos pirotécnicos que de uso bélico.

Visto lo visto hay dos posibilidades para interpretar la repentina espantada. U obedecieron a la orden de romper desordenadamente la formación, o simplemente es que la disciplina en la Fuerza Armada Bolivariana no atraviesa por sus mejores momentos ya que no consta que se diese orden de romper filas.

Muchos se están preguntando si realmente hubo drones. El sábado no los pudimos ver. Dos días más tarde el Gobierno publicó unas imágenes de un dron siendo abatido"

El nerviosismo en la avenida contrastaba con la tranquilidad con la que se lo tomaron en la tribuna. Y no sólo el propio Maduro, sino también su esposa Cilia Flores y el ministro de Defensa Vladimir Padrino, situado a la izquierda del presidente. Simplemente ni se inmutaron.

En medio de aquella calma, y cuando ya se habían roto filas en la avenida, los escoltas del presidente se abalanzaron sobre él para protegerle de un modo un tanto desordenado. Pero, aún teniendo las planchas antibalas delante de él, Maduro siguió hablando. Una de dos. O es lento de reflejos y no veía lo que tenía delante, o tuvo algún problema de coordinación para interpretar las distintas fases de la comedia. La escena, retransmitida por televisión recordemos, parecía actuada, al menos en la tribuna. En esto coinciden prácticamente todos los que la han visto.

La situación devino tan confusa que muchos se están preguntando si realmente hubo drones. El sábado no los pudimos ver. Dos días más tarde el Gobierno publicó unas imágenes de un dron siendo abatido, pero la imagen estaba descontextualizada, tan sólo se veía cielo nublado de fondo. En Venezuela están en plena estación lluviosa, lo normal es que el cielo aparezca cuajado de nubes, pero bien podrían haber sido grabadas esas imágenes posteriormente.

En la cadena Telemundo de Miami si ofrecieron la imagen de un dron chocando contra un edificio. Entonces, ¿fueron abatidos o se estamparon contra las torres de apartamentos que flanquean la avenida Bolívar?

Respecto a la carga explosiva, el Gobierno informó que se trataba de C4, un explosivo plástico que, por sus características, no detona con los impactos de bala"

Aceptemos que hubo drones tal y como consta en la versión oficial. ¿De qué tipo de dron se trataba? El régimen ha revelado que los drones eran aparatos DJI modelo Matrice 600, diseñados para fotografía aérea y rodajes cinematográficos. No son baratos, en España cuesta unos 6.000 euros la unidad equipo de grabación aparte. El Matrice 600 tiene una autonomía de 16 minutos de vuelo y puede cargar un máximo de seis kilos. No es precisamente pequeño. Con los brazos desplegados tiene unas dimensiones de 1,6 x 1,5 metros y casi un metro de altura.

Un dron de estas características no es fácil de escamotear entre la multitud. Antes de volarlos hay que armar los brazos, instalarles las hélices y ajustar la carga, un trabajo delicado que requiere tiempo, tranquilidad y atención. ¿Pudieron hacer todo eso en una avenida atestada de policía y militares?

Aún dando por bueno que los magnicidas se las apañasen para hacerlo, los drones se manejan por radiocontrol y los explosivos también se activan por el mismo procedimiento. ¿Es creíble que no hubiese inhibidores de frecuencia en un lugar donde se daba cita la flor y la nata del régimen? Trate de volar un dron, aunque sea de los de juguete, durante un desfile de la Hispanidad del 12 de octubre en Madrid o el día de la Bastilla en París y comprobará como es poco menos que imposible.

Sigamos suponiendo que consiguieron transportarlos, montarlos y volarlos. Una vez en el aire la versión oficial asegura que fueron derribados por francotiradores al primer disparo. Abatir un objetivo tan pequeño y móvil sólo sucede en las películas. En el mundo real el francotirador tiene que efectuar disparos de prueba y aún así no tiene asegurado el blanco.

Respecto a la carga explosiva, el Gobierno informó que se trataba de C4, un explosivo plástico que, por sus características, no detona con los impactos de bala. En el vídeo que se ha hecho público vemos, sin embargo, como el dron estalla en el aire. Si un francotirador acierta el tiro con un dron cargado con C4 lo derribaría, pero estallaría al caer contra el suelo, nunca en el aire.

Hay más incógnitas. ¿Por qué el desfile del 81 aniversario de la GNB se realizó en la avenida Bolívar? Nunca antes se había celebrado ahí. Los aniversarios del cuerpo solían conmemorarse en el Palacio de las Academias, un complejo situado en el centro de Caracas frente a la Asamblea Nacional, que es donde se forman los guardias. ¿Acaso el régimen quería escenificar por todo lo alto el intento de magnicidio?

No lo sabemos. El hecho es que, de tratarse de una fabricación interesada para atornillar aún más en el poder a Maduro y los suyos, no les ha salido todo lo bien que preveían. Se les ha visto el cartón del viejo manual castrista del magnicidio frustrado. En Cuba sirvió para crear una paranoia colectiva sobre los peligros incesantes que amenazaban al comandante en jefe. En Venezuela parecen estar aplicándolo al pie de la letra. Y les está saliendo.



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