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Roger Senserrich

Opinión

Cinco asuntos urgentes que no están en la agenda

España tiene problemas de enorme gravedad cuya solución mejoraría la vida de los ciudadanos muchísimo más que cualquier esfuerzo que hagamos para hacer feliz a Quim Torra

Los ministros del gabinete del jefe del Ejecutivo, Pedro Sanchez.
Los ministros del gabinete del jefe del Ejecutivo, Pedro Sanchez. EFE

Por si no se habían percatado, el debate político en España está ligeramente saturado con debates sobre Cataluña. Incluso en elecciones autonómicas en una comunidad en el otro extremo del país, los candidatos de todos los partidos han dedicado un tiempo francamente ridículo a discutir sobre el encaje de Cataluña en la Constitución y el grado de traición que implica haber hablado con un catalán nacionalista durante los últimos cinco años.

Sin negar que quizás no sería mala idea que los catalanes solucionaran sus problemas políticos de una vez (de nuevo: el debate es entre catalanes que quieren irse y catalanes que quieren quedarse, no entre Cataluña y España), no estaría de más que los políticos españoles hablarán de vez en cuando de otra cosa. No por aburrimiento ni por capricho, sino porque el país tiene multitud de problemas mucho más graves y urgentes cuya solución mejoraría la vida de muchísimos más españoles que cualquier cosa que hagamos para hacer feliz a Quim Torra.

Hablemos, por ejemplo de cinco problemas que todos los partidos están de acuerdo en mayor o menor medida que deberían ser solucionados, pero que estamos ignorando porque es más divertido discutir si España se rompe o no.

1. El mercado laboral español sigue siendo un desastre

Han pasado diez años desde el inicio de la gran recesión, y la tasa de paro en España sigue rozando el 16%. La economía del país lleva creciendo con fuerza desde hace al menos seis años, e insisto, la tasa de paro roza el 16%. Seguimos teniendo un mercado de trabajo disparatadamente dual, con más de una cuarta parte de los trabajadores completamente desprotegidos, anclados a empleos precarios e inestables. El mercado es absolutamente atroz para los trabajadores menores de 30 años, con más de la mitad de trabajadores jóvenes sin empleo fijo.

La precariedad laboral reduce el potencial productivo del país, retrasa la emancipación juvenil, reduce la tasa de natalidad y pone en peligro nuestro estado de bienestar

Estos datos son atroces, se miren por donde se miren. La desigualdad en España ha crecido por el aumento de la pobreza y la caída de los salarios más bajos; la tasa de paro es el motor de estos cambios. La precariedad reduce el potencial productivo del país, retrasa la emancipación juvenil, reduce la tasa de natalidad y pone en peligro nuestro estado de bienestar y sistema de pensiones.

Ambos problemas, dualidad y paro, tienen solución; Europa está llena de ejemplos de país con mercados laborales justos, equitativos y eficientes. Tenemos una enormidad de políticas públicas entre las que escoger para reducir o eliminar ambos problemas. No lo hacemos porque estamos todo el día discutiendo sobre si a Borrell le escupieron en sede parlamentaria.

2. Cambio climático

El cambio climático es real, se está acelerando, y no estamos haciendo casi nada ni para evitarlo ni para preparar cómo responder si el intento global de reducir emisiones acaba en fracaso. España no tiene un plan o estrategia clara para reducir a cero las emisiones de CO2 a la atmósfera; los gobiernos sucesivos han presentado una serie de medidas limitadas y a menudo contradictorias, pero nadie se ha dignado a contarnos qué vamos a hacer. Combatir el cambio climático requiere reestructurar la economía en muchos aspectos, aunque en contra de lo que se dice a menudo, no tiene por qué ser excesivamente caro. En caso de aprobar algo como un impuesto sobre emisiones parecido al modelo canadiense, y que España debería copiar cuanto antes mejor, el coste de la transición puede ser incluso devuelto a los contribuyentes.

No he escuchado a ningún político describiendo qué hará España para adaptarse a la muy probable desertización futura de medio país

En caso de que las iniciativas contra el cambio climático fracasen, no he escuchado en ninguna parte a un político describiendo qué hará España para adaptarse a la desertización de medio país, sequías eternas y olas de calor constantes. No he leído nada sobre dónde creemos que subirá el nivel del mar, y que haremos para evitar que media ciudad de Valencia parezca Venecia. El coste de adaptarse a las consecuencias del cambio climático puede ser enorme, pero nadie le está prestando atención ya que Puigdemont está dando una rueda de prensa.

3. Nuestro estado de bienestar está roto

En parte debido a nuestro mercado laboral, en parte debido a cómo anclamos nuestro estado de bienestar a cotizaciones sociales, en parte por mal diseño de origen, el estado de bienestar en España es espectacularmente malo transfiriendo dinero y ayudas sociales a lo que más las necesitas. De hecho, en España poco más de un 10% de las transferencias van al 20% de familias con menos ingresos, mientras que más de un 20% va al 20% de familias más ricas.

Diseñar un Estado de bienestar que ayude a los pobres en vez de a los ricos no es complicado, pero nos interesa más la rueda de prensa que está dando Puigdemont

Esto diría que es un problema. En España pagamos muchos impuestos para darle dinero a quien no lo necesita, y somos completamente inefectivos reduciendo la pobreza y exclusión social. Diseñar un estado de bienestar que ayude a los pobres en vez de hacerle la pelota a los ricos no es complicado (somos uno de los seis países de la OCDE que fracasan en el intento, cosa que es meritorio – incluso Estados Unidos redistribuye mejor que nosotros), pero me temo que no tenemos tiempo de hablar sobre ello porque Torra ha llamado una cosa fea a Arrimadas esta semana.

4. No tenemos un sistema de educación infantil

Toda la literatura sobre educación, toda, señala que el gasto más efectivo para reducir las desigualdades en educación y aumentar la movilidad social es la educación infantil. Crear guarderías de calidad para niños entre cero y tres años es una política pública que tiene un retorno de inversión enorme ya que contribuye a reducir el fracaso escolar, mejorar el rendimiento educativo, y además facilita que los padres puedan seguir trabajando, cosa que redunda en mayor igualdad de género y menor riesgo de exclusión social. No hay demasiadas políticas públicas que sean un chollo que se pague sólo ahí fuera, pero la educación infantil está muy cerca de serlo.

La educación es una competencia autonómica, ciertamente, pero esto es algo que deberíamos hablar sobre cómo lo implementamos a nivel nacional. Por desgracia, el hecho de que el conseller de educación haya dicho alguna inconveniencia es más importante, así que tampoco lo debatimos hoy.

5. Oligopolios

España tiene un problema de concentración empresarial. Nuestra economía está dominada en muchos sectores por dos o tres empresas que se reparten el mercado sin competir entre sí. Esto ahoga la innovación, aumenta precios y hace que nuestra economía sea mucho menos eficiente. En muchas ocasiones, las empresas que parten de una posición dominante tienen además una estrecha relación con los reguladores, asegurándose que el Estado poco menos que garantizará sus beneficios; véase el sector eléctrico. En otros, como los colegios profesionales o el sector del taxi, los reguladores han impuesto barreras artificiales que evitan que empresas más modernas y eficientes puedan competir.

Un gobierno dispuesto a combatir los privilegios de los poderosos desarrollaría una agresiva agenda liberalizadora en lugar de debatir sobre el discurso del Rey en Navidad

Esto, no hace falta decirlo, tiene un coste que se va acumulando. El oligopolio de los estancos, notarios, gasolineras, bancos o eléctricas, por sí solo, no hace daño excesivo a la economía, pero la enorme acumulación de mercados anticompetitivos sí tiene un coste. Un gobierno que crea en combatir los privilegios de los poderosos y/o en las virtudes del capitalismo desarrollaría una agresiva agenda liberalizadora para romperlos, pero por desgracia todos los políticos del país están debatiendo sobre si el Rey debe decir algo en catalán en el discurso de Navidad o no.

Un gobierno reformista en España, o incluso un hipotético político de la oposición reformista, podría hacer mucho bien para el país si se dedicara a hablar de algo que no fuera Cataluña. Por desgracia, mejorar la vida de los españoles ha pasado a un segundo plano estos días.



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