Pedro Sánchez va a durar en el poder por la sencilla razón de que no existe la oposición. Después de los resultados de Cataluña y con Bárcenas dispuesto a armar ruido, que será convenientemente amplificado por la columna Durruti mediática, que hace tiempo que sustituyó a la Brunete Mediática que se inventó el felipismo cuando empezaron a torcerse las cosas gracias a la venganza del prevaricador compañero de la fiscal general, Lola Delgado, Pablo Casado debería asumir responsabilidades que nada tienen que ver con su liderazgo, al menos de momento.

La política de comunicación y su relación con los medios siempre fue un fiasco en el PP. Ninguno de sus líderes apostó por una estrategia, y alguno de sus presuntos amigos, favorecidos por decisiones más que cuestionables para que crecieran y al final quedara un duopolio televisivo, le dieron la espalda tras la llegada al poder de Sánchez por la puerta de atrás de la moción de censura. Casado, heredero de una mochila donde se mezcla la corrupción, la demostrada y la no juzgada salvo por los torquemadas de una izquierda que siempre ha sabido sortear sus tropelías, que ni son pocas ni pequeñas, minimizando las críticas y anestesiando al respetable con campañas de propaganda, debería mirar a su entorno, que no es más que una jaula de grillos sin orden y concierto. La derecha española, hasta ahora representada por los populares, ha confundido siempre a los palmeros con los asesores. Los asesores son tipos normalmente sin ideología, pero con ideas que ponen al servicio de quien le paga. El caso de Iván Redondo es paradigmático al entregar su sabiduría al popular José Antonio Monago en Extremadura llevándole hasta la presidencia de Junta, a pesar de las escasas luces que atesoraba en su cabeza, y a un mediocre con 85 escaños, al Palacio de la Moncloa.

Eso hizo Miguel Ángel Rodriguez con José María Aznar hace veinticinco años y lo está repitiendo con Isabel Diaz Ayuso, algo que los mediocres de Génova, y alguno que otro de la periferia, no pueden soportar.


¿Dónde está el Iván Redondo del PP? ¿Se ha preocupado alguien con un mínimo de sentido común en buscar perfiles? ¿Quién le lleva la agenda a Casado? Cuando no aparece en una granja está en la calle esperando que le pongan un micrófono, lo que puede convertirle en rey del canutazo pero no en un líder. Eso hizo Miguel Ángel Rodriguez con José María Aznar hace veinticinco años, y lo está repitiendo con Isabel Díaz Ayuso, algo que los mediocres de Génova, y alguno que otro de la periferia, no pueden soportar. Redondo y Rodríguez son muy distintos pero los dos ofrecen resultados, y eso es lo que vale. Casado se queja de que no le sacan en los medios, lo que no se consigue enviando vídeos grabados en la sede, sino ofreciendo ruedas de prensa y no sólo para decir obviedades sobre el horroroso e incompetente Gobierno que padecemos. Por eso Vox le está comiendo la merienda para satisfacción de Sánchez y su druida. La magnífica intervención de Casado en la ridícula moción de censura de Abascal no ha dado resultado.

En Cataluña ha sido el PSC quien se ha comido un buen trozo de Ciudadanos, dejando a Arrimadas prácticamente en cueros. El PP no ha rentabilizado su giro al centro y necesita aligerar los despachos de pelotas para sentar a alguien que marque un rumbo que ilusione a un centro derecha que se siente desorientado y huérfano. El anuncio de abandonar la sede de Génova, cuya reforma se está investigando en la Audiencia Nacional, es algo que no va a devolver al PP el crédito perdido, pero al menos es una idea que puede llegar a calar en los votantes actuales, y sobre todo en aquellos que se están marchando a Vox. Es posible que sea una buena idea teniendo en cuenta que frente a las tragaderas de los seguidores de la izquierda, los del PP exigen limpieza, lo que no significa que Casado actúe al son que tocan sus enemigos, de fuera y de dentro. Sólo si se consigue una explicación capaz de sacar los colores a socialistas y podemitas, algo harto difícil, dejar la sede tendrá sentido.