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Jaime Ignacio Del Burgo

Opinión

Arzallus o la reencarnación de Sabino Arana (y III)

A Xabier Arzallus no le gustaban los de ‘fuera’. Y menos aún si no hacían el menor esfuerzo por aprender euskera. Una de sus frases más célebres fue: “Prefiero un negro que hable el euskera a un blanco que lo ignore”

El ex presidente del PNV Xabier Arzalluz
El ex presidente del PNV Xabier Arzalluz EFE

Tras su fracaso en el proceso constituyente Xabier Arzallus volvió al País Vasco con el rabo entre las piernas. En las elecciones de marzo de 1979 fue reelegido diputado por Guipúzcoa. Mantuvo una discreta intervención, por él magnificada en sus memorias, a la hora de negociar el Estatuto vasco, cuya gloria es atribuible a Carlos Garaicoechea gracias a su buena relación con el presidente Suárez. El 1 de abril de 1980, el navarro se convirtió en el primer lendakari vasco elegido democráticamente. Los estatutos del partido establecían la incompatibilidad entre los cargos institucionales y la presidencia del EBB. La dimisión de Garaicoechea le permitió a Arzallus convertirse en presidente del PNV, previa dimisión de su cargo de diputado en Madrid. Desde entonces, durante casi un cuarto de siglo movió todos los hilos de la política vasca. Se propuso enmendar su ligereza al proponer al nacionalista de Navarra como presidente del EBB.

A pesar de su origen guipuzcoano, Arzallus tenía su feudo en Vizcaya. Son dignas de recordar unas declaraciones de Arzallus en las que expresa su desprecio a la Real Sociedad, al que define como el equipo de San Sebastián, por llamarse Real. Una vez conseguido el poder omnímodo en el seno de su partido, Arzallus decidió dos cosas. La primera, no volver a presentarse a ninguna elección para el desempeño de una función representativa en las instituciones estatales o autonómicas y mucho menos para ser lendakari. A tal efecto le venía como anillo al dedo la incompatibilidad establecida en los estatutos nacionalistas entre la dirección política del partido y la función ejecutiva. La segunda, que en lo sucesivo, y tras ajustar cuentas con Garaicoechea, los lendakaris serían personas de lealtad acrisolada al partido, es decir, a su persona. Ardanza e Ibarreche fueron un claro ejemplo.

Arzallus fue un ferviente aranista. El pensamiento del “Libertador” está presente incluso cuando finge apartarse de él. A la pregunta de si comparte el racismo que rezuman los escritos de Sabino Arana, Arzallus no duda en negar al fundador hasta tres veces, si hace falta. Pero a renglón seguido le encuentra una disculpa. En tiempos de Arana -Arzallus dixit- la idea de la raza como fundamento de la nacionalidad era valor comúnmente aceptado en Europa. El País Vasco se encontraba postrado por la pérdida de los Fueros y había que inyectarle un nuevo espíritu de resistencia. Para ello nada mejor que exaltar sus características raciales y su limpieza de sangre frente a la invasión maketa. En esas explicaciones andaba un día, cuando Arzallus soltó una de sus frases más célebres: “Prefiero un negro que hable el euskera a un blanco que lo ignore”. Arzallus -al igual que Arana- divide la sociedad vasca en dos bandos. Para el fundador en Euzkadi viven dos clases de ciudadanos: los vascos de raza y los maketos. Para el moderno conductor nacionalista la sociedad vasca se divide entre los que saben euskera y lo que no lo saben. En ambos casos, se acentúa la diversidad étnica para sacar de ella consecuencias políticas. Dicho con crudeza, a Arzallus le traicionó el subconsciente. Para él, un blanco es mejor que un negro, salvo que éste sepa euskera, en cuyo caso la negritud es mejor que la blancura de todos los vascos no euskaldunes.

Los ‘chicos de ETA’ o ‘los chicos de la gasolina’, o los ‘patriotas’ que practican la lucha armada; estos y otros apelativos ‘cariñosos’ utilizaba Arzalluz para referirse a los miembros de la banda

Por eso, cuando de la llegada a la diócesis de Bilbao de un obispo maketo -“un tal Blázquez”-, reacciona airadamente porque el designado ni es vasco ni sabe euskera. Es tanta su santa indignación que amenaza incluso con provocar un grave conflicto con la Iglesia.

Atiza constantemente, erga omnes, el fuego del victimismo vasco. Predica la animadversión que según él se profesa "en España" a todo lo vasco. Tenemos a todos en contra. Nos odian por ser vascos, repite una vez tras otra con ese tono despreciativo e irritado que le caracteriza. Arzallus se refiere siempre a “ellos” -el enemigo- frente a “nosotros”. Es la dicotomía favorita del patriarca nacionalista que parece estar siempre de mal humor. Ellos son la Iglesia, por su falta de sensibilidad, o el rey, porque defiende una idea trasnochada de la unidad de España, o las Fuerzas Armadas porque, según su peculiar interpretación, mantienen a España en libertad vigilada a tenor de lo dispuesto en el artículo 8º de la Constitución, o, simplemente, los partidos no nacionalistas. Ellos son también los medios de comunicación invasores -si son de "allí"- o españolistas -si son de "aquí"-, contra los que el nacionalismo lucha en condición de inferioridad, pese al uso y abuso de dos canales de televisión -“la televisión de aquí”- y de varias emisoras de radio.

Acoso a la prensa

Un buen día, Arzallus, en perfecta coordinación con sus amigos de EH, denunció públicamente a un grupo de periodistas por su fobia antinacionalista. Con el lenguaje belicoso que le caracteriza se refirió a su pertenencia a “la Brunete mediática”, en alusión a la unidad militar situada en las cercanías de Madrid y en la que los golpistas del 23-F habían depositado vanamente sus esperanzas. "Estamos ante un auténtico 18 de julio sin cañones, que ya no son presentables en Europa", aunque "todo 18 de julio contra los vascos desembocará en la decisión de plantar cara a cualquier invasión, sea mediática o masiva. No van a amilanarnos en el ejercicio de nuestra libertad de expresión y de nuestro elemental derecho de autodefensa". En su delirio, Arzallus arremete también contra Angel Arnedo, director del periódico bilbaíno El Correo del que dice que es militar (hizo las milicias universitarias) y nada menos que "utiliza la violencia mediática". Ataque que no era nuevo, pues en 1996 la ejecutiva del PNV había declarado el "boicot" al mismo periódico, cuyo director era por aquel entonces José Antonio Zarzalejos, víctima de una especial campaña de acoso por parte de las juventudes nacionalistas. Pues bien, poco después de esta denuncia, publicada en el periódico nacionalista Deia, algunos de los miembros de esa supuesta división acorazada mediática fueron amenazados por los elementos proetarras y, en algún caso, recibió cartas bomba. Y es que los “chicos de ETA” o “los chicos de la gasolina”, o los “patriotas” que practican la lucha armada, que de todas esas maneras los llama cariñosamente Arzallus, siguen atentos a sus palabras y llevan sus enseñanzas hasta sus últimas consecuencias.

El componente xenófobo del pensamiento de Arzallus se pone de manifiesto cuando afirma que la culpa de que el País Vasco no haya alcanzado la independencia es de los inmigrantes: “En este país, durante cuarenta años, hubo una inmigración tremenda.... Muy bien, buscaban su trabajo. Pero ellos diluyeron el mal que había hecho Franco, porque si no hubiera sido por la inmigración habríamos podido hacer un referéndum de autodeterminación y ganarlo tranquilamente”.  Les reprocha que sus hijos no aprendan vascuence, como si fuera el idioma universal de todos los nacidos en el País Vasco: “¿Es mucho pedir que no pisen lo nuestro y que sus hijos aprendan la lengua de aquí?”.

Tras el ‘error Garicoechea’ los lendakaris siempre fueron personas de lealtad acrisolada al partido, es decir, a la persona de Arzallus, como Ardanza e Ibarreche

Los vascos recorrieron el mundo bajo las banderas de la monarquía española. En cualquier parte de España fueron, son y serán bien recibidos. Es más, las estadísticas demuestran que hay casi cuatro millones de españoles que tienen algún apellido de origen vasco. Nadie pasó factura a quienes por una razón u otra se afincaron fuera del País Vasco. Pero, si es a la inversa, Arzallus sí lo hace: “Tenemos un pueblo dividido Ha venido mucha gente de fuera. No creo que los vascos nos hayamos portado mal con la gente de fuera, y ahora parece que éstos quieren apropiarse de nuestro país”. Por si quedaran dudas remachó el clavo: “No puede concebirse que los de fuera se conviertan por los votos en dueños de nuestra casa, que así se vaya perdiendo nuestra identidad, ya que a algunos no les importa nada, y no estoy hablando de limpieza étnica”. Consciente de las críticas que estas palabras le iban a reportar aclaró, consiguiendo sólo estropearlo aún más: “Y una cosa es todo eso de la limpieza étnica e historias parecidas, y estamos en contra de todo eso (no creo que los vascos hemos sido nunca así), y otra el que los de fuera, con el voto de fuera sean los dueños de la casa. Y perdamos todo nuestro ser y nuestra esencia porque a algunos no les interesa en absoluto. Y menos aún, si las cosas van así por medio de la colaboración de algunos de aquí”. El pensamiento sabiniano sigue, pues, bien presente. A Arzallus no le gustaban los de fuera, es decir, quienes por razones de trabajo y para contribuir a la prosperidad del País Vasco se establecen en él procedentes de otros lugares de España. Y no le gustaban porque los de fuera, en colaboración con algunos descastados de dentro, destruyen la identidad vasca.

Lo expresó con toda claridad en una entrevista concedida al periódico alemán Die Welt. Cuando el periodista le hizo la consideración de que en el País Vasco vive mucha gente que no quiere una ruptura con España, volvió a surgir su obsesión por los inmigrantes a los que culpabiliza de la actual situación de Euskadi. Su respuesta es de las que hacen época: "Nosotros tenemos muchos inmigrantes que llegaron bajo el régimen de Franco. Entonces se plantea la misma pregunta que en Alemania: ¿Es alemán un turco que haya vivido varias décadas en Alemania? ¿Quiere serlo? No todos los que viven con nosotros quieren ser vascos". Para Arzallus un español no vasco que decida ir a vivir al País Vasco es como un turco en Alemania, es decir, alguien de otro pueblo, de otra lengua, de otra cultura que por razones de necesidad se ve obligado a abandonar su país de origen, pero que en todo caso sigue siendo un extranjero. Sabino Arana está siempre presente en la mente de Arzallus. Ya lo dijo con su sabiduría característica, y lo he recordado al comienzo de este capítulo, otro gran vasco y vascófilo, escéptico y zumbón, como fue Julio Caro Baroja: "Uno puede presumir de marxista, de liberal, de conservador, de lo que quiera, porque tienen un camino y una formulación dialéctica. Pero tener las ideas de Sabino Arana como base, para eso es mejor suicidarse". Arzallus no acepta, claro es, el consejo. Prefiere conducir a su pueblo al suicidio colectivo.

Las alusiones al tamaño del cráneo y al RH negativo por parte de Arzallus han sido también motivo de chirigota. Para el dirigente nacionalista no son para tomarlas a broma, pues se trata de un elemento objetivo que demuestra la singularidad del pueblo vasco. ¿Y si somos un pueblo racial y étnicamente distinto de los demás -piensa Arzallus-, por qué se nos niega el derecho a la independencia, mientras que sí se reconoce a estonianos, eslovenos y eslovacos? El País Vasco es una tierra donde vive una etnia con características raciales y lingüísticas distintas invadida por quienes, salvo excepciones, no respetan la identidad vasca. Los no nacidos en el País Vasco no deberían tener derecho a voto. La consecuencia del mestizaje es para Arzallus la pérdida de la identidad nacional.

Arzallus nunca condenó el programa de limpieza étnica llevado a cabo por ETA. Más de doscientos mil vascos –o no eran “de aquí” o no eran “buenos vascos” – se refugiaron en el resto de España ante el temor a ser víctimas de un atentado mortal. Desgraciadamente Sabino Arana volvió a hablar por boca de Arzallus.

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