A día de hoy, no sé a ciencia cierta qué fue antes, el huevo Pedro Sánchez intentando darle el golpe de gracia en Murcia y Castilla y León a un Pablo Casado a propósito del asedio diario al que le someten los tribunales por el caso Bárcenas, o la gallina Inés Arrimadas intentando reanimar a un moribundo Ciudadanos con un último giro a la izquierda a costa del presidente del PP; lo que tengo claro es que ambos se han pegado un tiro en el pie y han reforzado sin quererlo a su rival por la derecha.

Si lo que comenzó en Murcia como una cainita lucha de poder interno entre mujeres naranjas -un quítate tú Isabel Franco para ponerme yo, Ana Martínez Vidal- acaba el cuatro de mayo en Madrid con un reforzamiento electoral de Isabel Díaz Ayuso, y de Génova, que correrá a apuntarse el tanto, y con la desaparición de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid, lo menos importante será, créanme, cuándo Arrimadas decidió erróneamente estrenar con su partido la nueva Ley de Eutanasia.

Su espectro y el de quienes le sigan fieles serán unas simples líneas en el epitafio de la segunda formación liberal con vocación de bisagra, que bien pudiera ser: “De tanto defender su pureza centrista se convirtió en torno ideológico de ida y vuelta hacia ninguna parte”; que se lo digan a ese Centro Democrático y Social (CDS) del que nadie se acuerda treinta años después aunque suya sea la paternidad de una de las medidas más impactantes para los de mi generación como fue la desaparición del servicio militar obligatorio, que luego se apropió José María Aznar desde el Gobierno... Así se escribe la historia, Inés.

El precedente de Suárez

En esa noche del cuatro de mayo, si ocurre lo que vaticinan los sondeos, quien tendrá un problema y no menor es el presidente del Gobierno. Para empezar, habrá facilitado a su principal rival en la lucha por La Moncloa, Casado, un flujo de centristas huérfanos que acabará inexorablemente dando al PP, tras las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2023, la alcaldía de numerosas capitales de provincia -en los consistorios, si no hay mayoría alternativa, gobierna la lista más votada-, como le ocurrió en 1991 a un entonces recién llegado Aznar, tras el hundimiento del expresidente Adolfo Suárez.

Y eso... si la deriva política iniciada en este extraño mes de marzo, que comenzamos convencidos de que por delante no teníamos más que estabilidad política con la aprobación balsámica de los primeros presupuestos en tres años, vacunas contra la covid y la llegada de los primeros fondos de reconstrucción europeos, no acaba antes en un adelanto de elecciones generales a este año o principios de 2022; con el consiguiente engrosamiento de la cuenta de diputados del PP fruto del error Arrimadas: de los actuales 90 a 115 escaños, según diversas estimaciones realizadas por los promotores del fenecido España Suma.

Ni el adelanto de las elecciones generales es ya descartable porque, como gobierne Ayuso, Iglesias va a tener mucho tiempo para intrigar contra su socio en La Moncloa

Un hecho nada descartable el del adelanto electoral llegados a este punto porque, como gobierne Ayuso y Ángel Gabilondo no tenga oportunidad de desdecirse de su rechazo a gobernar con Pablo Iglesias (no se crean nada, son cosas que se dicen en campaña), el líder de Podemos va a tener mucho tiempo libre para desestabilizar en el Parlamento y en la calle a su socio Sánchez a poco que vea flojear a la vicepresidenta Yolanda Díaz; menudo es él, ya nos lo ha demostrado en los pasillos de La Moncloa.

Sí, así son las cosas: Inés Arrimadas, con su movimiento a la desesperada, lejos de garantizarse su supervivencia política y facilitarle al presidente del Gobierno que duerma más tranquilo, con Iglesias ya fuera de La Moncloa, ha abierto la caja de Pandora... o el desagüe de esa política líquida y de serie de Netflix que vive España desde hace un lustro.

De momento, Pedro Sánchez a buen seguro que dormirá con un ojo abierto esperando la siguiente de su exvicepresidente. Temas no le van a faltar a Iglesias para justificar la ruptura llegando el caso; el primero la polémica Ley de Vivienda que ya ha advertido es casus belli para Unidas Podemos: o se retiran los incentivos en el IRPF a los arrendatarios de pisos que tanto gustan a su íntima enemiga, la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, o tumban la ley.

Añadámosle la determinación de los morados, en particular de la ministra de Igualdad, Irene Montero, de llevar adelante su ley del “solo sí es sí” en materia de libertad sexual, o la 'ley trans', que ha puesto en pie de guerra a las feministas más conspicuas del PSOE, empezando por su cabeza visible, la vicepresidenta Carmen Calvo... y la resultante es todo menos un 2021 políticamente estable.