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Gabriel Sanz

Opinión

Un aplauso de cuatro minutos y muchos 'vivas' para un Felipe VI en apuros

Mala cosa que el Rey de todos venga desde hace un mes siendo protagonista del debate político; Todo lo contrario de la normalidad institucional que se pretendía inaugurar este lunes

Meritxell Batet aplaude al Rey al final de la apertura solemne de las Cortes
Meritxell Batet aplaude al Rey al final de la apertura solemne de las Cortes EFE

No había más que pasearse desde primera hora por el centro de Madrid y contemplar la seguridad extrema en torno al Congreso de los Diputados y la Carrera de San Jerónimo, para intuir que la apertura solemne de la legislatura en las Cortes por parte del Rey Felipe VI llegaba este año revestida de un aroma de excepcionalidad.

Porque excepcional es que la formación que tiene en su mano la duración de la legislatura y del Gobierno de Pedro Sánchez, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), no haya acudido y haya preferido firmar con Junts pel Cat, Bildu, Bloque Nacionalista Galego (BNG) y las CUP un manifiesto que dejar lugar a pocas dudas: "No tenemos Rey"; como también es excepcional que el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, y el resto de ministros de Unidas-Podemos, hayan aplaudido al final el discurso del monarca solo por protocolo, mientras que buena parte del grupo parlamentario bajaba los brazos en señal de reprobación de la Monarquía.

Quizá por eso, porque este año 65 diputados -los 33 del manifiesto soberanista más los 32 de Podemos- de un total de 350, de una u otra manera vienen a señalar que no tienen Rey, el resto se ha sentido impelido a respaldarle hasta un punto demasiado llamativo porque la institución lo es de todos, también de los ausentes; empezando por la presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, anfitriona este lunes de diputados y senadores, quien a medida que finalizaba sus palabras previas fue elevando su tono monocorde para lanzar un primer "¡Viva la Constitución!", "¡Viva el Rey!".

"Felicito a Don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, y le deseo mucho éxito en la gran responsabilidad que ha contraído", le ha dicho el Rey en ausencia de su socio principal para que dure la legislatura, ERC

Felipe VI dejó luego estas palabras: "Felicito a Don Pedro Sánchez Pérez-Castejón, y le deseo mucho éxito en la gran responsabilidad que ha contraído", que a este cronista, visto lo visto, le suenan sarcásticas, en la linea "el dolor vendrá después" que le susurró a Sánchez en el Palacio de La Zarzuela hace un mes... sobre todo si van seguidas de estas otras: "España no puede ser de unos contra otros; España debe ser de todos y para todos".

La apertura de las Cortes, con su llegada de los Reyes en el viejo Rolls-Royce, su desfile, tiene siempre ese aroma de las grandes celebraciones, pero en esta ocasión sus señorías, diputados y senadores, han elevado tanto el listón, se han esforzado tanto en sentirse monárquicos por reacción, que dentro de cuatro años la ovación final al Rey puede saber a poco.

No va a ser fáciles de batir esos casi cuatro minutos de aplauso -en concreto, tres minutos y 51 segundos, poco menos que el recibido en el Congreso el día de su proclamación en 2014-, solo rotos por el grito de la diputada del PP por La Coruña Tristana Moraleja "¡Viva la Constitución!", "¡Viva el Rey! y "¡Viva España!", respondidos al unísono a izquierda y derecha del Hemiciclo.

Felipe VI lo sabe; sabe que la institución que encarna es alérgica al exceso. Su sonrisa un punto incómoda al final le delataba, hasta el punto de abandonar por un momento el hieratismo propio de la institución para insinuar con la mirada un "muchas gracias, pero ya"; y darse la vuelta, junto con la Reina Letizia y las Infantas rumbo al Salón de Pasos Perdidos, a iniciar el besamanos.

Mala cosa que el Rey de todos venga desde hace un mes siendo protagonista del debate político en España, a favor o en contra; sea porque el presidente del Gobierno no lo defiende a tiempo en su investidura, sea porque PP, Vox y sus socios minoritarios lo manosean, sea porque el independentismo aprovecha su figura para agrandar la sima con España. Transmite una imagen, real o inflada, de que está en apuros. Todo lo contrario de la normalidad que se pretendía inaugurar este lunes.

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