Rufián preguntó, a su manera nada conciliadora. Después, la respuesta, simple y reveladora, de un presidente del Gobierno cuasi desafiante: “¿Qué va a hacer ahora Esquerra Republicana de Cataluña?”. 1 de junio de 2018, el día en que empezó todo. O, mejor dicho, se inició la negociación actual entre el presidente del Gobierno y sus socios de moción de censura e investidura, ahora de indultos. ¿Cuál era el precio del desalojo del PP, autor de la aplicación del 155? Además de la satisfacción de la venganza- culminada con la puñalada intercostal del PNV a Rajoy, cobrando la emboscada con el traspaso de las prisiones- se acordaba el precio con la salida de la cárcel de quienes, entonces en prisión preventiva, esperaban juicio en las Salesas.

¡Todos a la calle! Ni justicia, ni equidad sino la utilidad pública de los votos que mantienen al presidente del Gobierno, hasta el final de la legislatura

Seis meses antes, en la campaña de las autonómicas de diciembre de 2107, el muñidor Iceta anunció los indultos. Ni siquiera se había escrito el auto de procesamiento. El líder de los socialistas de Cataluña adelantaba lo que iba a ocurrir el inolvidable 23 de junio de 2021. ¡Todos a la calle! Ni justicia, ni equidad sino la utilidad pública de los votos que mantienen al presidente del Gobierno, hasta el final de la legislatura, en nombre de una convivencia que los autores de los delitos volatilizaron con la presión callejera y el golpe institucional a la legalidad constitucional del 78.

Como explica la catedrática de Comunicación Política, María José Canel, “las emociones anestesian la capacidad de comprender la realidad de los hechos, sólo así se explicó el relato independentista y ahora el de Sánchez”. El uso (o el abuso) de palabras y sintagmas para que el relato haga la política: Convivencia, concordia, reparación, nuevo tiempo, proyecto país o reencuentro, para crear imágenes de un mundo feliz, alimento para los sentidos, eludiendo la razón. El entendimiento, junto con la información veraz, conduce inevitablemente a la ley, a su cumplimiento y por supuesto a su insobornable defensa. Los expertos en comunicación política se ofenden cuando se incluye a Iván Redondo en el gremio porque su especialidad es la propaganda, la herramienta más inquietante. Se dirige a las emociones o, dicho de otra manera, a las tripas con el mensaje sentimental.

Igualan ciudadanos y competencias

¿Valentía o necesidad? Ni con los indultos, recién salidos del horno del BOE, camuflan la realidad del pacto alcanzado para llevar y mantener a Sánchez en la Moncloa. Rufián clava el dardo y el presidente se revuelve. Con la gracia del Consejo de ministros no se paga la factura, tan solo un plazo. El presidente del Gobierno practica un progresismo encantado con el nacionalismo excluyente al que por culpa de la malvada derecha española se le debe algo a perpetuidad.

La Constitución liberal del 78, de la que emanan las autonomías, no sirve porque iguala a todos los españoles y permite que Murcia y Cantabria tengan las mismas competencias. Ya no vale con ser distinto e incluso diferente, hay que ser más que el otro, sobre todo si no es rico y próspero. A mirar por encima. La superioridad del nacionalismo otra vez tumba un Estado liberal. Desde dentro, determinadas élites de la izquierda, empezando por el mando del PSC, se suman practicando una falsa fe: el apaciguamiento.

Sánchez ha comprado la mercancía con la Agenda del Reencuentro. Nueva marca comercial para las negociaciones bilaterales. En el artículo publicado en El País, el inolvidable 23 de junio de 2021, Sánchez habla de España y de Cataluña como dos iguales, no como el todo y la parte. El Estado desaparecerá como tal. Y no es una ficción porque en el País Vasco van muy por delante. Embadurnarán el circuito de los mensajes con la federalización de España, obviando que en ese modelo el Estado tiene competencias propias y exclusivas, instituciones federales con presencia en toda la nación como ocurre en Estados Unidos y Alemania.  

Por la vía de los hechos, con un Estatuto de Autonomía reforzado, Cataluña será soberana. Si como promete el presidente del Gobierno, en la negociación se incluyen las reivindicaciones planteadas en los últimos diez años, el gobierno catalán recaudará los impuestos aportando, si lo hace, un cupo, como el vasco y el navarro (el pufo, como define el profesor Buesa a la aportación de estas dos regiones al Estado con los números en la mano) y conseguirá un Poder Judicial propio tal y como se contemplaba en el Estatuto de 2006, amputado por el Constitucional en 2010 al ver que perdía jurisdicción en una parte del territorio nacional. Sánchez se jacta de los 192 escaños que apoyan los indultos. Sus socios de moción de censura, de investidura y ahora de indultos van desmontando el sistema constitucional del 78 sin necesidad de una demolición. Desde dentro, con Sánchez en la Moncloa, se tiran paredes y tabiques para que el siguiente ya no tenga ni donde agarrarse para hacer frente al verdadero final: “Lo haremos, y ganaremos”. Promesa al salir de la cárcel. Otro pinchazo más de anestesia emocional