Análisis

Nosotros a lo que diga Maduro, todo un ejemplo a seguir

                              

Pablo Iglesias.
Pablo Iglesias. EFE

“Pablo acaba de convocar elecciones para el 26 de junio”. Tal era el escueto wasap que Federico Castaño cursó a la redacción de Vozpopuli en la mañana del viernes desde la sala de prensa del Congreso, donde Pablo Iglesias, arropado por la imponente coreografía del soviet de Podemos, acababa de propinar la última bofetada en el rostro de un PSOE centenario que, con cristiana resignación, viene aceptando cualquier clase de humillación por parte de quien se sabe imprescindible para hacer realidad el sueño de un tal Pedro Sánchez de llegar a La Moncloa. El último acto de esta comedia que dura ya demasiado tiempo había tenido lugar la tarde del jueves, con la reunión a tres entre PSOE, Podemos y Ciudadanos. José Manuel Villegas ese Castelar que, como buenamente puede, hace las veces de portavoz de C’s, se encargó de explicar que la quedada había terminado en fiasco: Podemos consideraba “en vía muerta” los acuerdos de Yalta suscritos entre Sánchez y Albert Rivera, y presentaba como sustitutivo un informe de 15 folios intitulado “20 propuestas para desbloquear la situación política y posibilitar un Gobierno de cambio”, advirtiendo, además, que eran lentejas.

En el universo entre surrealista e inane en que se mueve la política española actual, la nota lúdica la puso Antonio Hernando, inasequible al desaliento portavoz del PSOE y leal sanchopanza de Sánchez, asegurando en la SER a primera hora del viernes que, hombre no, la cosa está muy difícil, cierto, pero todavía hay posibilidades de acuerdo, valorando, además, que Iglesias había estado “franco y sincero”. Más lejos aún: “Dentro de unas horas nos vamos a reunir con C’s, y durante el fin de semana analizaremos el documento de Podemos para ver qué se puede hacer con él”. Hernando apenas tuvo tiempo de tomarse un café en Gran Vía antes de escuchar el exabrupto con el que Iglesias obsequiaba, una vez más, a su jefe. Tras mandar al PSOE a Parla, Pablo anunció que la última palabra estaba en manos de la militancia ("¿Quieres un Gobierno basado en el pacto Rivera-Sánchez?"), pero dejando claro que si, por un nuevo milagro de Fátima, la respuesta fuera positiva, tanto él como el soviet que le arropaba presentarían la dimisión. Una nueva clase de democracia directa impartida en horario infantil por el profesor de políticas.

Sánchez no aprende. Lleva tal cara de velocidad, tiene tantas ganas de tocar Poder, que el 'podemita' se divierte jugando con él al ratón y al gato

Llegó entonces la reacción escocida de Sánchez y los suyos, que otra vez, y van unas cuantas, se caían del guindo o más bien del potro de tortura al que desde el 20D les somete Podemos y su dirigencia. “Ha convocado una consulta sin importarle un pimiento cuál es nuestra opinión sobre su documento", aseguraba, francamente cabreado, Hernando. “Una consulta para la ruptura”. Sánchez no aprende. Tiene tal cara de velocidad, tantas ganas de tocar Poder, que el podemita se divierte jugando con él al ratón y al gato. Como decía Pío Baroja de Alcalá Zamora, "llevado de una vanidad pueril, hubiera sido capaz de aceptar la presidencia de una sociedad de porteros o de zapateros de viejo". Al ridículo de estos meses, acaba de añadir el oprobio. El “Gobierno del cambio para echar a Rajoy”, que a eso se reduce el programa del candidato del PSOE, tendrá que esperar. Acierta, sin embargo, cuando dice que la verdadera intención de Iglesias "era buscar las elecciones desde el primer día, al igual que Mariano Rajoy”. En la misma dirección apunta también el gran Villegas: "Quedan dos semanas de tiempo útil para cambiar la situación. Si el PP y Podemos insisten en ir a elecciones, al final iremos a elecciones”.

Parece, pues, que vamos a elecciones. Al líder de Podemos se le pueden reprochar muchas cosas, pero difícilmente se le puede acusar de falta de coherencia. Él nunca ha engañado a nadie. Siempre ha mostrado a las claras sus intenciones: ir a nuevas generales para tratar de convertirse en fuerza hegemónica de la izquierda tras la previa absorción de IU. Eso, o dinamitar el PSOE desde dentro formando parte de un Gobierno cuya vicepresidencia, con el control de los órganos claves del aparato del Estado, estaría ocupada por él. Entrismo puro. Pura provocación. Como buen comunista, a Iglesias le importa un pimiento el Gobierno: lo que realmente le interesa es el asalto al poder para, desde allí, construir el tipo de sociedad igualitaria y estatista, liberticida, que pregona. En el amor al Poder coincide con Rajoy, el presidente en funciones que sigue callado cual muerto viendo pasar los días desde los jardines de la Moncloa, esperando a que su enemigo se estrelle. También Mariano, como Pablo, ha sido coherente.

El PSC, listo para sustituir a la CUP en el Govern

¿Está dicha la última palabra? En contra de lo que podría dar a entender lo ocurrido estos días, ni mucho menos. En realidad, la aparatosa rueda de prensa del viernes no pasa de ser una puesta en escena para obligar al bello Sánchez a elegir de una vez entre C’s o Podemos, la gran cuestión que planteada desde hace semanas. Y son muchos los que creen que, llegado el momento, en el último minuto, el candidato socialista terminará aliándose con el diablo para hacer realidad esa obsesión suya por dormir al menos una noche en Moncloa como presidente, de modo que toda la artillería exhibida el viernes por Coleta Morada podría ser pura puesta en escena, lanzas prestas a tornarse palmas a ultimísima hora, cuando Sánchez, desesperado, haya devuelto a Rivera el rosario de su madre dispuesto a quedarse con Pablo y todo lo demás. Una solución que podría ser avalada, además, por los partidos nacionalistas catalán y vasco, con la abstención de ERC. En esta dirección lleva tiempo trabajando ese émulo de Fred Astaire que es Miquel Iceta (“¡Ojalá hubiera más socialistas como Iceta!”, ha dicho Pablo), dispuesto a dar vidilla a un moribundo PSC entrando en el Ayuntamiento de Barcelona y en el propio Govern, en sustitución de las levantiscas CUP. 

¿Consentiría una fórmula semejante el Comité Federal (CF) del PSOE, que impuso como condición para negociar con Podemos la renuncia expresa al referéndum de autodeterminación en Cataluña? ¿La aceptarían los barones, por no hablar de la vieja guardia socialista? Uno de los acontecimientos más llamativos de este tiempo de entremés ha sido la construcción de un líder donde no había más que un derribo, un tipo con buena imagen que resultó aparatosamente cogido por los resultados electorales del 20D, que tuvo la osadía de ofrecerse voluntario para formar Gobierno sin la menor garantía de éxito, y que salió escaldado de las Cortes, pero que, a pesar de las tortas, por encima de las derrotas, ha emergido como un resistente, mayormente un personaje de cuidado capaz, a caballo de su desmedida ambición, de pasarse por el arco del triunfo los mandatos de ese CF, como ha demostrado viéndose con Carles Puigdemont (el famoso “deshielo”) y encerrándose a solas en un hotel de Barcelona, a espaldas del antedicho, con ese otro prodigio de la política catalana que es Oriol Junqueras, obviamente para conocer de primera mano a cómo está el kilo de abstención en las Cortes de ERC, cara a un desesperado último intento de investidura.

La conclusión que cabe extraer de la revolución ocurrida en el socialismo hispano es que Sánchez es hoy un líder que va por libre 

Pero el chico ha ido más lejos: ha respondido a la presión de los barones y del propio CF trasladando a las bases la decisión última sobre los eventuales pactos, lo que equivale a dinamitar la autoridad del máximo órgano de gobierno entre Congresos. Hasta aquí ha llegado la carga de profundidad que los podemitas han introducido en la obra viva de un partido amenazado, como el propio PP, de liquidación por derribo. ¿Quién manda entonces en el PSOE? ¿Los más de 200 nombres que forman el CF, o la militancia consultada –menos del 40% apoyó a finales de febrero el pacto suscrito con C’s- a conveniencia del líder? La conclusión que cabe extraer de la revolución ocurrida en el socialismo hispano es que Sánchez es hoy un líder que va por libre y que desafía las resoluciones de su CF, porque ha encontrado en la consulta a las bases la artimaña para burlarlas. Pocas esperanzas cabría, pues, depositar en el citado Comité o en los barones a la hora de poner freno a una fórmula de Gobierno tan peligrosa para los intereses de la mayoría de los españoles como la citada.

Rajoy y la noria de la gran coalición

Ayer sábado, en una más de sus llamativas piruetas, El País anunciaba en portada que “Sánchez se abre a hablar con el PP tras romper con Podemos”, afirmación sin base alguna que contradice el mandato, otra vez, del CF (con el PP ni a cobrar una herencia) y el odio que Sánchez y Rajoy se profesan. Mero intento de cargar en el debe del PP la responsabilidad de las nuevas generales. Y Mariano ¿qué dice? Mariano volvió ayer, también en Barcelona, a dar vueltas a la noria de la gran coalición con el PSOE “y, si quiere, C’s, aunque sus votos no son decisivos”. Se trataría de “un gobierno estable que podría hacer reformas consensuadas”. ¿Qué clase de reformas, señor Rajoy? ¿Podría usted detallarlas o está demasiado ocupado durmiendo la siesta? Instalado en su clamoroso silencio, el gallego parece dispuesto a volver a las urnas sin honra, porque la perdió en el aluvión de corrupción que mantiene al partido sin pulso, y ahora también sin fama, sin el crédito de brillante gestor que acompañaba al PP y que ha quedado arruinado por el dato de déficit público de 2015. Cualquier cosa antes que ese mínimo gesto de grandeza que supondría irse a casa para dar una oportunidad a su partido.   

Esto es lo que hay. Nunca como ahora fue tan penoso tratar de analizar la realidad y tan arriesgado pretender adivinar el futuro. En contra de quienes se apresuran a calificar de fracaso unas nuevas generales, hay que insistir en que es preferible volver a pulsar el veredicto de las urnas antes que aceptar una fórmula de Gobierno susceptible de arruinar las posibilidades de futuro del país, como probablemente ocurriría con un Gobierno Sánchez tutelado por Podemos. Como aquí se dijo el pasado 27 de marzo, nuevas elecciones para dar a los españoles la oportunidad de rectificar la decisión tomada el 20D, la posibilidad de enmendar el error –si así lo creyeran- de entonces, y proceder en consecuencia. Demasiada gente, demasiadas veces, se ha retratado en los meses de la basura que van desde el 20D. Ayer, en Barcelona y junto a Pablo Echenique, nuevo secretario de Organización, Iglesias dio nuevas pistas sobre la calidad de la tela que guarda el arca de Podemos: “Durante estos días han querido domesticarnos. Han pensado que con la lógica de la Junta de Portavoces, de las negociaciones, del yo te doy y tú me pides, nos iban a convertir en una fuerza política que contara con el beneplácito de las oligarquías. Nosotros no nos vamos a vender”. Nosotros, a lo que diga Maduro, todo un ejemplo a seguir.

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