Análisis

La Educación no tiene quien le escriba

   

El ministro de Educación, Cultura y Deportes, Íñigo Méndez de Vigo.
El ministro de Educación, Cultura y Deportes, Íñigo Méndez de Vigo. EFE

El Partido Popular está de rebajas. De rebajas ideológicas, se entiende. Liquidación por derribo o por fin del negocio. Carente de otra ideología que no sea ese conservadurismo que consiste en no hacer nada, en seguir impertérrito cual estatua de sal aunque se caiga el mundo, el partido que dirige Mariano Rajoy ha decidido hacer almoneda de los últimos restos de lo que fue su ideario en materia educativa. Lo dijimos aquí en septiembre del año pasado (“Rajoy suspende la reválida”), y lo acaba de certificar una información que el diario El Mundo adelantaba este martes: “Rajoy rectifica y devuelve a las CC.AA. el control en Educación”. A tomar viento otra de las promesas estrella en la campaña de 2011, la referida a la homogeneización de los niveles educativos de los jóvenes españoles por encima de las fronteras autonómicas. No ha sido necesaria la llegada a la Moncloa de un nuevo Zapatero: Es el propio Gobierno en funciones el que ha decidido evitar ese engorroso trámite mediante el método de dejar la Ley Wert en papel mojado.

El Ejecutivo en funciones no se ha

cepillado las reválidas: ha decidido traspasar su realización y control a las Comunidades Autónomas

José Ignacio Wert parió una polémica ley educativa, la LOMCE, que ni siquiera consensuó con los expertos en la materia dentro del propio PP, y, llegada la hora de hacerla entrar en vigor, escapó a París como embajador español ante la OCDE dejando la cosa empantanada. De la plasta que quedó en Madrid se hizo cargo, por voluntad del conducator popular, un tal Méndez de Vigo que, desde que asumió el cargo, se ha dedicado a ir desmontando la ley como ha podido. Alguien vendrá que bueno te hará. En septiembre pasado, en efecto, el ministro convocó la Conferencia Sectorial de Educación, el órgano que reúne a los Consejeros de las distintas CC.AA. en la materia, y les transmitió la voluntad del Ejecutivo de hacer tabla rasa con las reválidas de la ESO y el Bachillerato, quizá el punto más conflictivo de la nueva Ley. Como es fácil de entender en un país donde educadores y educandos aspiran al aprobado general, los consejeros de Educación autonómicos acogieron la nueva aplaudiendo con las orejas.

Pues parece que no, parece que finalmente el Ejecutivo en funciones no se ha cepillado las reválidas: ha decidido traspasar su realización y control a las Comunidades Autónomas, lo que para el caso viene a ser lo mismo. Según el proyecto de Real Decreto y la orden ministerial que prepara el ministerio, cada Gobierno autonómico podrá fijar las preguntas y el calendario de los exámenes por su cuenta, lo que en la práctica significa que ya no se celebrará el mismo examen de forma simultánea en todo el territorio español, tal y como pretendía Wert. El Gobierno que decía perseguir que los alumnos españoles estudiaran la misma Historia de España y la misma Geografía en todo el país, se la vuelve a envainar. Se avecinan nuevas elecciones y estamos en época de regalos. Nada de dar un puñetazo en la mesa y hacer cumplir la ley. Nada de hacer enemigos nuevos. Que el Ebro nazca en Novillas (Aragón) o en Ribarroja (Cataluña). Donde le dé la gana.  

Poner orden en el caos educativo actual

Al hablar de “reválida” nos estamos refiriendo a la realización de un examen final externo –es decir, evaluado por personal docente no perteneciente al centro donde el alumno ha cursado estudios- y con carácter nacional, cuya aprobación resulta imprescindible para obtener un título, para acceder a una etapa de estudios superior, o para ambas cosas a la vez. Se trata de una prueba que se realiza en la mayoría de los países europeos -hasta 16 a día de hoy- al finalizar cada etapa educativa, y que tiene un fuerte impacto en las decisiones académicas adoptadas por los estudiantes. Una vez que la educación se transfirió a las CCAA –fue precisamente Rajoy quien, como ministro del ramo del primer Gobierno Aznar, concluyó todas las transferencias educativas-, dotar de una cierta homogeneización a nuestro sistema educativo se había convertido en preocupación de primer nivel de numerosos educadores, deseosos de poner orden en un caos del que arrancan no pocos de los problemas de fondo que acechan al país.

La reválida es una prueba que se realiza en la mayoría de los países europeos -hasta 16 a día de hoy- al finalizar cada etapa educativa

Conviene decir que la LOMCE otorga –otorgaba- un amplísimo margen de autonomía no sólo a las CC.AA. sino también a los centros docentes, de manera que el Gobierno solo tiene competencias sobre el 50% de las asignaturas troncales y sobre las reválidas y pruebas de todas las etapas y niveles. Las CC.AA. y centros docentes “gobiernan” todo lo demás. Tan asimétrica distribución de competencias por parte de la LOMCE tenía dos pilares únicos de vertebración y homologación o, lo que es lo mismo, de “normalización de los estándares de titulación en toda España (…) asegurando una formación común y garantizando la validez de los títulos correspondientes”, dos pilares concretados en ese escaso 50% de asignaturas troncales, de entrada, y en las reválidas, de salida, que estaban llamadas a funcionar como elemento común de homologación y rendición de cuentas, estudien lo que estudien los estudiantes en cualquier punto de España y sea cual sea la combinación de las asignaturas que se elijan.

Pero el ministro Méndez de Vigo no está dispuesto a inmolarse en la pira de la Educación española, y ha decidido ceder alegremente las reválidas a las CC.AA., que de este modo pasarán a mejor vida, ello cuando España se enfrenta a una amenaza cierta de desvertebración educativa, que es tanto como decir de desvertebración de país. Méndez de Vigo aspira a repetir como ministro en un eventual nuevo Gobierno PP, y no es cosa de quemarme con una Ley que no es mía, de modo que dejemos la cosa en manos de las Autonomías y que sigan dándole a la matraca de la Guerra Civil y la politización sectaria de la izquierda. El ministro en funciones ha accedido incluso a no publicar los rankings con los resultados de las reválidas, algo que cabreaba muchísimo a buena parte de la comunidad educativa, tan reacia ella a la competencia, tan proclive al aprobado general, tan enemiga de la excelencia, tan apegada a la mediocridad. La Educación no tiene quien le escriba, y Rajoy mirando hacia otro lado. Él está en otras cosas.


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