Análisis

Deuda pública, una “bomba de relojería” que debe desactivarse

      

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro.
El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Efe

La deuda del conjunto de Administraciones Públicas es actualmente de más de un billón de euros (doce ceros detrás del uno). Al final de año, suponiendo que se cumple el objetivo de déficit fiscal, se acercará a 1,1 billones, lo que equivale prácticamente al 100% del PIB.

En los ocho años que van desde diciembre de 2007 hasta el mismo mes del año en curso, la deuda pública habrá aumentado en 700.000 millones de euros. Eso implica un ritmo medio de incremento de unos 87.000 millones por año, 7.300 millones por mes o 10 millones por hora (incluso mientras dormimos).

¿Por qué se ha producido ese incremento tan enorme? Un 56% del aumento (casi 393.000 millones de euros) se explica porque los gastos no financieros de las AA.PP. (pensiones, sanidad, educación, seguridad, justicia, etc.) excedieron la recaudación de impuestos y cotizaciones sociales. Además de ese exceso de gasto, las AA.PP. se endeudaron en otros 217.000 millones para pagar los intereses de la deuda pública (un 31% del incremento). Así, tenemos que el 87% del aumento de la deuda se explica por el déficit fiscal.

El resto del incremento se debe a los 51.000 millones de euros destinados al rescate de las cajas de ahorro (7% de todo el aumento) y a otros 40.000 millones que financiaron, principalmente, el Plan de Pago a Proveedores (6% restante).

El rescate a las cajas de ahorro explica una pqueña porción del incremento total de la deuda pública

Pese a lo que se escucha casi a diario, los datos anteriores nos muestran que las AA.PP. no han sido “austeras” sino “gastizas”. Peor aún: endeudarse para pagar intereses es algo que, si fuera hecho por una familia o una empresa, sería calificado de auténtica locura. Por otra parte, el rescate a las cajas de ahorro (no “a los bancos”) explica una pequeña porción del incremento total de la deuda pública.

Un elevado endeudamiento público es una debilidad para el conjunto de la economía y un enemigo de la sociedad. Por ejemplo, la necesidad permanente de refinanciar los títulos que van venciendo hace que la economía dependa de los vaivenes de los mercados financieros (recordemos lo ocurrido en 2012, cuando vivíamos bajo la constante amenaza de un “rescate”). Además, implica desaprovechar los recursos que genera el sector privado: todo lo recaudado por el Impuesto de Sociedades y por todos los Impuestos Especiales durante un año equivale a lo que se paga de intereses de la deuda pública.

Los riesgos que acarrea este endeudamiento no son solo teóricos. Baste un ejemplo. Hoy los tipos de interés están en niveles mínimos históricos y tarde o temprano se normalizarán (subirán). Si el tipo de interés que paga España por su deuda volviera al nivel que tuvo en los cinco años anteriores a la crisis (2003-2007, cuando de media se pagó un 4,4%), la factura anual de intereses aumentaría en más de 12.000 millones de euros.

Si el tipo de interés que paga España por su deuda volviera al nivel que tuvo en los cinco años anteriores a la crisis la factura anual aumentaría en más de 12.000 millones de euros

¿Cómo se puede desactivar la “bomba de relojería” que es la deuda pública? En primer lugar, deteniendo cuanto antes su crecimiento. Es decir, eliminando lo antes posible el déficit fiscal. En segundo lugar, manteniendo las políticas que contribuyan al crecimiento de la economía, de modo que la deuda pública vaya reduciendo su peso como proporción del PIB. Si se quiere ir más deprisa, se podría poner en marcha un vasto plan de privatizaciones (Loterías, Renfe, etc.) para amortizar deuda pública con lo recaudado.

La conclusión para el ciudadano de a pie parece clara: si una elevada deuda pública es un elemento de potencial inestabilidad económica y si su incremento se explica por el déficit fiscal, lo que interesa a los ciudadanos es un Ggobierno que no gaste más de lo que ingrese. Y, por ende, son contrarias a sus intereses todas las propuestas para aumentar el gasto y el déficit públicos.

* Diego Barceló es director de Barceló & asociados (@diebarcelo)



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