Análisis

Seis detalles del debate de la caspa: insultos, mentiras y un formato anticuado

Muchos reproches, pocos acuerdos, alguna salida de tono y una escasa habilidad para transmitir ilusión con su proyecto de país. "El último debate del bipartidismo" -como lo ha definido Albert Rivera- ha dejado entrever las vergonzantes carencias de los candidatos. Mariano Rajoy, en su cuarto cara a cara, ha vuelto a mostrarse endeble en la defensa sus intereses y ha sido incapaz de tumbar a un rival que, con poca elegancia, no ha dudado en caer en la descalificación para tratar de captar voluntades entre los indecisos.

Pedro Sánchez saluda a Rajoy ante la mirada de Campo Vidal.
Pedro Sánchez saluda a Rajoy ante la mirada de Campo Vidal. EFE

Por mucho que se empeñe Manuel Campo Vidal en convencer al espectador de lo contrario, el cara a cara que han mantenido este lunes Mariano Rajoy y Pedro Sánchez ha sido de todo menos "vibrante". El último debate del bipartidismo -como lo ha definido Albert Rivera- ha sido tan denso y plano como el primero de la democracia, el que enfrentó a Felipe González y José María Aznar en 1993. Muchos reproches, pocos acuerdos, alguna salida de tono, una lluvia de datos convenientemente manipulados y una escasa habilidad para transmitir ilusión con su proyecto de país.

Así se ha desarrollado un coloquio en el que Rajoy ha vuelto a demostrar sus escasas dotes para la oratoria y en el que el impostado Sánchez ha disparado la última bala de su cargador contra su contrincante, del que ha asegurado que no es alguien decente. El socialista ha decidido morir matando. Pegar el último manotazo antes de recibir el golpe mortal de necesidad que todas las encuestas pronostican que le asestarán las urnas el próximo domingo. Eso sí, lo ha hecho a costa de sacrificar su elegancia.

Esperaban algunos analistas políticos que la cita discurriera por los mismos derroteros que el Alemania - Austria de la Copa del Mundo de 1982. Es decir, con dos equipos con un marcador pactado de antemano, a sabiendas de que la derrota de uno de ellos podría beneficiar a Podemos o Ciudadanos y, por tanto, perjudicar sus propios intereses. Pero no ha sido así, puesto que Sánchez ha decidido ensuciar el coloquio -que no hacerlo interesante, ni mucho menos enriquecedor- con interrupciones constantes a su rival y algún golpe bajo innecesario que le retratan a él y dejan al aire las vergüenzas de un PSOE que, en incuestionable decadencia, no duda en emponzoñarse para sumar apoyos entre los indecisos.

De todos los detalles que se han registrado durante el sexto cara a cara de la democracia entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición, y que han sido claves en su desarrollo, se pueden destacar los siguientes:

1.-Reflexiones sobre la decencia y la mezquindad

Pedro Sánchez porta sobre los hombros una mochila que pesa varias toneladas. Está abarrotada con las cuentas pendientes de un PSOE que dejó el país al borde de la quiebra en 2011 y al que las fuerzas emergentes, Podemos y Ciudadanos, ahora le impiden desarrollar su clásica táctica de mudar de piel en función de los aires que soplen en la sociedad, como ha acostumbrado desde que Felipe González cogió el timón de su Secretaría General. Si gira a la izquierda, se encontrará con los primeros. Si lo hace hacia la derecha, chocará con los segundos.

Por eso, en Ferraz se juega a la desesperada. De ahí que su candidato haya tenido que recurrir a la provocación en el debate de este lunes, en el que ha asegurado que su rival no es un político decente por la actuación que siguió en el 'caso Bárcenas'. Mariano Rajoy, por inexperto en estas lides, por sus pocas dotes como estratega o por sentirse particularmente agraviado, reaccionó de forma airada ante tal afirmación y calificó a su contendiente de mezquino, miserable y ruin. Un fallo clamoroso ante un Sánchez hubiera obtenido una pena mayor con un silencio de su rival que con una respuesta de ese tipo.

Como curiosidad, cabe precisar que Sánchez pronunció 19 veces la palabra corrupción en sus intervenciones, por 4 de Rajoy. En el bloque específico sobre este tema, el socialista habló aproximadamente tres minutos más.

2.-La mentira: una consecuencia de los datos manipulados

-Señor Rajoy, miente, miente y miente / -El que miente es usted / -Miente, miente y miente / -El que miente es usted (diálogo entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy). 

La mentira ha sido una de las protagonistas del debate entre los candidatos del PP y del PSOE. Eso que dice usted no es cierto. Usted falta a la verdad. Eso que cuenta es una insidia. Usted miente... La espiral de reproches vacuos en la que cayeron los partidos que representan Rajoy y Sánchez hace ya mucho tiempo, así como el uso interesado de los datos sobre economía, empleo, pensiones o ayudas sociales, han hecho que los candidatos lleguen en varias ocasiones a ese punto muerto en el que uno cuestiona la veracidad del mensaje de su oponente sin ofrecer un contraargumento. La palabra de uno frente a la del otro. Usted manipula, pero no seré yo quien se esfuerce en explicarle el porqué, opino eso.

Esta situación ha sido especialmente llamativa al hablar de la corrupción, de los derechos de la mujer, de la política tributaria del Ejecutivo y del rescate a España. Muchos números, algunos gráficos, decenas de cifras optimistas o pesimistas; y pocas nociones sobre la situación real del país.

3.-Los eslóganes de Pedro Sánchez y la carta de la dependiente

El candidato socialista ha tratado de diferenciarse de su rival mediante el uso de chascarrillos durante la primera parte del debate. Sánchez ha recurrido en varias de sus intervenciones a frases chocarreras y a gracietas propias de las redes sociales. Se ha referido a Rajoy como "el del plasma", ha lamentado que haya subido el precio de "las chuches" de los niños y ha comparado sus políticas sociales con los misterios del programa Cuarto Milenio, al considerar inexplicable que haya incrementado la deuda de España en una legislatura en la que se han pegado un fuerte mordisco al Estado del Bienestar.

Quizá en la convicción de que el nivel no era lo suficientemente bajo, mediado el debate el madrileño se ha sacado de la manga una carta que supuestamente le había enviado una mujer dependiente que durante la presente legislatura ha pasado de cobrar 381 a 31 euros al mes, en concepto de prestación. Sánchez ha expuesto el caso con gesto compungido y tono de voz apesadumbrado. Con una dosis de demagogia y buenismo que resulta impropia para alguien que aspira a presidir un país.

4.-Rajoy: funcionario durante las 24 horas del día

Frente al discurso efectista que ha puesto sobre la mesa Sánchez, se encontraba el de un Mariano Rajoy sin verbigracia al que le cuesta asumir la idea de que un debate es algo más que una mera exposición de logros políticos y datos macroeconómicos. En un cara a cara con un jefe de la oposición, a veces sale más rentable salir a explorar los puntos débiles del adversario para tratar de aprovecharlos que exponer a los espectadores una relación de leyes aprobadas o variables financieras. Máxime si quien está enfrente es el endeble líder del PSOE.

El presidente ha dejado claro que sus prioridades para la próxima legislatura serán crear empleo, apuntalar el Estado del Bienestar, luchar contra el terrorismo y asegurar la unidad de España. Pero no ha profundizado en la estrategia que seguirá para lograrlos. No ha sido capaz de transmitir seguridad e insuflar ilusión en sus potenciales votantes. Ha gastado más tiempo en detallar el lamentable estado en el que recibió el país de manos de Rodríguez Zapatero y en contestar a las provocaciones de su rival que en transmitir optimismo sobre la nación. Y, cuando lo ha hecho, ha sido al final. Curiosamente, en un bloque temático dedicado a la política exterior. Insuficiente.

5.-Todo va mal por el desempleo y la reforma laboral

Los organizadores del cara a cara prometieron elegir los temas a debatir en función de las preocupaciones expresadas por los españoles en la última encuesta del CIS. De ahí que el desempleo haya sido el primer asunto sobre la mesa. No se puede decir que se hayan sacado muchas cosas en claro en esta parte inicial del coloquio, puesto que los candidatos se han limitado a regañarse por las ineficientes e injustas políticas que han aplicado uno y otro en materia laboral, y a exponer eslóganes sobre sus proyectos para los próximos cuatro años.

Ahora bien, ha quedado claro que Rajoy recibió un país que había perdido 3,4 millones de empleos en una legislatura y que pretende crear 2 millones de aquí hasta 2019 si los españoles le vuelven a otorgar su confianza. Sánchez, por su parte, se ha comprometido a derogar la reforma laboral del Partido Popular, a crear un Estatuto de los Trabajadores, a subir el salario mínimo a 1.000 euros y a conseguir la igualdad entre hombres y mujeres en materia laboral. ¿Qué fórmulas utilizarán para crear tanto empleo o financiar la subida del salario mínimo? Todo un misterio que ni Rajoy ni Sánchez estaban dispuestos a desvelar.

6.-Manuel Campo Vidal: un debate vendido a los partidos

Como ocurrió con los cinco debates electorales que se celebraron entre el jefe del Gobierno y de la oposición en 1993, 2008 y 2011, el cara a a cara de este lunes ha sido largo, lento, poco didáctico y soporífero. La fórmula que aplica la Academia de Televisión no funciona y su responsable, Manuel Campo Vidal, parece no estar dispuesto a cambiarla. Principalmente, porque eso implicaría oponerse a varias de las exigencias que plantean los partidos políticos para su celebración. Y eso podría hacer que PP y PSOE recurrieran a TVE o a una cadena privada para que lo organizara y, por tanto, le arrebataría su momento de gloria de cada legislatura.

Este coloquio está necesitado de un formato más fresco y adaptado a los nuevos tiempos. Es fundamental que se le otorgue un criterio más periodístico, con preguntas más incisivas y un mayor número de variables para hacer la conversación más fluida. No ha sido el caso del que se ha televisado esta noche, en el que los candidatos han abusado de los reproches, los circunloquios, las interrupciones a su rival (en el caso de Sánchez) y los datos manipulados ante la mirada de un moderador que, por momentos, parecía que había abandonado el plató dada su pasividad.

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