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Gemitus Britannorum: el Brexit y su impacto en el sector asegurador

    

Vista general de la ciudad de Londres.
Vista general de la ciudad de Londres. EFE

Contaba Gildas que, abandonada la provincia romana de Britania por las tropas allí estacionadas en el 407, los últimos romano-britanos enviaron una carta a Roma, con palabras dramáticas: "… los bárbaros nos empujan hacia el mar, el mar nos empuja hacia los bárbaros; entre estos dos frentes, vamos  a morir asesinados o ahogados…". El Emperador Honorio, sin socorros que poder enviar, respondió a ese lamento desesperado, a ese gemitus britannorum, con un rescripto que, según Zósimo, concluía diciendo a los desesperados britanos que cuidaran ellos de sus propias ciudades…

Algo semejante al lamento de los britanos es lo que resuena desde el pasado 23 de junio de 2016, una fecha para la historia, en la formidable plaza que para el sector asegurador es Londres. La celebérrima City concentra un mercado centenario dedicado al aseguramiento de riesgos y cuya influencia en el mundo asegurador llega al extremo de nutrir al castellano de expresiones y giros que surgen de su práctica. Decimos que alguien es suscriptor de riesgos porque firmar al pie de una hoja (underwrite) es lo que comprometía a la persona que aseguraba riesgos en el mercado Lloyd's; decimos tomador de la póliza porque quien se llevaba esa hoja era el policyholder, y así tendríamos innumerables ejemplos. El 23 de junio de 2016 es pues una fecha amarga, una fecha de lamentos para el Seguro, pero no sólo por razones históricas y aún sentimentales, sino por la contundencia del impacto del Brexit en esa legendaria industria aseguradora británica. Veamos al respecto tres simples ejemplos:

1. Por razones culturales, lingüísticas y geopolíticas, el Reino Unido ha sido la puerta natural de entrada en el mercado de la Unión de aseguradores estadounidenses, australianos y de otras naciones angloparlantes. Con un regulador –hoy, la Prudential Regulation Authority, sucesora de la FSA- pragmático –que no sencillo-, permeable a las sensibilidades del mercado –y por qué no decirlo, acostumbrado a las puertas giratorias en ambos sentidos-, y una industria centenaria apoyada por la mayor plaza financiera europea, Londres, establecerse en la City era el paso lógico para muchas aseguradoras extracomunitarias.

Las operaciones de aseguradoras de primera magnitud en países como España, Francia, o Alemania no eran en muchos casos sino meras sucursales de matrices que tenían su supervisión y solvencia controlada en el Reino Unido. Allí dónde no llegasen con sus sucursales, por falta de interés u oportunidad, bastaba simplemente operar en la llamada libre prestación de servicios, u operaciones sin base local. De ese modo un asegurador establecido en Londres tenía acceso barato y sencillo a un mercado de más de 500 millones de personas y que según algunos criterios, podía ser considerado el primer mercado más relevante del planeta en términos de PIB.

Asistiremos durante el proceso de desconexión a movimientos defensivos de relocalización de operaciones europeas de muchas compañías hoy en las Islas que llevarán sus sedes a otras capitales 

Se pierde una parte de esas cifras con la salida del Reino Unido, pero resulta obvio que más pierden esas aseguradoras hoy en Londres si se les corta el acceso que les proporciona la arquitectura jurídica de la Unión Europea para el sector asegurador. La consecuencia es obvia: vamos a asistir, durante el proceso de desconexión que ha de negociarse entre Reino Unido y la Unión, a movimientos defensivos de relocalización de operaciones europeas de muchas compañías hoy en las Islas, que pasarán a trasladar sus sedes centrales a Frankfurt, Dublín, Munich, París o, ¿por qué no desearlo o incentivarlo?, Madrid o Barcelona.

2. En teoría –y cabe aventurar que es lo que tratará de hacer el Reino Unido-, podría pensarse, y los defensores del Brexit así lo han reiterado durante todas sus campañas, que bastará con una serie de acuerdos bilaterales para mantener, en cuanto a operaciones de seguros, las ventajas de que hoy goza el Reino Unido. La realidad no es, sin embargo, tan halagüeña. La actual normativa de Solvencia II –que regula al fin cómo han de ser las aseguradoras y reaseguradoras que operan en la Unión- limita mucho las posibilidades reales de que Bruselas, aun deseándolo, conceda un reconocimiento tan directo. Los partidarios del Brexit han repetido hasta la saciedad que bastará con negociar un acuerdo semejante al existente entre la Unión y Suiza, olvidando que los orígenes de ese tratamiento son muy anteriores a Solvencia II y responden a un momento anterior a la creación efectiva del mercado único de seguros.

No, es mucho más probable que lo más que pueda conseguir el Reino Unido es ver reconocida (y no inmediatamente) su equivalencia, es decir, que ciertos de sus estándares de solvencia y regulación son comparables a los dictados por la Unión y, por tanto, se le facilite en cierto modo su presencia en ese mercado, pero sin detrimento alguno de un hecho fundamental: tendrá que establecerse y capitalizarse una sociedad en el territorio de la Unión, lo que nos lleva a la altísima probabilidad de relocalizaciones antes mencionada

3. Los impactos colaterales que va a sufrir la industria aseguradora hoy en suelo británico son innumerables: pérdida de capacidad de influencia en la legislación y directrices emanadas de Bruselas y Frankfurt sobre seguros –y, por tanto, actividad en un mercado que cada año que pase les será más ajeno y más dispar, salvo que opten (bastante probable) con mantener su normativa interna lo más asemejada a la que disponga la Unión-, descalificación de las inversiones en suelo británico como localizaciones aptas para las inversiones que obligatoriamente han de constituir las aseguradoras de la Unión para cubrir sus responsabilidades hacia los asegurados (la cobertura de provisiones técnicas), cierre de algunos mercados europeos a las operaciones de reaseguro que hagan entidades sitas en el Reino Unido, etc.

No, no se puede saludar el Brexit desde una óptica del sector asegurador como una buena noticia. La Britania post-romana, la misma que originó las leyendas artúricas, pasó cientos de años hasta alcanzar los niveles de prosperidad de los que gozó en tiempos del Imperio; resta por ver cuánto restará de riqueza a la industria aseguradora sita en el Reino Unido el Brexit y, sobre todo, cuándo se recuperará de este triste momento.


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