Análisis

Galán se queda sin el sillón pese al apoyo de Borja Prado

   

Borja Prado, presidente de Endesa.
Borja Prado, presidente de Endesa. EFE

Ya no hay asiento al que aspirar. César Alierta, ex presidente de Telefónica, seguirá al frente del Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) casi por aclamación popular. Su salida del cenáculo de la operadora de telecomunicaciones hizo tambalear los cimientos de ese club de poderosos del Ibex y la Empresa Familiar que quiere estar en Moncloa sin estar.

Con Emilio Botín en el cielo y Alierta fuera del CEC, qué sentido tenía el lobby, qué capacidad de influencia, qué poder para colocar en escena a líderes políticos que puedan cambiar las cosas sin cambiarlas?

Más de uno de sus integrantes pensó entonces que éste era el mejor momento para disolver un lobby que ha tenido que dar dos o tres pasos atrás tras las fricciones con Moncloa, la incertidumbre política y la aparición de nuevos líderes de izquierda que no son precisamente de su cuerda.

Sin Botín, con Alierta fuera de Telefónica y el establishment político patas arriba, algunos líderes del CEC pensaron que éste era el mejor momento para disolverlo

Pero otros de los prebostes que forman este club de los 15 sí que han apostado porque el CEC siga funcionando y, si se puede, influyendo. Ahí ha estado Ignacio Sánchez Galán, el todopoderoso presidente de Iberdrola, que emergió como candidato para relevar a Alierta más por el voluntarismo del sector eléctrico que por iniciativa propia.

El caso es que Galán ha estado en las quinielas y Borja Prado, presidente de Endesa, nada sospechoso de llevarse bien con el de Salamanca, le ha apoyado desde la barrera (la eléctrica controlada por la italiana Enel no forma parte del CEC).

Según confirman fuentes al tanto de las maniobras para que el sector eléctrico tenga más peso en el lobby, Prado hizo campaña por Galán, pese a que éste último no tenía nada claro si le convenía ocupar un sillón como ése, máxime cuando pasa "más de 200 días al año fuera de España por estar volcado esencialmente en el negocio internacional de Iberdrola", afirma un buen conocedor del agresivo ejecutivo salmantino.

Hay fuentes del entorno de Galán que incluso afirman que no le ha interesado presidir el CEC. Pero su nombre, al igual que el de Pablo Isla, presidente de Inditex, y de Juan Roig, presidente de Mercadona, ha estado sobre la mesa.

Borja Prado (Endesa), que no está en el CEC ni es sospechoso de alinearse con Galán en las batallas eléctricas, ha hecho campaña por él

El presidente de Iberdrola no ha contado con el consenso de la mayoría de los integrantes del CEC y su nombre no tardó en caerse de la terna. Sí que concitaban más apoyos los otros dos candidatos, que educadamente se pusieron de perfil y evitaron lo que para algunos es un verdadero "marrón".

Especialmente si al final, tras el 26J, llega a Moncloa una coalición de Gobierno que no sea la formada por el PP y Ciudadanos. A ver qué líder empresarial se pone a tontear con un inquilino en Moncloa que se ponga manos a la obra para derogar la reforma laboral o le dé por intervenir en sectores tan poderosos como el eléctrico, el petrolero o el bancario.

Finalmente, ni Galán ni Isla ni Roig. El CEC se queda con su presidente fundador, con su valedor, con un hombre que ha sabido granjearse el respeto tanto a derecha como a izquierda. Llegue quién llegue a Moncloa tras el 26J, el empresario aragonés será el que mejor mano tendrá para volver a tender puentes.



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