Ocurrió hace unos días un episodio que no debería pasar desapercibido. El Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela (TSJV) condenó al diario El Nacional a pagar 13,3 millones de dólares a Diosdado Cabello por daño moral. Sobra decir que esta instancia judicial la controlan leales a Nicolás Maduro y que el citado periódico ejerce desde hace años, con dignidad y arrojo, una labor de oposición al voraz y maquiavélico chavismo.

En Camboya, sucedió algo similar en 2017 con The Cambodia Daily, el único rotativo que ejercía la crítica contra el Gobierno de Hun Sen, que es un jemer rojo reconvertido a demócrata cuando fue menester. Su creencia en el Estado de derecho fue tal que no dudó en tumbar, mediante la extorsión fiscal, al único diario que no le cantaba las alabanzas. Extorsión fiscal... cuánto se podría hablar de este tema.

Hubo un día en el que un portavoz de Vox habló de cerrar La Sexta por atentar contra la unidad de España. Un tiempo después, Pedro Sánchez acusó a los medios conservadores de “espolear a la sociedad” cada vez que el Partido Popular perdía unas elecciones. Y desde Podemos, directamente, llevan unos cuantos meses haciendo listas de periodistas que resultan non gratos en la democracia que tratan de imponer. El Departamento de Estado de Estados Unidos mencionó recientemente algunas de las prácticas contra la libertad de expresión de la libertad española. ¿EEUU? Bah, imperialistas...

Este lunes, le ha tocado recibir estopa a Ana Rosa Quintana, a quien Pablo Iglesias ha definido como la portavoz mediática de la extrema derecha por afirmar -dijo Iglesias- que las residencias de ancianos de la Comunidad de Madrid son competencia de la Vicepresidencia de Asuntos Sociales; y no de Isabel Díaz Ayuso. Porque, claro, está en marcha la campaña electoral más sucia de las últimas décadas y toca lanzarse los muertos de covid-19 a la cabeza.

Resulta difícil defender el periodismo de víscera y pedorreo de los programas televisivos mañaneros; y mucho más la 'labor social' de mesas de debate como la de Ana Rosa Quintana, donde hay unos cuantos que hace tiempo gritaron eso de: “mi reino por una tertulia”. Ahora bien, la campaña de la formación morada contra la presentadora y contra cualquier medio crítico es deleznable. Máxime si se tiene en cuenta que Podemos forma parte del Gobierno.

Su hipocresía y maldad es evidente: ellos acusan a la extrema derecha de llamarle “rata”, al igual que los nazis definían como “cucarachas” a los judíos. Mientras, atribuyen el adjetivo “fascista” o "ultraderechista” a todo aquel periodista que se opone a sus doctrinas. Ana Rosa ha sido clara: "Yo no tengo escolta (...) y usted me señala".

Chavismo contra Ana Rosa

La estrategia no es nueva, pues, sin ir más lejos, Hugo Chávez satanizó en su día a los ricos ante la necesidad de buscar culpables, dado el fracaso de sus políticas económicas. "Ustedes no recuerdan lo que dijo Cristo: más fácil será que un camello entre por el ojo de una aguja a que un rico entre en el reino de los cielos. Nosotros no queremos ser ricos; ser rico es malo, es inhumano, así lo digo y condenen a los ricos cada vez que les dé la gana".

Cuando todos eran pobres, la emprendió contra los empresarios y, en concreto, contra los dueños del conglomerado industrial Polar. “Tú con tus millones y yo con mi moral. Tú vas para el infierno, al cielo no vas. Invoco a la clase trabajadora venezolana a la guerra económica contra la burguesía". Al poco, nacionalizó los sectores estratégicos que le robaban la riqueza al pueblo. Lo que sucede es que nadie encontró la riqueza y la miseria se disparó.

Conocida la capacidad incendiaria del personaje y de los comisarios que le rodean, se puede esperar cualquier cosa de aquí al próximo 4 de mayo. De hecho, ya han maniobrado para rentabilizar las (asquerosas) amenazas de muerte.

Pablo Iglesias es una figura en declive y su partido lleva mucho tiempo tratando de buscar culpables para justificar sus fracasos. Por eso la emprende contra la prensa que arroja luz sobre sus carencias y se niega a maquillarlas. Y sí, hay periódicos y televisiones que mienten; y sinvergüenzas que se dedican a airear bulos. Pero la decadencia de Iglesias no se explica en la difusión de esas mentiras, sino en el hecho de que su personaje hace tiempo que dejó de ser creíble.

Conocida la capacidad incendiaria del personaje y de los comisarios que le rodean, se puede esperar cualquier cosa de aquí al próximo 4 de mayo. De hecho, ya han maniobrado para rentabilizar las (asquerosas) amenazas de muerte que han recibido él y dos ministros del Gobierno. Todo, con la inestimable ayuda de los de siempre, de periodistas como Àngels Barceló, que, como le dan la razón y participan en su estrategia para movilizar votantes, son castos, puros y no forman parte del poder mediático en la sombra.

Todavía es pronto para saber quién ganará las elecciones, pero, desde luego, la decencia hay algunos que ya la han perdido. Y habrá ciudadanos que la echen de menos.