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Miquel Giménez

Opinión

Lo de Albiol es arte

Xavier García-Albiol
Xavier García-Albiol EFE

Anna piensa votar a Xavier García Albiol. Nada de particular, si no fuera porque es hija del que fuese alcalde socialista de Badalona, Joan Blanch, de 1983 a 1999. A eso se le llama arte.

Si Albiol se dedicase al arte de Cúchares sería un torero del arte, porque que te apoye la hija del que fuera todopoderoso alcalde del PSC de la ciudad por la que te presentas es puro arabesco, pura chicuelina, pura tanda encadenada de verónicas para terminar con un 'afarolao' de esos que hace levantar a la plaza. Anna, hija de Joan Blanch, lo dice claramente en el último vídeo de campaña del candidato popular a la alcaldía de Badalona: la ciudad solo ha tenido dos grandes alcaldes, su padre y Xavier. En el mismo vídeo, un puñetazo al hígado de los socialistas de despacho y carguito que aún no han digerido que este gigantón ganase en uno de sus feudos tradicionales, aparece también María José Atienza, que fuera diputada de CIU en el Congreso - ¡chúpate esa, Puigdemont! -, Tente Sánchez, jugador y capitán del Barça once temporadas, Cristina Galobart, funcionaria y ex coordinadora del gobierno del PSC, y gente, mucha gente de la calle que viene a decir lo mismo: yo no voto al PP, yo voto a la persona, yo pienso votar a Albiol. Que es mucha la gente que tiene confianza en Albiol se demostró el domingo pasado con las más de tres mil personas que participaron en una comida con el candidato y, créanme, en Badalona no hay tanto votante popular. Albiol tiene la singularidad de saber atraer a personas de toda ideología basándose en la cercanía, el diálogo permanente con los vecinos, el trabajo a pie de calle y algo poco frecuente en política, por desgracia; trabajar para todos por igual.

Albiol tiene a Badalona metida en la sangre y servidor, que lo conoce, sabe que dedica sus desvelos veinticuatro horas sobre veinticuatro para todos sus conciudadanos, opinen lo que opinen. Un parvulario, una plaza para que la disfruten los vecinos, una calle asfaltada, una ciudad segura, esas cosas no tienen otra ideología que la del bien común.

Conozco Badalona desde hace décadas y también conocí muy bien a Joan Blanch, que en paz descanse. Personaje complejo: proveniente del trotskismo posadista, reciclado en el PSC, de facción propia, enemigo tanto del sector obiolista como del PSOE, millonario y masón, entre otras cosas. Fue, empero, un gran alcalde, nada que ver con las medianías que le sustituyeron. Tras su marcha, el socialismo fue degradándose paulatinamente en una de las plazas más sólidas del cinturón rojo hasta el momento en el que les regaló la alcaldía a las CUP, por tal que Xavier no fuese alcalde. Iceta es cainita, lo he dicho muchas veces. De ahí que el votante socialista de toda la vida se llevase las manos a la cabeza cuando vio que el ayuntamiento lo gobernaba gente sectaria y demagógica gracias al regalito del PSC.

Y es que la amplísima mayoría social que apoya a Albiol no es casual. Siempre la ha tenido, y fue precisa una alianza de perdedores para arrebatarle la vara de alcalde

Y es que la amplísima mayoría social que apoya a Albiol no es casual. Siempre la ha tenido, y fue precisa una alianza de perdedores para arrebatarle la vara de alcalde. Los señoritos sociatas del barrio del Centro, responsables de la decadencia pesecera en Badalona, jamás le perdonaron que les pasase la mano por la cara a base de honradez, trabajo, esfuerzo y empatía. Ellos promovieron la terrible campaña de desprestigio que ha sufrido Xavier: que si facha, que si xenófobo, que si racista. Pero, aún y así, ahí lo tienen. La verdad es muy tozuda, cortesanos de Iceta y la gente tiene memoria. Recuerdan aquel Albiol solo, en la plaza delante del ayuntamiento el pasado Sant Jordi, en medio de un turba de fascistas increpándole, aguantando el tipo sin que se le descompusiera el gesto ni un ápice; recuerdan a Albiol paseándose por los barrios, entrando en los bares, hablando con jubilados, con jóvenes, con emigrantes; recuerdan, en fin, que la comunidad gitana de Badalona es uno de los colectivos que más apoyan al candidato popular. Popular en el sentido de popularidad, porque lo es.

El problema de Albiol es que forma parte de un partido que no le acompaña. La vida diaria de las formaciones políticas está plagada de trampas, envidias, celos, y ya se sabe lo que pasa cuando cuenta más con quien tomas cañas que tu propia valía personal. El otro día escuchaba a Alberto Fernández –otro crack- decir en una entrevista con Farreras que a él le gustaba la campaña de Albiol –que ha despertado las iras de los santurrones del PP– y que le apoyaba totalmente. Yo me alegro, porque ambos son políticos de raza y, visto lo visto, aquí hará falta toda la gente posible si queremos retornar a la senda de la convivencia, democracia y legalidad.

No es fácil, pero las cosas se simplificarían si los mandamases de Madrid tomasen nota de la manera de proceder de Albiol, que se arrima al toro, realiza la faena por los adentros y sabe manejar igual el capote que la muleta, así como poner unas banderillas en todo lo alto asomándose al balcón cuando conviene, y ustedes perdonen los símiles taurinos. Son obligados, porque ya está bien de políticos que se contentan con ver los toros desde la barrera para, encima, criticar al diestro que se la está jugando.

Máxime cuando lo suyo es arte.

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