Quedáis advertidos, aún no se han ido y ya nos amenazan con su regreso. Vuelven los bárbaros, anuncian todos los sondeos. Vuelve el gobierno Frankenstein, vuelve Sánchez y su particular ‘familia Adams’, el extremo Iglesias, los monstruitos supremacistas, Torra, Puchi, Rufián, esos cobardones  del ‘procés’, y hasta Otegi, el ‘gordo’ de la pistola. Vuelven los dinamiteros de la Constitución con su candidato favorito al frente.

“¿Qué esperamos agrupados en el foro? / Hoy vienen los bárbaros. / ¿Por qué inactivo está el Senado / e inmóviles los legisladores no legislan? / Porque hoy llegan los bárbaros”. Ya lo advirtió Kavafis, y lo repite a coro la sagrada cohorte de los demóscopos. Una nube de negros avisos nos abruman. Es un movimiento imparable, una ola sin freno. En apenas cuatro años, el PP ya ha perdido seis millones de votos. Ni siquiera el empuje de Casado logra conjurar el maleficio. Ciudadanos se estanca, o incluso va a la baja. Hay quien le endosa un retroceso de siete puntos. Eso sí, sube Vox, que devora a su entorno. Y el PSOE, que se mantiene en la cima, destroza a Podemos y acaricia el sofá de La Moncloa repitiendo la fórmula sabida.

Todos lo anuncian, vuelven los bárbaros, los del Pacto de Pedralbes. Parece que el disparatado experimento de nueve meses de deuda y Falcon, de manoseo de las instituciones, de jaraneo feminista, de descontrol manipulado, no haya sido suficiente. Quieren más. ¿Queremos más? El truco es bien sencillo. La operación se adivina simplona, pero eficaz. Basta con sepultar los fantasmas de la rebelión catalana, apartarla de ‘la agenda’, y poner el foco en la derechona de Colón. “Dónde están, no se ven, las mujeres del PP”, coreaba Begoña a los saltitos el 8-M.

En las provincias pequeñas Abascal puede recibir votos a lo grande sin lograr ni un diputado: más de medio millón de papeletas a la basura

A dos meses de la cita, todos conocen la solución al sortilegio: que se agrupen las derechas. Dicen los sabios que pulsan los latidos del cuerpo electoral, que la izquierda repite si el bloque de enfrente sigue desmenuzado. Y hacen números: PP y Cs podrían sumar 185 escaños. Con Vox, se quedarían en 167. O menos. Lejos de la absoluta y, lo que es peor, lejos también de la agrupación de los bárbaros. Lo advierte Casado con empeño: En las provincias pequeñas, Abascal puede recibir votos a lo grande sin lograr ni un diputado. Más de medio millón de papeletas desperdiciadas. ‘A la basura’. Palabra que no se menta pero que se piensa.

¿La solución? Ir juntos pero no revueltos. En Navarra, donde imperan los bárbaros de Barcos, PP y Cs apuntan a una entente más que cordial. Ir juntos en Congreso y Senado y apoyar a UPN en la región. A escala nacional, una quimera. O Ciudadanos cede, que no, o Vox cede, que tampoco. O todos a seguir piando. Que vienen los bárbaros.

Alguna alternativa se apunta. Tampoco buena. El pulso puede resultar tan parejo, que se adivina un retorno al punto de partida. Es decir, a romper la baraja y repartir de nuevo. Otra vez a las urnas. El bloqueo. El fantasma de 2015. Patada a seguir para que los bárbaros no vuelvan, al menos de momento. “¿Por qué vacía la multitud calles y plazas, / y sombría regresa a las moradas? / Porque la noche cae y no llegan los bárbaros”. En el poema de Kavafis, la horda feroz, tan anunciada y temida, nunca acaba de llegar. No explica los motivos. También entonces, los augures fallaron. Como ocurrió aquí en las últimas generales. Todos los estudios anunciaron el sorpasso de Podemos sobre el PSOE. O como le pasó a Trump, que ni un sondeo le proclamaba vencedor de Hillary.

En la naturaleza todo es duda, dice Protágoras: “Puede discutirse por igual de cualquier cosa, e incluso de esto, de si puede discutirse de cualquier cosa”. O sea, ¿galgos o podencos? ¿Otra ración de Sánchez o el cambio liberador? Advertidos quedan: que vienen los bárbaros.