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Miquel Giménez

Opinión

Vigencia de Franco

Que nadie se asuste o empiece a rasgarse las vestiduras. Lean

Francisco Franco, en 1943
Francisco Franco, en 1943 EFE

De Franco es la cita: “Si no quiere tener problemas, haga como yo y no se meta en política”, lo que es compendio y resumen de toda una manera de entender la política. Añadan a la misma el distanciamiento frío del Generalísimo acerca de las cosas como cuando su primo Pacón le comentó algo sobre un militar conocido de ambos, republicano, y Franco se despachó con un lacónico “Ah, sí, fulanito, pero ¿a ese no lo fusilaron los nacionales?”. Ese galleguear propio del dictador fue lo que le permitió pasar de Juan March, el Inteligence Service y la bandera tricolor a Mussolini y Hitler para, a renglón seguido, estrechar la mano de Eisenhower, pasarse por el forro el bloqueo a la Cuba castrista, suministrar carbón a la URSS o acabar por diseñar una monarquía democrática parlamentaria. Largas cambiadas, se dice.

El equilibrismo de quien ostenta el poder y finge que todo se debe a circunstancias ajenas es la máxima que preside todas y cada una de las actuaciones políticas en España, porque somos herederos del franquismo y algunos políticos quizás algo más que eso. Finge el PSOE que la durísima sentencia de los ERE, que supondría en cualquier país una crisis de gobierno, es poco menos que una chiquillada cuando dice Ábalos “Eso no es un caso del PSOE, sino de responsables públicos de la Junta de Andalucía”. Claro que sí, guapi, de la misma forma en la que podemos calibrar lo dicho por Pedro Sánchez en función de si lo dijo antes o después de ser presidente, como dejó sentenciado esa lumbrera llamada Carmen Calvo.

El escapismo en política requiere, lógicamente, un cierto arte del que Ábalos y sus funcionarios que cuentan con los dedos los millones del presupuesto y siempre, siempre, se acaban llevando una, carecen. Ahí tienen a la ministra Celaá, exalumna del Colegio del Sagrado Corazón de Bilbao y que envió a sus dos hijas al Bienaventurada Virgen María –Irlandesas de Lejona, todos centros concertados, precisamos, que pretende terminar con la educación religiosa discutiendo que los padres tengan derecho a escoger a qué colegio llevan a sus hijos. Otra que imita el giro copernicano franquista, como cuando pasó de decir “los gánsteres americanos aplastan con sus pies las playas de Europa”, cuando Normandía, a “las tropas aliadas liberan la capital de Alemania”. Tracatrá, no pasa nada y, si pasa, se le saluda.

No se conoce ningún caso de dirigente público estelado que haya renunciado a cobrar los suculentos emolumentos que les paga esa España colonialista y explotadora

En Cataluña, ni hablemos. Franco, recibido en olor de multitudes, sí, de multitudes, en localidades ahora tan conspicuamente separatistas y cupaires como Barcelona, Vic o Berga, dejó su poso de estrategia política. Véase lo que hacen los dirigentes separatistas: por una parte reniegan de España, acusando a su ordenamiento jurídico de poco menos que lamebotas, injusto y servil, pero bien que acuden, código en mano, a apelar, debatir, discutir y recurrir todo lo que pueden poniendo caritas de santurrones ante los magistrados mientras, en la calle, los mismos incitan a la revuelta y sustentan todo tipo de actuaciones ilegales e insurreccionales. Eso, por no hablar de que no se conoce ningún caso de dirigente público estelado que haya renunciado a cobrar los suculentos emolumentos que les paga esa España colonialista y explotadora. Una copia exacta de la política de Franco, que negoció y obtuvo en plena Guerra Civil el primer crédito en la industria petrolífera – con el Capitán Rieber, de la Texaco norteamericana, país en teoría proclive a la República – a la vez que lograba de Alemania e Italia ventas a crédito de aviones, blindados, armas pesadas, fusiles y todo tipo de equipamiento bélico. A unos, el combustible, a otros, los vehículos.

Y todo sin meterse en política, como el separatismo que, ya lo sabrán ustedes, trabaja por Cataluña y no es ni de derechas ni de izquierdas, deviniendo así en un Glorioso Movimiento Nacional. Igual que Pedro y Pablo, que quieren urdir un gobierno progresista, que no de extrema izquierda filo comunista, asociado con amigos de Otegui, Batasunos, golpistas separatistas y corruptos todos. Todo por España.

No me extraña que tengan tanta obsesión con Don Paco. Si es que son clavaditos, al menos en lo que afecta a su concepción de lo que debe ser una democracia y a su enorme capacidad de convertir lo blanco en negro. Eso sí, recuerden ustedes este veinte de noviembre que el malo es él, que la República fue el País de las Hadas y que el sano pueblo español, con las organizaciones obreras al frente, ha terminado por ganarle la partida merced a unos pocos albañiles. Como si no hubiese muerto en la cama tras cuarenta años de gobernar España.

Tienen un cuajo…

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