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Manuel Alejandro Hidalgo

Opinión

Unión Europea versus Italia. ¿Habrá Fratricidio?

Si los países del norte de Europa siguen anteponiendo el mantenimiento de sus superávits a otras políticas, los del sur pueden terminar liquidando una unión que les perjudica

Merkel saluda al primer ministro italiano, Giuseppe Conte. Sentado, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker
Merkel saluda al primer ministro italiano, Giuseppe Conte. Sentado, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker EFE

“Tus defectos como hijo son mi fracaso como padre”. Esta frase, tan dura viniendo de un padre, es pronunciada por un anciano Marco Aurelio a su hijo, Cómodo, instantes antes de que este último lo asesinara. Evidentemente no estoy citando un evento histórico. La realidad parece que fue más aburrida. Esta frase corresponde a una escena de la película del director Ridley Scott, “Gladiator”, cinta tan efectista y entretenida como irrelevante desde el punto de vista histórico. En dicha escena, el gran Richard Harris, actor que da vida al emperador romano, explica a Joaquin Phoenix, actor que interpreta a su desquiciado hijo, que si este último no es digno de guiar el futuro del Imperio solo ha sido por culpa suya.

Marco Aurelio, además de ser de origen hispano y quizás el último de los grandes emperadores romanos, fue un filósofo que dejó su pensamiento recogido en su obra estoica “Meditaciones”. En ella, el autor explica las líneas básicas para experimentar una vida serena y tranquila. El estoicismo, escuela filosófica creada en la Grecia del siglo IV antes de Cristo, buscaba el bienestar con introspección interior. La razón y la virtud, decían los estoicos, guían al hombre para alcanzar el estado de felicidad que lo transporta a un estado de paz. No es de extrañar que, con estas convicciones, Marco Aurelio consiguiera convertirse en uno de los mejores gobernantes de los que se tiene constancia.

Es incongruente que las economías del norte mantengan elevados superávits mientras obligan al resto a controlar un déficit que, en parte, han favorecido

Cómodo representa todo lo contrario. Es la pasión, el deseo, la irracionalidad. El personaje histórico es dibujado una y otra vez como una figura contraria a la de su padre. Su carácter, inicialmente moderado, se fue agriando y trastornando hasta convertirse en un ser que disfrutaba haciendo el mal. Sus años de reinado recordaban a los de Calígula, ejemplificación de lo que puede ser un gobernante perverso. Cómodo es así la némesis de su propio padre, su contrario, su reflejo negativo. Pero lo relevante de todo ello es que el propio Marco Aurelio fija su origen en el mismo seno de quien es virtuoso.

En Europa vivimos igualmente esta profunda contradicción. Desde el inicio de la crisis, la virtuosa Alemania ha pretendido transmitir que, en lo virtuoso de su comportamiento, de su disciplina, está la belleza y la paz. Por el contrario, y frente a ella, otras naciones se ven reflejadas como lo contrario. Lo que en el sur sucede es motivado, según la virtuosa Alemania y muchos de los simpatizantes de esta ideologizada realidad, por cuestiones casi morales: el sur es irresponsable mientras el norte es virtuoso. Sin embargo, y como reconoce Marco Aurelio, los defectos del sur solo reflejan los defectos del norte.

En una unión monetaria, los países que forjan elevados superávits comerciales obligan al resto de los países a desarrollar excesivos déficits comerciales. Esta relación dicotómica entre superávits-déficits es tanto más estrecha cuanto más intensas sean las relaciones comerciales dentro de la moneda única. Las causas de esta asimetría pueden ser muy diversas: diferencias en la gobernanza de cada país, en su estructura económica, demográfica o en la capacidad que tienen sus ciudadanos de encontrar, como decía Marco Aurelio, la felicidad en el interior y no tanto en cosas externas y ajenas. Pero esta enumeración de causas no es completa, hay más posibles razones.

Diferencias de partida en la estructura económica, en la orientación del mercado, en la estructura salarial, en la regulación laboral, en el tamaño del Estado de bienestar, en la inflación, en el clima, etcétera, además de las enumeradas en el párrafo anterior, pueden desembocar en que una moneda única genere esta asimetría comercial que muestra una fuerte resistencia a ceder. Este superávit comercial de los países “virtuosos” los lleva a ser prestatarios de lo que les sobra, de sus ahorros, lo que les obliga a buscar a economías que necesiten financiar los déficits que son el reflejo de los superávits de los otros. Pero, además, y como ya he explicado en alguna otra ocasión, los déficits comerciales suelen trasladarse al ahorro nacional, y en particular, al ahorro público. Por esta cadena contable, el virtuosismo del centro provoca en parte los déficits en la periferia y su propio carácter disoluto.

El contrasentido es asumir que para que los países ‘virtuosos’ sigan siéndolo, necesitan a los deficitarios para prestarles el producto de su superávit comercial

La solución planteada hasta ahora ha sido la austeridad. Sin embargo, la solución, como hemos comprobado en varias ocasiones desde 2010, no puede ser en exclusiva el control presupuestario, pues esto puede terminar siendo un remedio que mate. Es incongruente que las economías centrales se fuercen en mantener un elevado superávit mientras, por otro lado, obligan al resto a controlar un déficit que, en parte, las primeras han participado en su creación.

Si seguimos sin entender esto, las consecuencias no harán más que agravarse, sobre todo teniendo en cuenta que en menos de un año la QE del BCE habrá dejado de ayudar. La crisis de la deuda se saldó con enormes costes económicos, pero más importantes fueron los sociales. El asimétrico coste económico que hubo de ser soportado por los diferentes países del euro elevó, en los que tuvieron que asumirlo en su mayor parte, un claro descontento que se ha traducido en un euroescepticismo preocupante. No cabe duda, a día de hoy, que si en Italia gobiernan partidos euroescépticos que lanzan órdagos como los de la semana pasada es en parte consecuencia del rechazo que supone soportar asimétricamente unos importantes costes de diseño.

Ya se ha explicado por activa y por pasiva, la solución al déficit del sur no pasa solo por ajustar sus cuentas, sino por reducir las diferencias en las posiciones comerciales de los países, y que no solo responden del saber hacer, sino por el sostenimiento de desequilibrios que ya existían el día que decidimos fijar nuestras monedas a una sola. Junto con las peticiones de reducción de déficit, no estaría mal que en el norte se plantearan no mantener y sostener excesivos superávits.

Es imperativo que se haga esto, si no, y como vemos una y otra vez en los últimos años, los europeos del sur, con su fuerte carácter y su apasionada forma de ver las cosas, pueden terminar asesinando, a través de la cada vez mayor puesta en duda de la viabilidad del euro, una unión que los perjudica. Alemania debe entender que si el sur tiene ciertos defectos, en parte es por reflejo de los suyos como economía “virtuosa”.



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