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Miquel Giménez

Opinión

Tratar con el diablo

Arnaldo Otegui
Arnaldo Otegui EFE

No es la primera vez que Arnaldo Otegui y Carles Puigdemont se ven. El denominado “hombre de paz” por el separatismo catalán da todo su apoyo a la independencia catalana. ¿Qué quiere decir eso?

“Euskadi y Cataluña, dos pueblos, un solo objetivo: la independencia”. Eso colgó en Tuiter el etarra Otegui junto a una fotografía suya y del fugado de Waterloo. Otegui se reunió con el ex President porque tiene en la cabeza desde hace tiempo una idea: asociarse en una misma plataforma separatistas catalanes, vascos y gallegos de cara a las elecciones europeas.

El vasco y el catalán se admiran, se aprecian, se entienden. No solo es Puigdemont quien tiene en alta estima a Otegui. Entre las bases separatistas se dan de guantazos para hacerse fotos con él. Matrimonios con niños pequeños, abuelos con cara de malas pulgas, jóvenes hiper ventilados, todos babean al lado del hombre que se niega a abjurar de la criminal ETA, que sonríe ante el carnicero de Mondragón, el sospechoso de participar en los secuestros de Javier Rupérez y de Gabriel Cisneros, de la UCD, el condenado por el secuestro del director de la factoría Michelin en Vitoria, Luis Abaitua, el nuevamente condenado por enaltecimiento del terrorismo en los funerales de Olaia Castresana, o por lo mismo en el homenaje al etarra Argala, o por Marlaska cuando era juez por el asunto de la financiación de las Herrikotabernas, o por el intento de reconstrucción de la extinta Batasuna. Es ese Otegui, el siniestro personaje que encarna lo peor de una ETA que creímos vencida y que asoma de nuevo su peor cara en los incidentes de Alsasua. Ahora no matan, ahora te perdonan la vida y te impiden ejercer tu libertad de expresión. Todos los que no piensan como ellos son, automáticamente, unos fascistas. De momento, eso sí, ya no te pegan un tiro en la nuca, lo que es de agradecer.

En ese espejo se mira, orondo y feliz, Puigdemont y sus gentes, incluso los de Esquerra como Tardà o Rufián, que también se hacen fotos con él, o Lluís Llach, el flamante encargado de esa constitución que no se llama así porque no quieren que la justicia tome cartas en el asunto.

No hay duda con respecto al estado de derecho en el que vivimos, con todas las imperfecciones mejorables que se quiera, porque lo de las hipotecas o lo de la Manada clama al cielo, por no ir más lejos, pero es indiscutible que aquí no se juzga a nadie por sus ideas y sí por sus delitos"

El Otegui al que entrevistan en Cataluña Radio entre jadeos de admiración casi orgásmica, el Otegui que es recibido en el Parlament catalán casi con honores de jefe de estado, el mismo Otegui del que ahora se aprovechan los separatistas con motivo de la sentencia que el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos ha dictado acerca de que el juicio contra Otegui en España no fue justo. Se piensa que esto puede beneficiar las causas de los presos separatistas, en especial la de Puigdemont, basándose en el argumento de que aquí vivimos bajo el yugo de un estado opresor, en que la justicia es inexistente porque no hay separación de poderes, en fin, en ese armazón de embustes de los que se nutre a diario la masa separatista, aborregada por los medios al servicio del régimen. “Miren, miren lo que dicen e Europa”, vocean hasta quedarse afónicos en TV3, en Cataluña Radio, en RAC1.

Alguien entre los carísimos letrados del fugado – por cierto, algunos vinculados con el terrorismo etarra - debería decirles a estas gentes que el TEDDH no forma parte de ninguna institución de la UE y que entre el 2013 y el 2017 ha emitido treinta sentencias condenatorias contra España, sí, pero en el mismo periodo lo ha hecho también contra el Reino Unido, 31, contra Austria, 40, contra Bélgica, mira tú, 45, contra Francia, 82, o contra Italia, 132, y eso por no seguir. Gracias, Alexandra López-Liz Corbella por divulgar estas informaciones que tanto esclarecen las cosas, dejando a cada quien en su justo lugar.

No hay duda con respecto al estado de derecho en el que vivimos, con todas las imperfecciones mejorables que se quiera, porque lo de las hipotecas o lo de la Manada clama al cielo, por no ir más lejos, pero es indiscutible que aquí no se juzga a nadie por sus ideas y sí por sus delitos. También es cierto que no todos acaban pasando por el juzgado, porque mientras Rato, Urdangarin o Bárcenas han ingresado en prisión, los Pujol van tan campantes por la calle sin que nadie les tosa.

Relacionarse con Otegui es hacerlo con un diablo que tiene las manos manchadas de sangre, que se escuda en viles mentiras para justificar la matanza de Hipercor, que tiene en su haber tres mil atentados, más de ochocientos asesinados y siete mil víctimas"

Pero, a lo que vamos, relacionarse con Otegui es hacerlo con un diablo que tiene las manos manchadas de sangre, que se escuda en viles mentiras para justificar la matanza de Hipercor, que tiene en su haber tres mil atentados, más de ochocientos asesinados y siete mil víctimas: militares, miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, profesores, catedráticos, empresarios, políticos, mujeres, niños, gente de a pie. Porque su objetivo éramos todos, que nadie lo dude.

Ese es el amiguete de Puigdemont y su gente, el representante de lo que más dolor y luto ha causado en España desde aquel 1968 en que saltó a la palestra con su criminal propósito. Ese es en quien ahora se apoyan para justificar lo que no tiene justificación. Y yo me pregunto, al ver todo esto, ¿qué deben pensar personas de la ex Convergencia que, me consta, están totalmente en contra del terrorismo? ¿Qué pasa por la cabeza de aquel gran Conseller de Interior que fue Xavier Pomés, persona cabal e íntegra a más no poder, al que le tocó lidiar con el malhadado comando Barcelona que segó tantas vidas? ¿Qué pensará Xavier Trías, uno de los políticos más humanos y más empáticos con el dolor ajeno que he tenido el privilegio de conocer? Voy más lejos, ¿qué debe pensar JoaquimForn, ex Conseller también de Interior, ahora en prisión? Sería de gran provecho que alguno, y muchos más que mi pluma omite, alzase la voz y dijera “Por aquí, no. Por aquí, nunca”. Todos ellos tienen una gravísima responsabilidad y no pueden desoírla ni un minuto más. Se puede ser lo que se quiera, se puede, incluso, estar en contra de España, pero se pierde toda legitimidad cuando ese viaje lo haces en compañía de los que han sembrado el terror y la muerte durante tantos y tantos años.

Si reflexionan, comprenderán que tengo razón, como la tenemos todos los que, y los incluyo a ellos, abominamos del asesinato como método para defender lo que sea. Empleando una metáfora conocida, es hora de arrojar a la papelera de la historia a quienes, con tal de salvaguardar su silla, no dudan en juntarse con el diablo. No le regalen el menor ápice de respetabilidad, porque, como dijo Elisabeth Barret Browning, al verse respetable, el demonio se torna más diabólico.

Miquel Giménez



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