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Miquel Giménez

Opinión

Para TV3 lo de ETA fue solamente un conflicto armado

Imagen de la cadena de televisión pública catalana, TV3
Imagen de la cadena de televisión pública catalana, TV3 Europa Press

Desde siempre ha existido una corriente de simpatía, más o menos disimulada, entre ciertos sectores del nacionalismo catalán y los etarras. No es casual que, cuando Herri Batasuna presentó a TxemaMontero como candidato a las europeas de 1987, éste obtuviese en tierras catalanas 53.352 votos. No se extrañen, por lo tanto, si en TV3 se los trata tan bien. Viene de lejos.

“No me arrepiento de nada”

El sábado pasado, el programa Preguntes Freqüents de TV3 llegó a los niveles más bajos a los que se puede llegar. Entrevistaban al etarra Josean Fernández, condenado a veintidós años de cárcel por el asesinato del industrial vinatero Rafael Vega Gil. Triste manera de ganarse el pan la que tiene su presentadora, Laura Rosel. Ante las declaraciones claramente apologéticas de la banda terrorista, ella calló cobardemente. Fernández dijo, entre otras monstruosidades, que no se arrepentía de nada y que no se le podía obligar a pedir perdón por lo que hizo. Desgranó frases tales como que ETA se dedicó a la lucha por la liberación de Euskadi, que no fue nunca una organización creada para matar personas, porque en sus inicios sus finalidades eran meramente culturales, y que cuando se encontró cara a cara con una víctima de Hipercor, Rosa María Cabré, le dijo que lo sentía, pero ni se le pasó por la cabeza pedirle perdón.

Ni una sola repregunta, nada que pudiera poner en un brete al terrorista. La presentadora se ceñía al papel que parecen tener en la televisión autonómica cuando de asesinos convictos se trata. Recordaba mucho a Xavier Grasset que presentó al dirigente de TerraLliure Carles Sastre, asesino del industrial catalán José María Bultó, como “gran reserva del independentismo”. Era el año 2015 y Grasset sigue ahí, con programa diario, pontificando acerca de las bondades del separatismo en la cadena pública que financiamos entre todos.

Que para TV3 el fin de ETA se haya difundido sin casi hablar de las víctimas o del triunfo de las fuerzas de seguridad del estado es algo totalmente esperable. Cataluña es ese trozo de España en el que a Arnaldo Otegui se le considera como “un hombre de paz”, y los dirigentes separatistas se hacen fotografías a su lado, sonrientes y ufanos. El mismo lugar en el que la principal propagandista del separatismo, Pilar Rahola, tilda de “mala gente” al ex ministro Mayor Oreja a raíz de unas declaraciones en las que este afirmaba que en Cataluña es donde el proyecto de ruptura de ETA había cuajado más.

Jugando con el diablo

Ese coqueteo con el terror, ese apoyo a los chicos atolondrados, en expresión de Xabier Arzalluz refiriéndose a los asesinos etarras, es lo que le otorga un carácter mucho más siniestro al proceso separatista. Las sonrisitas, los asentimientos cómplices, el “ya nos gustaría a los catalanes tener los huevos que tienen los vascos” que hemos escuchado en labios de no pocos nacionalistas a lo largo de estas décadas – ojito, y de miembros del PSC también – nos ha llevado hasta hoy. Es la rabia que experimentamos aquellos que, sin duda ni fisura alguna, hemos considerado siempre que matar es de criminales y que no existe idea que justifique el asesinato de nadie. Rahola debería recordar que, en 1955, cuando era diputada por Esquerra a Cortes, Jon Idígoras fue allí a pedir que cesara la dispersión de presos etarras, tras once meses de ausencia en el hemiciclo. Todos los partidos le respondieron que pidiera a ETA que dejase de matar y se dejase de historias. El dirigente batasuno tuvo la arrogancia de decir ante la representación de la nación lo que le mandaba la banda terrorista ¡a solo un mes y medio del vil asesinato de Gregorio Ordóñez a manos de aquellos a los que el representaba y defendía! Todos votaron en contra de su proposición de ley, claro. ¿Todos? 294 en contra y tres abstenciones: dos diputados del PNV y Rahola. Se abstuvo cuando se asesinaba a gente como Gregorio. Todo muy democrático, sonriente, feliz, pacífico.

Tanto hablar de la violencia del estado y, cuando ellos han tenido el control del mismo, el ejército del crimen se ha enseñoreado de las instituciones, buscando la eliminación física no solo del adversario"

Si eso sucedía en aquellos durísimos años, ¿qué podemos esperar a día de hoy? Evidentemente, lo que vemos: medios complacientes con el terrorismo que procuran blanquear su imagen homicida y cruel como sea. Sería gracioso escucharlos compararse a Gandhi, Luther King o Mandela si no fuese porque se muestran siempre tan próximos a personajes que distan mucho del pacifismo y la tolerancia. Critican la violencia estatal, la policía, la brutalidad, pero apoyan a gentes sin alma que han tenido a toda una sociedad, la primera de todas, la vasca, aterrorizada por el tiro en la nuca, el secuestro, la extorsión y el pánico.

¿Qué puede llevar a esa connivencia entre separatistas y criminales?, se preguntarán las personas normales. Es difícil decirlo, porque no existe una sola razón. Que en el pasado Esquerra y lo peor del anarquismo se unieron, con la consiguiente oleada de asesinatos, torturas, robos y demás crímenes, es históricamente demostrable. Pero nunca verán que en mi Barcelona natal se haya organizado una ruta histórico-pedagógica por los lugares en los que las checas de estas gentes estuvieron situadas, ni nadie les explicará entre la pléyade de pseudo historiadores separatistas lo que supuso aquella oleada de terror sobre Barcelona.

Tanto hablar de la violencia del estado y, cuando ellos han tenido el control del mismo, el ejército del crimen se ha enseñoreado de las instituciones, buscando la eliminación física no solo del adversario, si no de aquel con quien se tenía alguna cuenta pendiente. Que ahora los asesinos etarras acaben pasando por gente de diálogo, de paz, o que se equipare a las víctimas del terrorismo con los etarras caídos bajo el fuego de la policía, que sea lo mismo Josu Ternera que un asesinado, nos dice hasta qué punto la abyección y la ruina moral reinan en Cataluña. Ya lo ven, al final, solo fue un conflicto armado. Y hay que dialogar.

Cierren TV3 de una vez, por favor. 



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