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Juan Laborda

Opinión

Subida del salario mínimo, condición necesaria pero no suficiente

Una subida tan relevante del Salario Mínimo Interprofesional, en un contexto de parálisis de la productividad, puede tener como consecuencia un muy bajo incremento de los salarios reales o incluso su estancamiento

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. EFE/ Zipi

El acuerdo alcanzado entre el Gobierno de Pedro Sánchez y Unidos Podemos supone un cambio de rumbo en la política económica española. Frente a las políticas de devaluación salarial implementadas por el anterior ejecutivo, aderezada con regalos constantes a los distintos oligopolios patrios,  y un abandono irresponsable de la inversión en I+D, las medidas acordadas pretenden en última instancia una mejora del nivel de renta de las familias españolas. Sin embargo para que estas políticas tengan los efectos deseados sobre la economía española es necesario un cambio todavía más radical de la política económica española tendente a modificar en el medio y largo plazo el modelo productivo patrio para que sea compatible con unos salarios más dignos.

El crecimiento económico que experimenta España desde 2014 tiene su origen en una expansión fiscal y monetaria. Por un lado, una relajación del ajuste presupuestario. Por otro, una política monetaria ultra-expansiva por parte del BCE que permite financiar con facilidad la deuda soberana patria, utilizando el balance del Banco de España. Ambas están profundamente interrelacionadas. Por lo tanto, la recuperación económica española no tiene nada que ver con políticas de oferta, absolutamente irrelevantes.

La reforma laboral implementada por el gobierno de Rajoy solo sirvió para modificar el reparto de la tarta en favor del factor capital, sin que ello se haya traducido ni tan siquiera en una mejora de la productividad patria. La devaluación interna fue utilizada por el agregado de las empresas no para mejorar su teórica competitividad-precio, sino para incrementar su margen de beneficio unitario (lo que los postkeynesianos definimos como mark-up), tal y como ha visto obligados a reconocer numerosas instituciones nada sospechosas como el propio Banco de España o la Fundación de Estudios del BBVA.

Casado y Rivera, tal para cual, cual para tal

Bajo estas premisas, la propuesta de subida del salario mínimo hasta los 900 euros simplemente revierte parte de esta dinámica. Existe margen para que el incremento de los costes laborales unitarios pueda absorberse parcialmente por un mark-up sobredimensionado. Pero además esta reducción del mark-up no tiene que desincentivar la inversión empresarial, tal y como sí se suele entender desde la perspectiva neoclásica. Todo lo contrario. Por eso no se entienden los temores infundados de los señores Casado y Rivera. O no son conscientes de lo que ha pasado en los últimos años con el reparto de la tarta de la renta y riqueza nacional, o simplemente representan a ciertos intereses espurios.

El modelo productivo patrio ya no da más de sí. Y no basta con el dinamismo demostrado de nuestro sector exterior

La aplicación de una subida tan relevante del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) en un contexto de parálisis de la productividad puede tener como consecuencia un muy bajo incremento de los salarios reales o incluso su estancamiento. Y es lo que se tiene que evitar. Tal como señala Luis Gómez, miembro de la Red MMT España: “Para que el aumento del SMI sea verdaderamente efectivo en términos de mejora de las condiciones laborales reales, incremento de la capacidad de consumo, mejora de las condiciones de vida y crecimiento macroeconómico, han de actuar de manera conjunta toda una serie de variables. Por un lado, que el impacto sobre los costes laborales unitarios totales de la subida del SMI sea lo más amplio posible, lo cual está íntimamente relacionado con el número de trabajadores afectados. Por otro lado, la intensidad de la elasticidad entre margen unitario y costes laborales unitarios, de manera que sean unos mark-up sobredimensionados quienes asuman este incremento. Y, finalmente, no debemos obviar las enormes dificultades para incrementar a corto plazo la productividad, pues incluso los posibles efectos positivos del salario mínimo al respecto son a largo plazo”.

Cambio de modelo productivo

El modelo productivo patrio ya no da más de sí. El dinamismo de nuestro sector exterior, gracias a la sorprendente pericia de pequeñas y medianas empresas patrias, es insuficiente. La tasa de paro sigue siendo descomunal, nuestro mercado laboral frágil y precario, y los salarios menguantes. Sumemos a ello las limitaciones derivadas de esa superestructura que surge de la interacción política y económica -Ibex 35-, y que da origen y soporte a la búsqueda de rentas o apropiación de la riqueza por parte de ciertos grupos (buscadores de rentas), a través de mecanismos no competitivos. Es de esta manera como se ha ido modelando a lo largo del tiempo el modelo productivo hispano: predominio de rentistas y una serie de oligopolios que no han hecho prácticamente nada por cambiar el marco productivo de nuestro país. El impacto en nuestra Hacienda de esta superestructura del poder es  brutal. Además de ser un sistema tributario socialmente injusto, es ineficiente. Los ingresos fiscales patrios son muy volátiles en función del ciclo económico y lo sustentan  trabajadores, y pequeños y medianos productores, que ya no admiten ninguna subida adicional de impuestos.

Bajo estas premisas, sin disponer de soberanía monetaria, es urgente rediseñar un sistema impositivo que bajo el principio de equidad redistribuya la riqueza de los más acaudalados a los más pobres sin castigar la actividad productiva, en definitiva, la creación de riqueza. Pero además es necesaria y urgente una política industrial activa centrada en todo aquello que España puede y sabe hacer bien. Para empezar un nuevo modelo energético. Pero de ello Casado y Rivera ni mu.

La tasa de paro sigue siendo descomunal, nuestro mercado laboral frágil y precario, y los salarios menguantes

Permítanme finalmente mencionarles a Casado y Rivera parte del discurso de Franklin Delano Roosevelt en la promulgación de la Ley Nacional de Recuperación Industrial de 1933. Dijo textualmente respecto a dicha ley: “Su objetivo es asegurar un beneficio razonable para la industria y salarios dignos para el trabajo con la eliminación de los métodos y prácticas piratas que no solo han acosado los negocios honestos sino que también han contribuido a los males del trabajo…”. 

Por eso deberíamos recordarles a todos aquellos -políticos, columnistas y economistas, que braman contra unas medidas que, sin ser suficientes, al menos son necesarias, uno de los pasajes de Delano Roosevelt en la presentación  de dicha ley: “En mi discurso inaugural presenté la simple proposición de que nadie va a morir de hambre en este país. Me parece igualmente claro que ningún negocio que dependa de la existencia de pagar menos que el salario vital a sus trabajadores tiene derecho a continuar en este país. Por negocio me refiero a todo el comercio, así como a toda la industria; por trabajadores me refiero a todos los trabajadores, los de cuello blanco, así como aquellos con mono de trabajo; y por salarios dignos quiero decir más que un simple nivel de subsistencia, me refiero a los salarios de una vida digna”. Y mientras tanto que analicen, si tienen un poco de dignidad, el aumento del mark-up que implicó la reforma laboral del PP sin que ello se tradujera en un aumento de la productividad y de las condiciones de vida de los trabajadores. Pero claro, de todo ello Casado y Rivera, Rivera y Casado, tal para cual, cual para tal, ni mu.



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