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Juan Laborda

Opinión

Sánchez en su laberinto de resistencia: el efecto Cameron y el problema de la banca

El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez EFE

Por enésima vez lo han vuelto a hacer. Han desnaturalizado el resultado electoral del 28 de abril. Son los mismos que no tienen empacho en poner en peligro la propia supervivencia del Estado –véase caso BBVA-; o la mismísima vida de sus conciudadanos -la Gran Recesión supuso en nuestra querida España un ajuste de cuentas contra los más débiles-. En el ínterin, nos distraen con juegos patrióticos, guerras de banderas, cuyo final siempre nos adentra en las etapas más oscuras de nuestra historia. Como me dice un lector de este blog, “desiste Juan, nuestro país no tiene remedio”. Pero permítanme ser ingenuo. Nuestros conciudadanos en los momentos clave siempre responden. Tratan de buscar una vida digna para los suyos. Otra cosa es la manera abrupta con la que nuestras élites terminan con esos sueños. Nuestra historia está plagada de conspiraciones contra el sentir mayoritario de nuestra conciudadanía, donde casi siempre suelen llevarse el gato al agua los pérfidos, disfrazados de patriotas de hojalata.

Digámoslo sin tapujos. Lo han conseguido. Han torpedeado un posible gobierno de coalición entre PSOE y Podemos. Con alevosía, bajo una oscura tiniebla, tenuemente iluminada por la luz de las velas donde se esconden, las élites, por enésima vez, han negociado a nuestras espaldas temas fundamentales para el devenir de la ciudadanía. Para ello contaron con la colaboración indispensable de Pedro Sánchez, que aparentaba encarnar una nueva visión dentro de una socialdemocracia europea cada día más irrelevante, carcomida por su cesión sin tapujos al neoliberalismo. Pero las ideas que transmite hasta ahora están vacías de contenido. Un ejemplo, su New Deal Verde, un brindis al sol. Creo que aún no ha comprendido el significado histórico que en política económica suponen los términos New Deal.

En este entorno, la superclase no ha dudado en introducir un caballo de Troya en Moncloa. Nos referimos a una nueva tecnocracia, la demoscópica. Estos brujos de nuevo cuño, instalados en Moncloa, han ido nublando la vista al presidente en funciones, poniendo en peligro la esperanza de millones de votantes. Simplemente le recordaría a Sánchez el “efecto Cameron”. Tras ganar el referéndum escoces, guiado por su manual de resistencia, el primer ministro británico, David Cameron, apostó a todo o nada al referéndum del brexit. Pero sucedió lo inexplicable, perdió.

Una conjetura: los problemas de la banca

¿Quiénes podrían estar más interesados en el fracaso de un posible gobierno de coalición PSOE-Podemos? Ya que no podemos pillar a los responsables con las manos en la masa, o como dicen los anglosajones, en una expresión muy acertada, ya que es imposible detectar “the somoking gun”, permítanme hacer una conjetura. Les propongo algo muy sencillo. Vayan a sus ordenadores o móviles y echen una ojeada a la cotización de las acciones de las principales entidades bancarias de nuestro país. Algunas están en mínimos histórico, otras a punto de o ya rompiendo los mínimos de la Gran Recesión. ¿Cómo es posible, tras toda la pasta puesta encima de la mesa? Muy sencillo, el rescate de nuestro sistema bancario durante la Gran Recesión fue un desastre, un ejemplo de libro de cómo se las gastan las élites por estos lares y lo que ellas entienden por dinero público. No se hizo aquello que era económicamente eficiente.

La banca insolvente se rescató tarde y mal, y en su inmensa mayoría a costa de contribuyentes y de sus clientes -empresas a las que se les cerró el crédito-, para regalarlas después a la competencia

La banca insolvente se rescató tarde y mal, y en su inmensa mayoría a costa de contribuyentes y de sus clientes -empresas a las que se les cerró el crédito-, para regalarlas después a la competencia. Y en eso tiene mucha culpa el regulador que no hizo lo que debería haber hecho, nacionalizar lo insolvente. Pero además hay un aspecto adicional muy sutil y peligroso, que apenas se comenta, y donde el regulador ha sido parte del problema, espoleado por la propia patronal bancaria: la búsqueda de “campeones nacionales”, con el consiguiente subsidio a la banca sistémica. La expectativa de que obtendrán respaldo estatal reduce los incentivos de los acreedores para controlar el comportamiento de los grandes bancos, alentando así un apalancamiento y una toma de riesgos excesivos. Vean los trabajos y últimos datos de Anat Admatti sobre la banca global, y entenderán lo peliagudo de la situación actual.

Por eso, nos debemos preguntar, en la siguiente crisis que se avecina, cuando ciertas entidades bancarias tengan problemas, ¿cómo se recapitalizarán? Vayamos por partes, Si acudimos a los cálculos realizados y actualizados continuamente por Centre for Risk Management HEC,ubicado en Laussane, si bien en términos de déficit de capital si vinieran mal dadas la banca española no es la más afectada en magnitud, lo cierto es que para los bancos españoles analizados se aproxima a los peores registros en plena Gran Recesión, cerca de los 80.000 millones de euros. ¿Cómo creen ustedes que querrán recapitalizarse? ¿A costa de sus acreedores? ¿O a costa de los contribuyentes? Aunque la normativa comunitaria sobre reestructuración y resolución bancarias apuesta por un rescate a costa de accionistas y acreedores del banco (bail in o recapitalización interna) la presión de ciertos países, entre ellos el nuestro, dejó la puerta abierta a financiarlos externamente con un fondo de reestructuración, vamos a costa de contribuyentes. Ante ese dilema, sin duda prefieren gobiernos dóciles, lo que ellos eufemísticamente denominan con sentido de Estado, obviamente el suyo. ¡Y miren que no hemos hablado de Bankia como posible embrión de una potente banca pública con dos ejes de actuación! Lo haremos, no se preocupen. Pero mientras tanto ahí va mi apuesta. Esas élites pueden haber decidido fusionarlo con BBVA, banco que después de lo conocido estos últimos meses debería estar como mínimo intervenido.

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