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Andrea Mármol

Opinión

1-O: Sánchez y la desmemoria

¿Es que nadie echa en falta un Gobierno de España que tenga la determinación de replicar al nacionalismo en su relato uniforme de los hechos del pasado otoño?

Torra revive el referéndum ilegal y visita la escuela donde votó en 1-O: "Un día de victoria"
Torra revive el referéndum ilegal y visita la escuela donde votó en 1-O: "Un día de victoria" EFE

Ha pasado un año de la votación ilegal y fraudulenta que el separatismo llevó a cabo contra la mayoría de catalanes para intentar acabar con la democracia española en una de las jornadas que más fractura, malestar y tensión ha generado en la sociedad catalana. Cabe ser precisos en la definición de la jornada ahora que, con el calendario marcando de nuevo ‘1-O’, al Gobierno de España le ha entrado la urgencia de resignificar el día y bautizarlo como “fecha para la concordia y la convivencia”, en palabras del ministro de Fomento. Un año, que de por sí no es ni mucho tiempo ni poco, le ha bastado a Ábalos para fulminar de un plumazo la memoria de millones de ciudadanos de Cataluña que, ni siquiera aunque pasen 40 años, serán capaces de extraer conclusiones positivas de un día como el primero de octubre.

Tildar unos hechos que enfrentaron a familias y amistades de jornadas de convivencia resulta exagerado incluso para los dirigentes nacionalistas. Ayer, la afirmación la hizo un miembro del Gobierno de España. Y todavía hay quien se pregunta si estamos mejor o peor que hace un año en relación con la situación catalana. En realidad, la pregunta es absurda: difícilmente pudo vivirse ayer una jornada tan triste como la de hace un año, pero no es esa simetría exacta la que hay que establecer para responder, sino plantearse si estamos más lejos o más cerca de que un episodio así pueda volver a repetirse. Y en ese sentido es especialmente revelador conocer qué entiende que pasó en Cataluña hace un año el actual Gobierno de España, ahora que sabemos que Batet, Borrell, Celáa o Calvo forman todos un disciplinado bloque de granito a las órdenes del presidente Sánchez, por si alguien lo dudó alguna vez.

El secesionismo se ha permitido el lujo de reivindicar una jornada en nombre de todos los catalanes mientras el Gobierno de España casi le reía las gracias

Bien. Quizás crean que el 1-O fue un intento de derribar la democracia europea que hoy gestionan a costa de los derechos de siete millones y medio de españoles, a quienes, además, el separatismo quiere mantener enfrentados irresponsablemente por cuestiones identitarias. Si es así, deberían dejar de relativizar las amenazas de Torra como vienen haciendo. Es más: ¿nadie echa en falta un Gobierno de España que tenga la determinación de replicar al nacionalismo en su relato uniforme de los hechos del pasado otoño? El PSOE no lo hace porque, como ya han manifestado en alguna ocasión, entienden que en España los referéndums no se los cuelan al Estado, sino al gobierno de turno. Por otro lado, si lo que creen es que fue una suerte de movilización contestataria que debería encauzarse políticamente, sin responsabilidades judiciales para los encausados, están en su derecho de llevar la contraria a la Justicia española, pero deberían presentarse a unas elecciones si quieren seguir difundiendo ese planteamiento desde los altavoces de Moncloa.

Aún cabe la posibilidad de un tercer escenario más desalentador. Y es que inclinándose Sánchez por creer lo primero, esté en lo segundo por los pactos que adquirió con el nacionalismo catalán, incluso hasta el punto de haber asumido -decía ayer Ábalos que “todo transcurre de modo asumible”- que sus propios votantes en Cataluña pueden ser moneda de cambio y con ellos, su relato del 1-O, que Sánchez -también Rajoy lo permitió- ha decidido que le pertenezca en exclusiva al separatismo. Por se han permitido el lujo de reivindicar una jornada en nombre de todos los catalanes mientras el Gobierno de España casi le reía las gracias. Es un error: si hay que recordar aquella jornada debería ser para que el nacionalismo asumiera las consecuencias de su absoluta irresponsabilidad, y si hay que rebautizarla, que sea para describirla como el intento de culminar un golpe institucional, no para relegarla a anécdota del pasado cuando las consecuencias nefastas de aquel día son aún demasiado recientes.

Si hay que rebautizar la fecha del 1-O que sea para describirla como el intento de culminar un golpe institucional, no para relegarla a anécdota del pasado

No es el escenario más deseado por nadie, pero las heridas siguen abiertas y el camino de precipitarse ignorando la profundidad de las mismas no sanará nada. Es más, el Gobierno no debería dejarse engañar por el nacionalismo: si a Torra le interesa un Ejecutivo que esté en la “desinflamación” no es porque él vaya a practicarla dentro de Cataluña, sino porque sabe que, después de un 1-O que provocó la reacción más indignada que nunca de la otra media Cataluña, no habría peor escollo para el separatismo que un Gobierno de España decidido a darle la batalla y a cerrar de verdad las heridas. El parche que urden Sánchez y Torra no va a satisfacer a nadie más que a ellos y, por el camino, seguiremos perdiendo ocasiones como la de ayer para poner los puntos sobre las íes en la aproximación a cualquier solución.



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